martes, 11 de diciembre de 2018

El problema del indio

La grave cuestión del malón, sus incendios de poblaciones, matanzas de sus habitantes indefensos, robo de ganados, cautiverio de mujeres llevadas a servir de toda forma a sus captores, se sufría desde la temprana etapa de la dominación hispánica.

Rosas logró, en su primera campaña al desierto, escarmentar a algunas parcialidades de aborígenes renuentes a transacción alguna, y pactar con otras.  En 1834, llegado desde Chile, el araucano Calfucurá sometió bárbaramente a los borogas y se transformó en una especie de emperador de la pampa, recibiendo la adhesión y la subordinación de ranqueles y picunches.  Rosas pactó con Calfucurá en 1836, Paz del Pino: a cambio de determinadas prestaciones, como animales, bebidas, ropas, yerba, azúcar, tabaco, logró mantenerlo en paz y hacerlo colaborar mediante la denuncia del propósito de malonear de algunas tribus hostiles.


Luego de Caseros, con la anarquía que subsiguió, volvieron los malones.  Ya en abril de 1852, Calfucurá invadió con 5.000 hombres las estancias del sur de Buenos Aires y hasta llegó a sitiar a Bahía Blanca.  De allí en más, además de Buenos Aires, soportaron las depredaciones las provincias de Santa Fe, San Luis, Córdoba y Mendoza.

En 1855, el propio ministro de guerra de la provincia de Buenos Aires, Bartolomé Mitre, fue derrotado por Calfucurá en Sierra Chica.

Cuando se produce Cepeda, los indios aprovecharon para caer con malones sobre 25 de Mayo, Azul, Tandil y Bahía Blanca.

Las cosas continuaron mal luego de Pavón, a pesar del esfuerzo de Mitre para ocupar la isla de Choele-Choel, como lo había hecho Rosas, a fin de cortarle el camino a Chile a la indiada, que hacía las ventas del ganado robado en ese país.  El objetivo no fue logrado, porque Calfucurá intimó la desocupación de la isla y no fue posible contradecirlo.

Durante la presidencia de Sarmiento, el problema se agravó, a pesar del arreo de gauchos a defender la frontera con el indio, con elementos técnicos, caballos y armas de inferior calidad, sólo se conseguiría que murieran en gran cantidad.  José Hernández, en el “Martín Fierro”, hace alusión al drama del gaucho llevado para servir en los fortines.

Se calcula que, en 1870, unas 200.000 cabezas de ganado trasponen la cordillera llevadas por las huestes de Calfucurá para ser vendidas en Chile.  Los 13 malones de 1870, son 29 al año siguiente, y 35 en 1872.  Hubo que reaccionar, y en marzo de 1873 se logró derrotar a Calfucurá, con el auxilio de los caciques Cipriano Catriel y Coliqueo, en la feroz batalla de San Carlos, luego de la cual, en ese mismo año, fallecería el jefe araucano cuando contaba con más de cien años.  Pero la Confederación indígena no habría de desaparecer: Namuncurá, hijo de Calfucurá, lo sucedido en el poder.

Los malones continuaron en 1873 y 1874.  El ministro de Avellaneda, Adolfo Alsina, debió soportar, entre 1875 y 1876, la “invasión grande”, cuando atacan cerca de diez mil lanzas.  Zeballos recuerda: los indios se retiran “con un botín colosal de 300.000 animales y 500 cautivos, después de matar 300 vecinos y quemar 40 casas.  ¡Tal era el cuadro a que asistía con horror la Nación entera!” (1)

A principios de 1876, las fuerzas nacionales, que cuentan con un fusil demoledor, el Rémington, logran sucesivos éxitos que remataron con el de Paragüil, en marzo de ese año.  Comenzaba a hacerse realidad la solución de uno de los problemas más graves que poseíamos: el de las fronteras interiores, puesto que, como se ha dicho: “La arquitecturación política definitiva del país, su expansión económica, la defensa del territorio, exigían la posesión plena de la Pampa y de la Patagonia”, (2)

Alsina tenía el proyecto de cavar una zanja a todo lo largo de la frontera con el indio, de 3 varas y media de ancho y dos varas y media de profundidad.  Luego de la invasión grande se cavaron 42 leguas, unos 200 kilómetros, construyéndose asimismo 82 fortines y 5 fuertes en el sur de la provincia de Buenos Aires, proximidades de Bahía Blanca.  Evidentemente, la zanja era un buen obstáculo para el arreo de ganado, que los indios conseguían salvar abriendo portillos, pero perdiendo un tiempo precioso que facilitaba su represión por las fuerzas nacionales.

La zanja era un recurso meramente defensivo que no contó con la aprobación del general Roca, quien describiera: “¡Qué disparate la zanja de Alsina!  Avellaneda la deja hacer.  Es lo que se le ocurre a un pueblo débil y en la infancia: atajar con murallas a sus enemigos.  Así pensaron los chinos y no se libraron de ser conquistados por un puñado de tártaros, insignificantes, comparados con la población china.  Si no se ocupa la pampa, previa destrucción de los nidos de indios, es inútil toda precaución y plan para impedir las invasiones”. (3)  El plan de Roca es el de Rosas, según lo reconoce aquél al escribirle a Adolfo Alsina: “A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con ellos”. (4)


La campaña del desierto.  Consecuencias

Estas ideas, que se resumen, en las propias expresiones de Roca, de no ir eliminando las hormigas una por una, sino de llevar la guerra al propio hormiguero, esto es, a la toldería, tuvo oportunidad de realizarlas al ser designado para suplantar a Alsina en el ministerio de guerra.  El proyecto del tucumano era llevar la frontera con el indio hasta los ríos Negro y Neuquén, es decir, oponerle al aborigen “no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del río Negro, profundo y navegable en toda su extensión, desde el océano hasta los Andes”. (5)

Para avanzar la frontera hasta la cordillera, Roca aprovecharía que Chile estaba enfrascado hacia 1879 en una guerra con Bolivia y Perú, ocupando el inmenso territorio cuya posesión podría eventualmente discutirnos Chile en el futuro.

Lo dicen Avellaneda y Roca, conjuntamente con los anteriores conceptos, cuando enviaron el correspondiente proyecto de ley al Congreso implementando el plan propuesto por el segundo: “La importancia política de esta operación se halla al alcance de todo el mundo.  No hay argentino que no comprenda, en estos momentos en que somos agredidos por las pretensiones chilenas, que debemos tomar posesión real y efectiva de la Patagonia, empezando por llevar la población al Río Negro”. (6)

El 5 de octubre de 1878, el Congreso, mediante ley 947, aprobó el proyecto de Roca, de conquista del desierto, y por la ley 954, creó la gobernación de la Patagonia.

La ejecución del plan se hizo en dos etapas.  La primera fue preparatoria, realizada a partir de julio de 1878, mediante operativos aislados que fueron limpiando de tolderías todo un inmenso escenario, obligando a la indiada a dejar su hábitat y a refugiarse en zonas aún no exploradas.  Fue una campaña de “malones invertidos”, pues ya no era el malón indio el que atacaba poblaciones indefensas robando, sino que eran cuerpos de ejército los que caían sobre los toldos rescatando cautivos.

En 1879 se realizó la segunda parte del plan, tendiente a ocupar el camino a Chile, que facilitaba la negociación del ganado robado, y desde donde podían llegar otros contingentes araucanos, como había ocurrido con Calfucurá en 1834.  Unos 6.000 hombres, divididos en cinco cuerpos de ejército, convergieron a todo lo largo del Río Negro acompañados de misioneros, ingenieros, agrimensores, hombres de ciencia, periodistas, fotógrafos, etc.  El 25 de mayo de aquel año se tomó posesión de la isla Choele-Choel.  En junio, se llega a la confluencia del río Limay con el río Neuquén, mientras la columna de Napoleón Uriburu accedía al alto Neuquén.

Se lograba así pacificar toda una inmensa zona sujeta durante largo tiempo a la rapiña y al sacrificio de vidas inocentes.  Se incorporaban 15.000 leguas cuadradas a la producción agrícola-ganadera; y se afirmaba la soberanía nacional sobre la Patagonia, en momentos en que subsistía el conflicto limítrofe con Chile en esa zona.

La conquista del desierto se completaría durante la presidencia del general Roca y las presidencias subsiguientes, y es uno de los aspectos positivos de la gestión que le cupo a la llamada generación del ’80.

Referencias

(1) Cit. Por Gasio, Guillermo H. y San Román, María C., La conquista del progreso. Memorial de la Patria. 1874-1880, página 121.

(2)Heras, Carlos, Presidencia de Avellaneda en Academia Nacional de la Historia, Historia de la Nación Argentina, Buenos Aires (1965), Tº XII, página 256.

