martes, 11 de junio de 2019

Batallon de Arsenales 604 - Rio IV

El Batallón de Arsenales 604 "Tcnl JMR" es en la actualidad la prosecución viva, de la Fábrica Nacional de Pólvora creada por decreto del Año 1879, por quien fuera entonces el Presidente de la República Argentina Doctor NICOLAS AVELLANEDA y que se inaugurara oficialmente el 06 de Noviembre del año 1883 con la presencia del Ministro de Guerra y Marina General BENJAMÍN VICTORICA, nombrándose como director al Ingeniero Don FEDERICO CARULLA.
En 1898 el Presidente de la Nación, JOSE EVARISTO URIBURU, la convirtió en el Arsenal Regional del Centro y con fecha 10 de Mayo de 1917 pasa a denominarse Arsenal José María Rojas, ese Decreto fue firmado por el Presidente de la República Hipólito IRIGOYEN y refrendado por el Ministro de Guerra ELPIDIO GONZALEZ.

En esta época se incrementa la importancia del Arsenal como órgano proveedor, haciendo en consecuencia la necesidad de dotarlo de una unidad propia que tenga a su cargo la seguridad, creándose así la Compañía del Arsenal "José María Rojas" que pasa a cumplir misiones que hasta entonces tenían las unidades con asiento en Río Cuarto.
Ya en el año 1943, se amplían los talleres, se crea el Taller Mendoza en la ciudad de ese nombre y dependiente de éste Arsenal; también en ese periodo, inicia sus actividades la Escuela de Aprendices Artesanos y la Escuela de Talabartería con el fin de lograr obreros especializados escasos en la zona para cubrir las necesidades internas.
La 2da Compañía de Reparaciones Motorizadas, dependientes de éste Arsenal fue creada en el año 1950, para colaborar con la reparación de los distintos materiales. Posteriormente la Compañía fue trasladada con todos sus efectivos a la ciudad de Córdoba, en el año 1958.
A partir de 1965, se convierte en el Batallón de Arsenales 141 "José María Rojas" proporcionando apoyo de mantenimiento en toda la jurisdicción del Comando del Tercer Cuerpo de Ejército "Ejército del Norte".
En ocasión del Conflicto Bélico del Atlántico Sur, esta Unidad cumplió con su misión recibiendo el reconocimiento de la superioridad. En esta circunstancia trasladó un gran volumen de munición al sur del país, contando con la colaboración de distintos camiones y medios de transporte de firmas comerciales y propietarios particulares en nuestra ciudad y de la zona