(3) Cit. Por Gasio, Guillermo H. y San Román, María C., La conquista del progreso. Memorial de la Patria. 1874-1880, página 125.

(4) Cit. Por Schoo Lastra, Dionisio, El indio del desierto (1535-1879), Buenos Aires (1977), página 255.

(5) Cit. Por Gasio, Guillermo H. y San Román, María C., La conquista del progreso. Memorial de la Patria. 1874-1880, página 129.

(6) Ibídem.

Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Petrocelli, Héctor B. – Historia Constitucional Argentina – Keynes – Rosario (1993).

Portal www.revisionistas.com.ar

Zeballos, Estanislao – La conquista de las quince mil leguas – Hachette, Buenos Aires (1958)

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Fuente y agradecimiento: WWW.revisionistas.com.ar   

Aniversario de la batalla de la Trinchera

Esta batalla tuvo lugar el 11 de diciembre de 1882 en la margen sud del lago Huechulafquen, Departamento Huiliches, provincia del Neuquén, entre las tropas al mando del teniente coronel graduado D. Juan Gregorio Díaz, con 2 oficiales y 25 individuos de tropa del Batallón 2 de Infantería de Línea, y 5 oficiales y 65 de tropa del Regimiento 5º de Caballería de Línea; contra la indiada de Ñancucheo. En relación al sitio de la contienda, por un error Vigil en su libro lo menciona en la margen Norte. El Dr. Gregorio Alvarez apelando a citas del comandante Prado y del Tcnl Walter difiere y solicita una rectificación del lugar declarado histórico por el Decreto Nº 8.729 de 1943; cita a las Memorias Militares pero no recurre a ellas al exponer sus fundamentos. Debe aclararse que el Decreto mencionado no especifica el lugar exacto ni menciona en qué margen se desarrolló el hecho, y esto porque tampoco el informe precedente de la Comisión Nacional lo trae. Es decir, que oficialmente no se ha señalado el lugar exacto del suceso.

Debido a ello y considerando que en los partes del combate que se transcribirá más adelante, no figura en cuál margen del lago se desarrolló el combate debimos cerciorarnos controlando toda la documentación de la Campaña, encontrando felizmente este detalle revelador: “Día 14 (enero de 1883). El día de hoy debía ser penoso por la marcha entre desfiladeros que debíamos efectuar. Nos movimos a las 3 y 10’ a.m. y a las 4 estábamos en la costa S. del Huichú Lauquen, avanzando al O. por dicha banda.
Hemos pasado tres desfiladeros. El primero, elevado del nivel del lago, 30 y tantos metros, no ofreció gran inconveniente; su última parte llamada “La Trinchera”, nos obligó a echar pie a tierra para pasarla. “La Trinchera” son moles de granito escalonadas y disgregadas en senda estrecha y talud rápido. En ella los indios se han defendido admirablemente, y 200 metros antes de atravesarla, fue herido de bala y ultimado por los vándalos, el teniente 1º del Regimiento 2º de Caballería, D. Joaquín Nogueira, el día 11 del mes de diciembre.
El segundo desfiladero ofrece el paso llamado “Cantra” o “Contra” más acá del cual las serranías esconden sus faldas, dejando una planicie estrecha pero de pastos profundos en donde acampamos a las 7 y media. Hasta Contra la marcha es de 4 leguas”.
Este informe avalado con la firma del coronel Enrique Godoy, Jefe de la Segunda Brigada, no deja lugar a dudas. Por lo que entendemos que no corresponde una rectificación del “lugar histórico”, sino el aclarar el verdadero sitio.

Parte del Combate
“Campamento en Quemequementreo (sic) – Diciembre 16 de 1882 – Al señor jefe de la 2ª Brigada, coronel D. Enrique Godoy – Tengo el honor de dirigirme a V. S. dando cuenta de la expedición a mi mando. El día 9 del corriente a las 11 p.m. recibí orden del Jefe accidental de la Brigada, teniente coronel Don Alejandro Montes de Oca, de pasar el río con 15 infantes, recibiendo del Jefe accidental del Regimiento 2º de Caballería, teniente coronel Don Roque Peiteado, 60 hombres de caballería y 10infantes más, tomar datos de este Jefe sobre la dirección que habían tomado los indios que sus fuerzas habían batido y tomándolos, perseguir los indios hasta alcanzarlos y batirlos.
A las 5 y media p.m. me puse en marcha de este punto y el 11 a las 3 de la mañana encontré la avanzada del cacique Nancucheo (sic) que se encontraba como a 4 leguas de sus toldos; inmediatamente mandé al teniente 1º del Batallón 2, Don Manuel Sontag, que los atacara, poniéndose éstos en fuga a dar aviso a la tribu y reunirse en un punto fortificado que tenían cerca de los toldos en el desfiladero Uichó-Lauquen (sic); antes de llegar a este punto se presentaron grupos de indios sobre nuestro flanco izquierdo; ordené al teniente Grimau del Regimiento 2, perseguir uno de éstos, sin conseguir darle alcance por lo elevado de la cordillera, continuando mi marcha hasta llegar al desfiladero, en el que me interné legua y media más o menos en donde una cantidad de indios estaban apostados en la cumbre de la sierra, defendiendo el paso arrojando piedras con hondas y haciendo rodar las más grandes, lo que ocasionó el caer a la laguna, que corre a pique a la derecha del camino, algunos caballos; en este punto tuve aviso por el teniente Nogueira, del Regimiento 2, que la excesiva piedra que arrojaban los indios dificultaban el paso, a lo que ordené seguir la marcha continuándola a pesar de todo acompañado del teniente Sontag.
“Hasta este momento no tenía conocimiento de la existencia en este punto de la fortificación hecha de palos a pique, piedras y madera amontonada, la que interceptaba y abrigaba a los enemigos armados a lanza y Remington. También se encontraban cantidad de ellos en la cumbre arrojando piedras, las que indudablemente habían sido preparadas allí con tal objeto. No se distinguía a los defensores por la buena posición que ocupaban, lo que hacía casi inútiles nuestras armas de fuego. Me permito llamar la atención de U.S. sobre esta trinchera que evidencia demasiados conocimientos sobre la construcción de ellas para poder ser hechas por los indios.
Viendo imposible el asalto de frente mandé echar pie a tierra a la fuerza, dejando una guerrilla que continuara el fuego para arredrar a los defensores y colocando los caballos defendidos en una arboleda que existe allí cerca, mandé al teniente Sontang con una guerrilla de infantes trepar a la cumbre de la cordillera y atacar el flanco derecho del enemigo…; y mientras se cumplía esa orden, se incorporó el teniente Grimau, el cual regresaba de perseguir la partida de indios que intentó flanquearnos al principio; en el acto le ordené echar pie a tierra y con soldados de infantería y caballería tomar por asalto la fortificación así que le protegiese la guerrilla del teniente Sontang, lo que dio por resultado que el enemigo abandonara su trinchera al verse flanqueado por donde menos pensaba, encontrándose en ella 3 carabinas Remington, varias lanzas y 4 caballos ensillados que quedaban en la falda de la cordillera; al trepar la fuerza del teniente Grimau, el soldado Funes del Regimiento 2 dio muerte a un indio.
El enemigo ha debido tener pérdidas de consideración, pues la mucha sangre que quedó en la trinchera como en el trayecto de la persecución lo hace presumir así, no encontrándose heridos ni cadáveres los que sin duda han sido ocultados en el bosque llevados durante más de dos horas y media que tardaríamos en flanquear y tomar la trinchera.
Una vez tomada la fortificación, traté de organizar la fuerza que se encontraba dispersa y con los primeros que pude reunir formé una guerrilla a pie que fue a reconocer el bosque hasta tanto se incorporase la fuerza y con los primeros caballos que llegaron ordené al teniente Grimau se pusiese en persecución del enemigo mientras yo esperaba los que quedaban en la falda de la cordillera. Concluida esta operación me puse en marcha en protección de dicho Teniente, y después de pasar un gran bosque, donde los indios habían cortado árboles grandes para impedirnos el paso, se empezaron a encontrar los toldos, pequeños grupos de hacienda (vacas y ovejas) juzgándose por el número de toldos que debe haber mucha chusma.
El estar bastante rendida la caballada de la fuerza que me acompañaba me determinó a hacer alto y recoger los animales que había en los alrededores, reconociendo personalmente el bosque con soldados de infantería y caballería a pie, continuando la persecución el teniente Sontang y sub-teniente Wappers del Batallón 2 con soldados de dicho cuerpo y del Regimiento 2 recorrían los toldos de Nancucheó donde como en la persecución se tomaron varias majadas formando un total de 800 ovejas más o menos, 180 vacas, ciento tanto caballos y yeguas, como también munición de Remington, pólvora y munición de caza, una espada, la gorra de gala del cacique Nancucheó y un muchacho que cuidaba una majada de ovejas y por él se supo que el citado cacique había salido el día anterior a reunir gente donde habían peleado con los cristianos.
Las pérdidas por nuestra parte, Señor Coronel, son bien sensibles por ser el primer choque y antes de descubrir la fortificación; herido gravemente el teniente 1º del Regimiento 2 de Caballería don Joaquín Nogueira y muerto el soldado Salomón del mismo cuerpo, ambos de bala, los caballos de ellos como el cadáver del soldado arrojados a la Laguna por las piedras, como también cuatro contusos de piedra, dos del Batallón 2 y dos del Regimiento, una carabina rota y varios caballos heridos de bala y piedra.
La gran distancia que tuve que dejar la caballada para evitar que las piedras la arrojaran a la laguna como la segura presencia el enemigo a nuestro franco derecho, a estar por las quemazones que se veían, me imposibilitaban continuar la persecución a mayor distancia que la llevada ya; por lo que dispuse regresar a protegerla y hacer cuidar a la vez al teniente herido, al que encontré muerto. A las 7 y media, me incorporé donde estaba la caballada y por los alféreces Montiel y Rouquaud supe que todo el día habían sido amenazados por grupos de indios que se presentaban con intención de arrebatársela, mas estos oficiales, cumpliendo mis órdenes, habían arreglado un corral con el objeto de asegurarla y tener pronta su fuerza si se atreviesen a atacarlos.
La disminución que V. S. notará en los arreos arrebatados al enemigo y los llevados a este campamento, tanto en ovejas como en vacas, ha sido causado por lo carneado, cantidad de corderos y terneros cansados o ahogados en los arroyos que ha habido que pasar, como indudablemente algunos que se habrán extraviado en los montes.
Los oficiales y tropas a mis órdenes han cumplido todos con su deber, permitiéndome recomendar particularmente a V. S. a los tenientes Sontang del Batallón 2, y Grimau del Regimiento 2, y al malogrado teniente Nogueira, cuyo valor y arrojo le han costado la vida, como al soldado Salomón en justo tributo a su memoria.
Al terminar este parte, tengo la satisfacción de felicitar a V. S. por el buen éxito obtenido por las fuerzas a mis órdenes de la Brigada de su digno mando. Dios guarde a V. S. – Juan G. Díaz”.
Diario de Marcha
Por su parte, al informarse en el Diario de Marcha de la llegada de esta columna, hecho ocurrido a las 10 a.m. del 15 de diciembre, se expresa: “La relación de su jornada es curiosa y ha causado asombro entre nosotros, por cuanto las circunstancias en que se ha efectuado, difieren enteramente de las conocidas hasta ahora en la guerra contra los indios. Basta decir que se vio precisado a desalojar al enemigo de un desfiladero en que se habían fortificado levantando trincheras que cerraban el paso, y desde las cuales fueron recibidos a balazos, en tanto, que una fila de guerreros coronaban los cerros a lo largo del desfiladero y desmoronaban cantidad de piedras sobre nuestros soldados que marchaban al ataque. Pero ya se sabe que una fortificación no es inconveniente de tal magnitud que pueda detener a nuestros soldados; y si esta fortificación está defendida por indios, no se debe preguntar el resultado de la acción.
Durante el combate fue herido de bala el teniente Don Joaquín Nogueira, del Regimiento 2 de Caballería, y murió algunos momentos después; y el soldado Salomón del mismo cuerpo, fue desbarrancado por un peñasco que lanzó caballo y jinete a una laguna profunda situada abajo del desfiladero”.
Orden de Brigada
A renglón seguido se inserta la Orden de Brigada de ese día (15) donde se expresa: “En los pocos días de campaña que cuenta la segunda Brigada, se han realizado operaciones tan diversas como fructuosas y librádose combates, dejando en cada uno de ellos sembrado el escarmiento, el terror y el castigo terrible para los salvajes, que desesperadamente en sus últimos momentos de exterminio han osado oponerse a nuestro paso.
“Algunas víctimas tenemos que lamentar por nuestra parte, todos pertenecientes al Regimiento 2 de Caballería de Línea; el teniente 1º D. Joaquín Nogueira y soldado Isidro Salomón, muertos valientemente al forzar una fortificación, tenazmente defendida, pero franqueada a los pocos momentos de lucha por nuestros bravos compañeros, bizarramente dirigidos por el teniente coronel D. Juan G. Díaz”.
Comentarios
Aparte de las demostraciones que merecían los que actuaban en hechos clasificados de “acción heroica”, el jefe de la Brigada acusó en los siguientes términos recibo del parte oficial: “Al aprobar, como lo hago, su proceder en dicha jornada, me es muy agradable felicitar a Ud. y subalternos por la actividad y tino empleado en la expedición, como por el valor demostrado en la pelea. Al elevar al superior su precipitado parte me haré un honor en recomendar a Ud. y fuerzas que condujo a las consideraciones que se han hecho acreedoras, sin olvidar una mención especial para la memoria del infortunado teniente Nogueira, muerto en su puesto de honor al forzar intrépidamente la fortificación enemiga”.
Con respecto a las exequias del oficial caído en el combate, en la Orden de Brigada antes mencionada se comunica: “Habiéndose conducido hasta este campamento los restos del infortunado teniente Nogueira, su inhumación se practicará hoy a las 6 de la tarde con los honores que por las ordenanzas le correspondes, en el lugar que se determinará con antelación, y que le servirá de tumba provisoria hasta tanto sea posible trasladarlos a lugar sagrado. Invítase a los señores Jefes, oficiales y tropa francos a acompañar hasta la última morada al que fue teniente 1º Don Joaquín Nogueira. – Firmado: E. Godoy”.
En la Orden de Brigada siguiente se lee: “Mañana a las 5 a.m. se celebrará una misa por el descanso de los que han perecido en su puesto en las diferentes operaciones que se han llevado a cabo en la presente campaña. Será oficiada por el presbítero D. José M. Beauvois.
Los cuerpos de la Brigada con el mayor número de plazas posibles, asistirán a este acto que tendrá lugar en la tienda del Detall de la expresada.
Las fuerzas serán mandadas por el segundo Jefe del Batallón 2 de Infantería de Línea, teniente coronel D. Juan G. Díaz. – Firmado: E. Godoy”.
En el Diario de marcha se anota ese mismo día: “A las 6 de la tarde se inhumaron los restos del teniente D. Joaquín Nogueira y se le hicieron los honores de ordenanza.
Todos los Jefes, todos los Oficiales y la tropa franca presente en el campamento acompañaron el cadáver hasta el paraje en que se le iba a depositar. Queda sepultado en la falda oriental de la colina que tenemos a nuestro frente”.
En las anotaciones correspondientes al día siguiente, domingo 17 de diciembre de 1882, se registran las siguientes novedades: “A las 5 de la mañana tiene lugar la misa en el sitio y en la forma indicada en la orden de ayer”.
Queriendo perpetuar la memoria de los que perecen en el cumplimiento del deber, el señor Coronel Jefe de la Brigada ha dado en la fecha la orden siguiente: Orden de Brigada – Para honrar la memoria de los compañeros de armas que han caído en su ley combatiendo por la causa de la civilización, de la cultura y del derecho, y como justo tributo a su valor y abnegación, el Coronel y Jefe de la Brigada ordena: 1) Llámase fortín “Teniente Nogueira”, al establecido en Pichi-Picun-Leufú, y que va a guarnecer un destacamento del Regimiento 2 de Caballería de Línea. – Firmado. E. Godoy”.
Acotaciones
Al referir el comandante Prado, que fuera compañero de armas y amigo del extinto Nogueira, los pormenores de este combate, según las referencias que él recogiera en su Unidad, manifiesta: “Cuando Sontag y los suyos alcanzaban la cumbre del cerro y los indios abandonaban el reducto, Nogueira recibió una herida de bala en la pierna que lo postró. La tropa seguía en persecución de los asaltantes sin mirar atrás. Sólo un soldado de Caballería, que vio caer a Nogueira, quedó con él.
Los indios que defendían el desfiladero, al ser éste forzado, huyeron en direcciones distintas; y uno de los grupos que no siguió la dirección del valle, apareció precisamente donde estaba herido Nogueira.
Este valiente, al ver acercarse el grupo de bárbaros contra el cual nada podía, ordenó al soldado que lo acompañaba que lo dejara y se salvase.
- ¿Y qué le hice yo, mi teniente -contestó el soldado aquel-, para que me trate así? ¿Por qué quiere que me porte como un canalla?
- Retírate rápido… Anda a buscar protección… Avísale al comandante, que ha de tener tiempo de venir.
- ¿Yo? –murmuró el soldado, comprendiendo la intención de su oficial y húmedos los ojos por el sentimiento-, ¿yo dejarlo a usted? No le obedezco, señor.
- Pero ¿y tu carabina?
- Se cayó al barranco… No importa… ¿y éste qué es?, ¿no vale nada? –añadió esgrimiendo el sable por encima de la cabeza.
- Bueno, entonces –tuvo tiempo aún de agregar Nogueira-, siéntame arrimado a aquella piedra y alcánzame la espada.
Veinte indios cayeron sobre el oficial y el soldado; éste, ágil como el gato, saltaba de un lado para el otro, entorno de su teniente, que a su vez se defendía, como era posible hacerlo sentado, con la hoja de su espada.
Por flojos que fueran los indios era imposible que no acabaran de una vez con aquellos dos valientes. Y así fue. Nogueira, cuando fue hallado, tenía el cuerpo acribillado a lanzazos, la cabeza separada del tronco y los miembros mutilados. El soldado, abandonado por los indios que lo creyeron muerto, fue recogido herido y llegó a restablecerse por completo”.
Queda librada la libre aceptación de la veracidad del relato, para lo cual ha sido munido de los antecedentes oficiales. La posibilidad de la certeza del hecho estriba en que gestos como el antedicho fueron comunes a lo largo y a lo ancho de la Patria, pues no fue patrimonio exclusivo de los soldados expedicionarios, ya que el valor, la abnegación, la lealtad, la camaradería y el sacrificio, fueron los principales atributos que distinguieron en todo tiempo al soldado argentino.
El Dr. Gregorio Alvarez considera veráz esta relación y finaliza su artículo, en el cual solicita la rectificación del dato aportado por Vigil y que se ha comentado al comienzo de este artículo, opinando: “En este lugar, además, debiera erigirse un monumento o una gran placa de bronce alusiva, que perpetúe la heroicidad del soldado argentino en la Campaña de los Andes”.

Fuentes: Raone, Juan Mario – Fortines del desierto – Biblioteca del Suboficial Nº 143
Via blog Ejercito Nacional Argentino.

martes, 30 de octubre de 2018

Brigadier General Martin Rodriguez

Martín Rodríguez nació en la ciudad de Buenos Aires el 4 de Julio de 1771.
Criollo, Sus padres también eran argentinos, Don Fermín Rodríguez, Capitán con grado de Mayor, que murió desempeñando funciones de Comandante en Chascomús y Doña Thadea Rodríguez de buena posición económica.
Cursó Estudios en el Célebre colegio de San Carlos y luego se dedicó a tareas rurales en las vastas extensiones que su padre poseía en la Provincia de Buenos Aires.
Sus primeras apariciones públicas fueron con motivo de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, año en que Liniers le otorgó el cargo de Teniente Coronel de Húsares.
Colaboró con los hombres de Mayo y después de la revolución fue destinado con su cuerpo a Entre Ríos para colaborar con Manuel Belgrano; al poco tiempo debió regresar a Buenos Aires y se plegó al partido de Saavedra.

Tiempo después partió a Jujuy, dónde cumplió funciones administrativa en el ejercito del Norte para ofrecerse después como Militar.
Así fue como se incorporó a las filas del General Manuel Belgrano; intervino en la batalla de Salta, pero pronto regresó a Buenos aires, pues el 4 de Junio de 1812 fue designado Jefe de Estado Mayor General. Al año siguiente regresó a las provincias del norte, como Comandante de Dragones.
Cayó prisionero en Tejar (1815) pero luego se reincorpora al ejercito al efectuarse un canje con prisioneros españoles, Intervino así en la campaña del Alto Perú.
En el quinto aniversario de la revolución - 25 de Mayo de 1815 - fue ascendido al grado de Brigadier y su destino fue Charcas, dónde se le asigno el puesto de Presidente, cargo politico-administrativo, aunque siguió interviniendo en acciones militares.
Continuó con las órdenes implantadas por el General Rondeau y se interno con su cuerpo militar en la zona virtualmente ocupada por los Españoles y fue derrotado en la acción de Venta y Media.
En esta estación fue herido José María Paz que en sus memorias refiere con términos crudos a los desaciertos de la conducción de Rodríguez. Luego de soportar otra jornada aciaga en Cabeza del Buey, al regresar del Alto Perú, determinó que Rodríguez fuera sometido a una corte militar, pero resulto absuelto por las declaraciones favorables de testigos.
En 1819 se incorporó a las tropas de Frontera y el 28 de setiembre de 1820 fue nombrado gobernador interino, apoyado por Juan Manuel de Rosas, designación que desató resistencias y rebelión armada que fue sofocada. El 13 de marzo del año siguiente fue nombrado Gobernador Propietario.
Poco tiempo después, Rosas rompió con Rodríguez por la cuestión de los indios Pampas, a los cuáles defendía, señalando que por los rumbos que conozco me afirmó que no son Pampas sino Ranqueles, quienes han invadido y robado nuestra Frontera.
Martín Rodríguez fundó el Fuerte Independencia en Tandil el 4 de Abril de 1823 y realizó, a fines de este año un intento frustrado por hacer lo mismo en Bahía Blanca.
En 1824 culmina su gestión en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires y lo sucede el General Gregorio Las Heras; en 1826 solicita la baja militar.
Rodríguez fue designado el 30 de Marzo de 1829 por Lavalle Comandante General de Armas y luego Ministro de Guerra, asumiendo la gobernación como Delegado el 4 de Mayo. Permanece en esta situación hasta el 26 de Junio en que hizo entrega del mando a Lavalle quién regresa a su ciudad derrotado.

En ese breve lapso firmó el decreto creando la Gobernación de las Islas Malvinas.
Durante el Gobierno de Rosas, Martín Rodríguez se exilió en Montevideo, dónde tuvo algunas intervenciones.
Murió pobre y olvidado. Nunca aceptó dinero de extranjeros o de sus compatriotas.
Casi ciego dictó sus memorias, que quedaron incompletas, lo sorprendió la muerte. dejando de existir el 5 de Marzo de 1845 a los 73 años .
El Coronel José Garibaldi fue uno de los cinco hombres y compañeros que condujeron a pulso el cadáver hasta la iglesia matriz en Montevideo. sus restos fueron repatriados el 15 de julio de 1891 y se encuentran actualmente en el cementerio porteño de la Recoleta.

Fotografias: Fabian Pesikonis / Tandil setiembre 2018.

viernes, 5 de octubre de 2018

Ataque al R.I. Monte 29 Formosa

El domingo 5 de octubre de 1975 en la calurosa tarde formoseña se fraguaba una traición. Los conscriptos del Regimiento Nº 29 volvían al retén luego de un partido de fútbol. Eran jóvenes de 20 años que se hallaban realizando el Servicio Militar Obligatorio en cumplimiento de una ley de la Nación, algunos de ellos tenían un buen nivel de instrucción formal, como el santafesino Mayol, que estudiaba Derecho; otros, como el “Negro” Luna, en cambio, aprendían a leer y escribir en el cuartel. Pero todos, en toda la geografía del país, así tuviesen padres empresarios o muy humildes, usaban el mismo uniforme que los convertía en camaradas y juraron la misma bandera que los hermanaba.
Mientras se dirigían a las duchas, seguían con las “cargadas” por el resultado del partido, pero había un soldado que no se reía. Aquel día fue elegido por el grupo terrorista para llevar a cabo un espectacular golpe contra el Ejército Argentino con la firme intención de sustraer las armas de la Nación.

En esta operación se emplearon cerca de un centenar de efectivos fuertemente pertrechados con ametralladoras, fusiles FAL con 5 cargadores por hombre, escopetas, granadas, minas vietnamitas y equipos de comunicaciones portátiles. Vestían uniformes azules y contaban con una muda de ropa civil y documentos falsos. Para desplazarse disponían de 11 vehículos y una avioneta.
La operación, minuciosamente planeada, establecía un asalto simultáneo al Regimiento y al aeropuerto “El Pucú” de Formosa, cuyo control era vital para la posterior evasión, la cual se realizaría en un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas desviado de su vuelo, Buenos Aires - Posadas. La irrupción al cuartel se efectuaría mediante un ataque a la guardia y una penetración por el área posterior de la unidad.
Mientras algunos conscriptos dormían y otros estaban ya duchándose, el santafesino Mayol, famoso por sus bromas, le arrebató el fusil a su compañero del Puesto de Guardia Nº 2 y abrió los portones para permitir el ingreso de 5 camionetas que transportaban unos treinta hombres fuertemente armados. El primer vehículo se dirigió al Puesto de Guardia Nº 1, cerca de la guardia Central, donde el sargento Víctor Sanabria estaba intentando operar una radio, y al descubrirlo lo mataron para cortar toda comunicación con el exterior. Simultáneamente, otra fracción entró al dormitorio de la guardia y asesinó a 5 soldados que estaban durmiendo. Algunos conscriptos murieron en las duchas, alcanzados por las granadas arrojadas desde las ventanas del baño.

Conducidos por el soldado entregador, Luis Roberto Mayol, los agresores sabían bien dónde se hallaban los depósitos de armas y de municiones. Cuando se acercó un subteniente que había escuchado los disparos, Mayol le apuntó con su FAL pero el arma se trabó y el oficial lo abatió. El “Negro” Luna se hallaba de guardia en la Compañía Comando, cuando de repente, 5 delincuentes saltaron de una de las camionetas y lo encararon.
- Rendite, negro, que con vos no es la cosa. -¡Acá no se rinde nadie, mierda!- Respondió Luna con su fusil en la mano mientras intentaba replegarse sobre el fondo de la Compañía , dándole tiempo a sus camaradas de reaccionar. Hubo un intercambio de disparos hasta que fue alcanzado por una ametralladora desde una de las ventanas del baño.
La tenaz resistencia presentada por los “colimbas” sorprendió a los delincuentes, que esperaban encontrarse con “provincianos adolescentes más interesados en levantar los brazos que en responder con balas”, como escribió luego uno de ellos. Luego de un par de horas de feroces combates los agresores debieron retirarse sin poder llevar todas las armas que habían planeado, pero sí lograron hacerse de 18 fusiles FAL.

El Ejército Argentino debió lamentar la muerte del subteniente Ricardo Massaferro, El Sargento Víctor Sanabria Y Los Conscriptos Antonio Arrieta, Heriberto Ávalos, José Coronel, Dante Salvatierra, Ismael Sánchez, Tomás Sánchez, Edmundo Sosa, Marcelino Torantes, Alberto Villalba Y Hermindo Luna. Todos ellos cayeron defendiendo a su bandera hasta perder la vida, como habían jurado.
Hermindo tenía 20 años y era hijo único. Había entrado al Servicio Militar sin saber leer ni escribir, porque este gaucho sólo sabía del monte y de hachar quebracho al sol con 40 grados de calor. Sus superiores lo consideraban un “sobresaliente soldado”. Todos recordaban con una sonrisa esas dos veces que se había quedado dormido en el toque de diana y comenzó su día en una pileta.
Sus padres fueron a retirar el cuerpo, de luto y descalzos, porque era gente muy pobre de un paraje del interior de Formosa. No tenían nada, excepto su hijo, y se lo dieron a la Patria con el corazón desgarrado por el dolor pero con dignidad.

sábado, 25 de agosto de 2018

Combate en paraje Potrero Negro Tucuman

El 5 de septiembre de 1975, el E.R.P., emboscaba en el monte tucumano a una Sección del Ejercito en patrulla.
Mueren en combate el Subteniente Rodolfo Berdina y el soldado conscripto Ismael Maldonado.
A estos soldados, como a todos los que pelearon por su país, aquí nuestro humilde homenaje.

Un elemento de Combate, perteneciente a la Fuerza de Tareas "Aconquija", llevaba unas cuarenta horas operando en el monte, lapso en el que se desarrollaron intensos enfrentamientos sin que se produjeran bajas en los efectivos del Ejército Argentino.
El 5 de septiembre, el Elemento de Combate recibe la orden de replegarse a su base y en cumplimiento de ella se encontraba el Subteniente Rodolfo Hernán Berdina al mando de una sección, cuando tomó contacto con el enemigo en el paraje Potrero Negro, abriendo el fuego en forma instantánea. El Subteniente Berdina sobrepasó a la carrera a sus hombres lanzándose al ataque, seguido por el soldado Ismael Maldonado. Al llegar a una distancia muy cercana al grupo guerrillero, ambos caen alcanzados por el fuego enemigo. El soldado Maldonado murió instantáneamente; el subteniente cayó herido de gravedad. Finalizado el combate con el repliegue de varios subversivos heridos, el subteniente Berdina fue evacuado al Hospital Militar de Tucumán, nosocomio en el que fue operado. Falleció a medianoche.
Fue ascendido post mortem al grado de teniente.

A continuación transcribimos la carta escrita por la madre del Subteniente Berdina, en la que nos da un ejemplo de aceptación y grandeza personal.

“Me dirijo a aquellos que troncharon la vida de mi hijo, a los que sin mostrarse a la luz pretenden destrozar los pilares indestructibles de nuestra Patria. Soy la madre del Subteniente Berdina, de ese subteniente con mayúsculas porque supo defender sus ideales de argentino y de militar, dando la cara, peleando de frente y de pie. Ni él, ni sus soldados necesitaron drogarse para ello. Porque el valor es así, consciente, claro, sin elixires que empañen su acción y sus ideas.
No los maldigo, les doy las gracias en nombre de él y de todos los héroes que dejaron su vida por amor a Dios, a la Patria y a la família, porque todavia esa es la fe del soldado, esa es su meta.
Mi perdida es irreparable, pero me siente henchida de orgullo porque sé que mi Rodolfo está en la gloria de Dios y en el corarzón de todos los compañeros que lucharon o no a su lado. Gracias"

miércoles, 18 de julio de 2018

Asalto a la residencia (Malvinas - breve)

EL ASALTO A LA RESIDENCIA DEL GOBERNADOR
Su cumplimiento fue alarde de disciplina y autocontrol por parte de los efectivos que llevaron a cabo la tarea ,aun a costa de bajas propias : La muerte del capitán Pedro Giachino , a cargo del operativo,y las graves heridas del Tte Diego Fernando García Quiroga y el Cabo enfermero Ernesto Urbina
.
LA INTIMACIÓN
Giachino había desplegado sus hombres en abanico frente a la sede de la gobernación y tenía al lado al Tte Diego García Quiroga,quien dominaba el idioma Inglés "Me pegue al lado de Giachino--------relató García Quiroga-quien me ordenó que les hablara.Hice una bocina con las manos y le grité el mensaje Mister Hunt,gobernador somos marines argentinos ,la isla está tomada,los vehículos anfibio han desembarcado y vienen hacia aquí,hemos cortadoi su telefono y le rogamos que salga de su casa ,No hubo respuesta a la intimidación ,solo siolencio .Impaciente Giachino decidio tirarle un granadazo le órdeno a García Quiroga .Este obedeció y la lanzo ,y esta exploto en el jardín

CAE EL CAPITÁN GIACHINO...
Pasaron unos minutos y nada desde el edificio ,dispararon una ráfaga automática que pasó encima de sus cabezas .
"jefe,le dijo García Quiroga a Giachino,y si no entramos nos cocinan"
"Si hay que entrar",afirmó Giachino,y de un salto llegó hasta la puerta dela Gobernación y la derribo dejando a la vista un largo pasillo.
Allí cayó Giachino mortalmente herido ,apenas al entrar.Atrás de él cayó el Tte García Quiroga,también alcanzado por las balas .
"Sentí como si me arrancaran el brazo .Fue un achazo luego un empujon leve,índoloro,y fuego en el abdomen.Pensé en hablar.No sé qué dije .Llame a mi mujer y me caí contra un pequeño cobertizo donde se incrustaban las balas "

OTRO HERIDO
También el Cabo Enfermero Ernesto Urbina fue herido gravemente al intentar socorrer a sus jefes.No alcanzó a llegar ,a pesar de su identificación visible de Enfermero..
"Estaba empuñando mí fusil cuando empezó el tiroteo y alcancé a oír que alguien pedía ayuda y me nombraba a mí .Era el capitán Giachino que parecía estar malherido .No dude un segundo y me lancé hacia él para asistirlo....Sentí un golpe brutal a la altura de la cintura que me levantó en el aíre y caí de espalda .Casi no me podía mover"
Extraido del la revista ,Malvinas historia Documentada ( Pág 16.) Tomo 4
Dirigida por .Juan B.Yofre.editorial Sudamericana.
Guerra de Malvinas


Foto 1º Capitán Pedro Giachino, Caído en combate
Foto 2º Teniente García Quiroga herido en combate
Foto 3º Cabo Enfermero Ernesto Urbina herido en combate
Foto 4º Marines ingleses ,rindiendose a comandos anfibios Argentinos

domingo, 1 de julio de 2018

Fortín San Lorenzo de Navarro

El Fortín Navarro o Guardia de San Lorenzo, fue un puesto fortificado que integró la línea de defensa del territorio de Buenos Aires en su frontera con el indio, origen del Partido de Navarro.
 Construido con el fin de “cuidar para el virreinato la hacienda salvaje que se acercaba a beber a la cercana laguna”.
Albergaba a una veintena de soldados y milicianos que tuvieron como función primaria cuidar las fronteras naturales que  el virreinato del Río de la Plata marcó en su avance conquistador del territorio habitado por el aborigen.
 La réplica fue realizada en base a documentación obrante en archivos oficiales respetando sus medidas y distribución original, empalizada y foso.
Los tres ranchos de barro servían de dormitorio, comedor y comandancia.



Mas datos: https://es.wikipedia.org/wiki/Fort%C3%ADn_Navarro

viernes, 15 de junio de 2018

Suboficial Primero IM Julio Saturnino Castillo

Julio Saturnino Castillo nació el 19 de agosto de 1943 en el pueblo de Malacara, Departamento Taboada, provincia de Santiago del Estero.
Ingresó en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina el 1º de agosto de 1966, iniciando su carrera naval que lo llevaría por diversos destinos como la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, el  Batallón de Infantería de Marina Nº2, la Brigada de Infantería de Marina Nº1, la Base Naval de Infantería de Marina y el Batallón de Infantería Nº5.
El 2 de abril de 1982 la República Argentina recuperó las Islas Malvinas y el Reino Unido envió al archipiélago una fuerza de tareas que tenía como objetivo: expulsar a los argentinos.
El Batallón de Infantería de Marina Nº 5, cuyo asiento era la ciudad de Río Grande, fue una de las unidades destacadas para operar en Malvinas. El Suboficial Castillo se encontraba en ese destino y se ofreció voluntario a ir a las islas. Castillo integró la compañía Nácar, sección que afrontó la parte más dura del ataque en Tumbledown al concentrarse sobre ella el ataque de la Guardia Escocesa.
Castillo padecía de epilepsia debiendo, durante la estadía del batallón en Malvinas, ser internado por dos días. Al reponerse pidió regresar con su gente, requerimiento que fue aceptado por sus condiciones de mando y valentía. Su jefe inmediato, el Teniente de Fragata de Infantería de Marina Carlos Daniel Vásquez, al recordarlo tiempo después reproducía las siguientes palabras del suboficial: “señor, de aquí no me quiero ir hasta que no hayamos terminado de hacer lo que tenemos que hacer…luchar…”. Castillo estaba convencido que con sus acciones en el puesto de batalla colaboraba en la recuperación de las islas.
En la noche del 13 de junio de 1982 la 4ta. sección de tiradores de la compañía Nácar del BIM5, sección a la que pertenecía Castillo, comenzó a recibir el ataque del regimiento de la Guardia Escocesa, apoyado por un intenso fuego de artillería, ataque que fue rechazado por los argentinos. Reanudado el asalto, el enemigo hizo pie en la zona y se inició un feroz combate pozo a pozo, hombre a hombre, sobrepasando la débil línea de infantes argentinos. La superioridad británica era abrumadora y aunque los las tropas argentinas abatían al enemigo seguían apareciendo más atacantes. Tres de ellos llegaron a la posición del dragoneante Galarza y del conscripto Cerles, ultimándolos a tiros. Al ver en la forma en que habían caído sus hombres, el Suboficial Castillo salió de su pozo indignado disparando su arma sobre el enemigo, yendo en auxilio de los heridos. Gritó e insulto matando a sus oponentes, hasta que cayó muerto de un disparo en el pecho.
Aqui ubicado al centro de la fotografia.

Murió sin amilanarse, en combate, abriendo senda y transformándose en un vivo ejemplo para los Infantes de Marina.
El Suboficial Segundo de Infantería de Marina Julio Saturnino Castillo, Héroe de la guerra de Malvinas recibió la máxima condecoración: La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate por “..Rechazar en forma individual y por propia iniciativa, el ataque de una fracción enemiga produciéndole severas bajas, posteriormente perseguirlas y continuar combatiendo en permanente y ejemplar actividad de arrojo hasta ofrendar su vida…”
Fue ascendido post mortem al grado inmediato superior, Suboficial Primero de Infantería de Marina.
Como homenaje, la Armada Argentina bautizó con el nombre ARA “Suboficial Castillo” a un Aviso incorporado a su Flota de Mar el 7 de junio de 1994.

Fuente y agradecimiento: Armada Argentina.

domingo, 20 de mayo de 2018

Batalla de Darwin-Pradera del Ganso

Una vez que el enemigo hubo consolidado su “cabeza de playa” en Puerto San Carlos, se dispuso a emprender la marcha hacia Puerto Argentino. No obstante, para lograrlo, debía enfrentar a la agrupación Mercedes (642 efectivos), compuesta por los Regimientos de Infantería 12 y 25, el grupo de Artillería de Defensa Antiaéreo (GADA) 601 (Sección ADA) y una Sección del Regimiento de Infantería 8, la Compañía de Ingenieros 9 y el Grupo de Artillería Aerotransportado 4.

En las acciones previas de combate, el 23 de mayo, un ataque de aviones británicos había destruido 2 helicópteros Puma y un helicóptero A-209 Augusta. Al 27 de mayo de 1982 la FT Mercedes (Compañía A) ocupaba un frente en el Norte (entre Darwin Harbour y Bahía Camilla Creek de 1,3 km) y en el Sur, de 3 km (Ca C). En la tarde de ese día se produjeron ataque aéreos ingleses sobre las posiciones de la Compañía A y la Batería “A” del GA Aerot 4. A las 22.50 horas del 28 de mayo se desató un cañoneo naval sobre la Ca A. El cielo nocturno se iluminó con las bengalas. A las 2.30 horas del 29 de mayo la Infantería inglesa se lanzó sobre las posiciones del Ca A, batiéndola con intenso fuego de morteros y ametralladoras. La Sección Exploración fue rebasada. El centro de gravedad del ataque enemigo provenía desde Sussex - Camilla Creek. Los argentinos contraatacaron y sus morteros de 81 y 120 mm ejecutaron fuego sobre la retaguardia enemiga. Combatiendo furiosamente, se inició el repliegue de estas tropas asediadas. El Sector Oeste había cedido pero un contraataque argentino, donde se combatió cuerpo a cuerpo y a distancias próximas logró reestablecer la situación y reconstruir el frente. La Sección Apoyo, agotada la munición, se replegó abandonando las armas pesadas. A las 6 horas, el masivo volumen de fuego inglés fue reduciendo las defensas argentinas. El Teniente Roberto Néstor Estévez, del RI 25, ocupó una posición en la Escuela Pradera del Ganso y ejecutó un contraataque en Boca House, causando muchas bajas al enemigo y logrando así recomponer la primera línea de defensa. En esta acción el bravo oficial cayó para siempre. El Cabo Mario Rodolfo Castro continuó dirigiendo mediante el equipo de comunicaciones el fuego de artillería nacional. Castro también cayó abatido. Tomó el equipo el Soldado Fabricio Edgar Carrascul, quien continuó transmitiendo hasta también caer muerto.
A las 8.30 la Ca “A” había experimentado muchas bajas y los sobrevivientes se replegaron a la población. Al replegarse, el Subteniente Marcelo Raúl Colombo efectuó con dos morteros de 81 mm un ataque batiendo el Norte de las posiciones de la Compañía A para permitir el repliegue de esos efectivos. Entre tanto, médicos del Ejército y Fuerza Aérea recorrían los sectores efectuando las primeras curas a los heridos y derivando a los más graves a puestos de socorro en Pradera del Ganso. En los combates que siguieron se destacaron el Teniente de Intendencia Carlos Alberto Colugnatti, el Sargento Primero Juan Carlos Coelho y el Teniente Primero Carlos Alberto Chanampa, quien combatió hasta agotar sus municiones. A las 9:30, el enemigo detuvo su ataque y se replegó hacia el Norte. Para ese entonces, la posición defensiva de la FT Mercedes fue reforzada por una Sección del RI 25, efectivos del escuadrón Güemes, de la Compañía de Comando y la Compañía de Comando y Servicios del RI 12.

Dos helicópteros de Aviación de Ejército desembarcaron a 8 km al SO de Pradera del Ganso y evacuaron heridos bajo fuego enemigo rumbo a Puerto Argentino. La Fracción a cargo del Teniente Primero Carlos Daniel Esteban avanzó hacia Pradera del Ganso bajo fuego de artillería enemiga. El 28 de mayo a las 10, la Batería “A” del GA 4 cañoneó los sectores de concentración de fuerzas enemigas. Al replegarse, los ingleses habían sembrado minas para entorpecer el vigoroso avance argentino. La primera línea defensiva nacional se mantenía entre el Norte de Boca House (Sección RI 8, a cargo del Subteniente Guillermo Ricardo Aliaga) y las alturas al Sur de Darwin (efectivos de la Compañía Apoyo y fracciones de la Compañía Comando y Servicio). Entre tanto, en el Sur, la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 12 se había replegado a posiciones al SE de Pradera del Ganso.
El Jefe de la FT Mercedes mantenía como reserva a 2 secciones -la Sección EC Güemes y la Sección Gómez Centurión- en posiciones al N y al NO de la localidad de Pradera del Ganso. A las 10:30, los efectivos a cargo del Subteniente Juan José Gómez Centurión contraatacaron vigorosamente y, aunque batidos por el fuego enemigo, lograron alcanzar alturas ubicadas a dos km al Norte de Pradera del Ganso. En esas circunstancias se produjo un alto en fuego y hubo un parlamento entre el Teniente Coronel Herbert Jones, Jefe de los comandos ingleses, y el Subteniente Gómez Centurión.
Ambos pidieron la rendición del otro. En el enfrentamiento armado que siguió, el jefe inglés perdió la vida. A las 12:30, el enemigo inglés lanzó un masivo ataque final. Su fuerte fuego de artillería de campo y morteros castigaron las posiciones del RI 8 y de la Compañía A y efectivos de la Compañía de Servicios Darwin.
La situación se hizo insostenible para los efectivos nacionales que habían combatido hasta el límite de sus posibilidades logísticas. A las 21:30, del 29 de mayo el Jefe de la Fuerza de Tareas Mercedes informó que la situación ya no podía sostenerse. A las 11 horas del 30 de mayo se produjo el cese de fuego y el final de la mayor batalla terrestre de la campaña de las Malvinas

(Fuente: Informe Oficial del Ejército Argentino - Conflicto Malvinas) via FDRA blog.

Revista Soldados 7 (2012)

sábado, 10 de marzo de 2018

La Cruz al Heroico Valor en Combate 1982

LA CRUZ AL HEROICO VALOR EN COMBATE
La Cruz al Heroico Valor en Combate es la más alta condecoración militar otorgada por la República Argentina. El nombre completo de esta condecoración es “Cruz La Nación Argentina al Heroico Valor en Combate”. La Ley 22.607 (1982) de la República Argentina establece que será concedida al personal militar, personal de las fuerzas de seguridad, fuerzas policiales civiles, argentinos o extranjeros, que en combate motivado por acontecimientos extraordinarios revistan carácter de función de guerra, realicen aislados o en el ejercicio del mando, una acción ponderable que se destaque considerablemente de las pautas de conducta, normalmente consideradas correctas.

Este personal recibió la condecoración luego de la Guerra de las Malvinas de 1982.

Personal del Ejército Argentino

TENIENTE Roberto Néstor Estévez - C/RI Mec 25 (Post Mortem)

Por comandar, gravemente herido por balas británicas a sus efectivos de infantería y dirigir por radio el fuego de artillería en la primera línea de combate durante la batalla de Darwin. Un último impacto de bala terminó con su vida.

TENIENTE ERNESTO EMILIO ESPINOSA - Ca Cdos 602 (Post Mortem)

Por cubrir desde la planta alta de la granja de Top Malo House la salida y despliegue de sus compañeros, mientras eran rodeados y atacados por fuerzas especiales británicas, cayendo en combate por dicha acción bajo fuego de fusiles, granadas y cohetes enemigos.

SARGENTO 1ERO MATEO SBERT - Ca Cdos 602 (Post Mortem)

Por su valentía y heroísmo presentado en la batalla de Top Malo House frente a fuerzas especiales británicas, combatiendo aún gravemente herido, cayendo en combate bajo fuego de fusiles y granadas enemigas.

TENIENTE 1ERO JORGE VIZOSO POSSE - Ca Cdos 602

Por su arrojo, valentía y heroísmo presentado durante toda la campaña de Malvinas, combatiendo en desventaja de materiales contra fuerzas especiales británicas en las cercanías del Monte Kent, quedando aferrado y aislado fue herido, aún así continuó combatiendo y forzando a las fuerzas enemigas a replegarse. Retornó por sus medios a las líneas nacionales perdiendo gran cantidad de sangre.

SUBTENIENTE JUAN JOSÉ GÓMEZ CENTURIÓN - C/RI Mec 25

Por su liderazgo, valentía y heroísmo presentado en la estadía de la compañía C del Regimiento de Infantería 25 en Darwin y Prado del Ganso, en especial por sus acciones en combate, liderando en desventajas numérica y material varios contraataques al enemigo en la batalla de Darwin.

CABO 1ERO ROBERTO BASILIO BARUZZO - RI Mec 12

Por su heroísmo en la batalla del Monte Longdon, combatiendo herido por esquirlas de bombardeos en los días anteriores. En dicha batalla el Cabo Baruzzo transportó bajo fuego a lugares seguros a heridos, exponiéndose a sí mismo y arriesgando su vida en varias ocasiones, y continuando la pelea durante dichas maniobras contra infantería enemiga en combate cuerpo a cuerpo hasta agotar munición, e incluso intentando combatir con su cuchillo, hasta caer prisionero ante un pelotón de Royal Marines.

SOLDADO C62 OSCAR ISMAEL POLTRONIERI - RI Mec 6

Por sus acciones de combate durante la batalla del cerro Dos Hermanas, en donde era operador de una ametralladora, desoyendo la orden de retirada y quedándose combatiendo el solo, permitiendo el repliegue de todos sus compañeros a zonas seguras y aferrando al enemigo con su única boca de fuego, impidiéndole avanzar a todo el dispositivo ofensivo británico.

Personal de la Armada Argentina

CAPITÁN DE FRAGATA Pedro Edgardo Giachino (Post Mortem) - Agr Cdos Anf

Por su valentía, heroísmo y liderazgo demostrados durante la Operación Rosario, mediante la cual se recuperaron las islas Malvinas. En dicha ocasión, el Capitán Giacchino lideró sin abrir fuego ante las tropas británicas, el asalto a la casa del gobernador, donde al entrar por la fuerza, fue recibido por intenso fuego de fusiles de Royal Marines que estaban allí, cayendo gravemente herido. Murió en el hospital de la localidad de Puerto Argentino el mismo 2 de Abril de 1982.

TENIENTE DE NAVÍO GUILLERMO OWEN CRIPPA - Cdo Av Nav (Pil Aermacchi MB339)

Piloto de ataque, condecorado por su heroísmo y arrojo demostrado en el primer ataque aéreo al desembarco británico en Puerto San Carlos, donde, en solitario y con una aeronave liviana como el MB339 realizó un ataque al centro de la flota británica allí basada, conformada por una docena de navíos fuertemente defendidos por artillería antiaérea y misiles. Enfrentándose a todo el dispositivo abrumadoramente superior, el Teniente Crippa atacó con éxito con cohetes no guiados a la fragata británica HMS Argonaut, dejándola fuera de servicio, para luego regresar mediante maniobras evasivas y un denso fuego antiaéreo del enemigo, a su base operativa en Puerto Argentino.

TENIENTE DE FRAGATA JULIO CÉSAR BINOTTI - BIM 5

Por su arrojo, heroísmo y liderazgo demostrados durante la batalla del monte Tumbledown, donde en desventaja numérica y de materiales, lideró con éxito varios contraataques aferrando a la fuerza ofensiva británica liderada por los Guardias Galeses y Guardias Escoceses.

TENIENTE DE CORBETA HÉCTOR MIÑO - Sec Ing Anf

Por su arrojo, heroísmo y liderazgo demostrados durante la batalla del monte Tumbledown, donde en desventaja numérica y de materiales, lideró con éxito varios contraataques aferrando a la fuerza ofensiva británica liderada por los Guardias Galeses y Guardias Escoceses, acciones en las que es herido gravemente, para luego ser tomado como prisionero por las fuerzas enemigas.

SUBOFICIAL JULIO CASTILLO (Post Mortem) - BIM 5

Por su heroísmo y valentía demostrados durante la batalla del monte Tumbledown, donde en el medio del combate realizó solitariamente y por iniciativa propia una contraofensiva contra una sección británica, combatiendo de forma ejemplar y abnegada hasta caer abatido por las fuerzas enemigas. Un buque de la Armada Argentina recibió su nombre en su honor.

Personal de la Fuerza Aérea Argentina

CAPITÁN OMAR CASTILLO (Post Mortem) - Gpo 4 de Caza (Pil A-4C Skyhawk)

Por su heroísmo, valentía y arrojo durante la misión del 30 de Mayo de 1982, correspondiente al ataque al portaaviones HMS Invincible, buque insignia de la flota enemiga ubicado dentro del corazón defensivo de la misma, misión en la cual es derribado por fuego de artillería antiaérea antes de alcanzar al objetivo. Existen evidencias concretas que el portaaviones fue dejado fuera de combate ese 30 de Mayo.

CAPITÁN JOSE DANIEL VAZQUEZ (Post Mortem) - Gpo 4 de Caza (Pil A-4C Skyhawk)

Por su heroísmo, valentía y liderazgo durante la misión del 30 de Mayo de 1982, correspondiente al ataque al portaaviones HMS Invincible, buque insignia de la flota enemiga ubicado dentro del corazón defensivo de la misma, misión en la cual es derribado por un misil SAM antes de alcanzar el objetivo. Existen evidencias concretas que el portaaviones fue dejado fuera de combate ese 30 de Mayo.

CAPITÁN PABLO CARBALLO - Gpo 5 de Caza (Pil A-4B Skyhawk)

Por su heroísmo, valentía, arrojo y liderazgo demostrado durante todas sus misiones de combate en la campaña de Malvinas, especialmente en la realizada el día 25 de Mayo de 1982, día de la patria, en donde la sección a la cual comandaba atacó duramente a dos buques al norte de las islas Malvinas, siendo éstos la fragata HMS Broadsword, dejada fuera de combate en ese ataque, y el destructor HMS Coventry, siendo hundida en el mismo ataque.

TENIENTE ERNESTO URETA - Grupo 4 de Caza (Piloto A-4C Skyhawk)

Por su heroísmo, valentía y liderazgo durante la misión del 30 de Mayo de 1982, correspondiente al ataque al portaaviones HMS Invincible, buque insignia de la flota enemiga ubicado dentro del corazón defensivo de la misma, misión en la cual logra alcanzar el objetivo y lanzar sus bombas las que impactan sobre el mismo, consiguiendo posteriormente regresar sano y salvo. Existen evidencias concretas que el portaaviones fue dejado fuera de combate ese 30 de Mayo.

ALFÉREZ GERARDO ISAAC - Gpo 4 de Caza (Pil A-4C Skyhawk)

Por su heroísmo, valentía y liderazgo durante la misión del 30 de Mayo de 1982, correspondiente al ataque al portaaviones HMS Invincible, buque insignia de la flota enemiga ubicado dentro del corazón defensivo de la misma, misión en la cual logra alcanzar el objetivo y lanzar sus bombas, las que impactan sobre el mismo, consiguiendo posteriormente regresar sano y salvo. Existen evidencias concretas que el portaaviones fue dejado fuera de combate ese 30 de Mayo.

SUBOFICIAL PEDRO MIRANDA - VI Br Aé

Por su heroísmo, arrojo y abnegación al ofrecerse como voluntario y actuar por convencimiento propio como desarmador de explosivos, primero desarmando en solitario, una bomba activada dentro del buque nacional Formosa, posteriormente desactivando bombas de un avión A-4Q de la Aviación Naval que había aterrizado en la base y dañado su tren de aterrizaje chocando las bombas con el terreno, y finalmente en el penúltimo día de la guerra, al desactivar rápidamente una bomba que notó se había activado accidentalmente y estaba a punto de estallar.

SUBOFICIAL CARLOS ORTIZ - Dir Grl San

Por salir de refugios en medio de alertas rojas a asistir bajo fuego de bombardeo enemigo y en zona de combate a personal herido en los primeros días de Mayo de 1982.

Personal de la Prefectura Naval Argentina

CABO SEGUNDO JOSÉ RAÚL IBÁÑEZ – Lancha Patrullera PNA GC Río Iguazú

Por su heroísmo y arrojo demostrado al repeler por propia decisión un ataque aéreo sobre su embarcación por dos cazas Harrier enemigos, abrumadoramente superiores en armamento y poder de fuego. A pesar de no haber tenido asignado el puesto de la ametralladora, el Cabo Ibáñez no dudó en recogerla al caer su operador y respondió a los ataques de los aviones enemigos, logrando averiar seriamente a uno de ellos con material liviano y poco adecuado para la lucha contra aviones, forzando a la patrulla aérea británica a retirarse

Fuente: Diario Soldados Digital 2011.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Aniversario del combate Rio Pueblo Viejo Tucuman

El 14 de febrero de 1975 se libró el primer combate en los montes tucumanos entre efectivos del Ejército Argentino y del “Ejército Revolucionario del Pueblo” (ERP).
El hecho tuvo lugar en el contexto de la “Operación Independencia”, un conjunto de acciones militares y cívicas ordenadas por la entonces presidente de la Nación María Estela Martínez de Perón para “neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”, tal el texto del Decreto firmado el 5 de febrero del mismo año.
Relato del Teniente Coronel Rodolfo Richter, donde cuenta como perdió la vida el Capitan Héctor Caceres.
Fotografia ilustrativa.
Avanzábamos por un sendero angosto, en columna de a uno, bordeando el río. Los árboles no eran muy altos. No se veía más allá de cinco metros (…)
Después de recorrer un trecho muy corto, vi delante de mí, a unos diez metros, a un subversivo. Estaba parado en medio del camino. Llevaba uniforme, kepis y un arma en la mano (…)
Hubo un instante en que nos quedamos mirándonos. Su sorpresa debió ser exactamente igual a la mía. Yo llevaba el fusil con ambas manos, y pude tirar primero. El tipo se escapó, y allí cometí el gran error. En vez de quedarme donde estaba, me lancé a perseguirlo. Me dejé llevar por el impulso y por la inexperiencia. Tenía veintiséis años.
Empecé a correr tras él tirando, y supongo que debo haber pasado junto a un hombre de “seguridad” de ellos. Sentí un golpe en la espalda y caí de bruces. Alguien, que debía ser el mismo que me disparó, pasó corriendo a mi lado.
El suboficial (un cabo primero) también cayó herido. Le tiraron por la espalda, como a mí. Uno de ellos saltó para rematarlo, pero en el momento de disparar se le trabó el arma y se apartó unos pasos para ponerla en funcionamiento. El cabo 1º tomó el fusil con una sola mano, porque el otro hombro lo tenía inutilizado, y apuntó hacia donde estaba agachado el enemigo. Cuando vio que se levantaba, disparó. Le pegó el balazo justo en la frente (…)
Se produjo un pequeño silencio y después volvió a arreciar el tiroteo (…)
Quedé casi bocabajo, medio de costado, sin poder moverme. El fusil había caído a unos tres metros.
En ese momento, grité: ¡Cáceres, estoy herido!
Y… ¡mi teniente primero….! Nunca me lo hubiera imaginado. Cáceres saltó y se tiró cuerpo a tierra a mi lado. Me dí cuenta de que estaba arriesgando demasiado y le dije: Mi teniente primero, ¿qué hace? Me respondió tranquilamente: Quédate tranquilo, que ya te saco.
Oí varios disparos y cerré los ojos.
Le encajaron un balazo. Escuché un pequeño quejido y se quedó inmóvil. Había muerto.
Se produjo una pequeña pausa. Sólo entonces tomé plena conciencia de que estaba muy mal. Sentí de todo: miedo, angustia, bronca. Tenía un fuerte dolor en la espalda y no podía mover las piernas.
Cuando fui destinado a Tucumán tenía muy presente las imágenes de mis camaradas asesinados. Me acordaba de Paiva, un buen oficial instructor, al que mataron por la espalda cuando esperaba el colectivo (microbus).
Después de que me hirieron, sí noté que odiaba. Después me dí cuenta de que ese sentimiento me estaba destruyendo, haciéndome daño. El odio destruye primero a quien lo siente. No sé cómo, no recuerdo haber hecho un gran esfuerzo, pero me lo quité de encima.
No odio al tipo que me tiró. Tenía la obligación de hacerlo. No por su ideología política, sino porque si no, lo bajaba yo a él. Tal vez mi sentimiento sea distinto hacia el subversivo urbano que ponía bombas y cometía atrocidades. En Tucumán la cosa era más clara: o ellos o nosotros, cosa de hombres.
Teniente Coronel Rodolfo Richter

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Museo Historico Militar de San Rafael (I)

Es único en el interior del país por sus características edilicias, ya que en este edificio funcionaba la Comandancia y Administración del Cuadro Nacional. Estas características se basan en que es una construcción que data aproximadamente del año 1890, la que en esencia ha mantenido su estructura y fachada original. Se resaltan sus paredes construidas con adobe crudo de 1 metro de ancho, los portones de madera también son originales y además se observa debajo del vidrio protector el piso original de ladrillos. Está situado en avenida Mitre 5500 de Cuadro Nacional.
 La muestra recorre la historia del ejército a través de vestimenta, uniformes, armamento y maquetas que muestran las principales batallas libradas por por el Ejercito Argentino. En el parque se exhiben cañones y vehículos militares de todas las épocas.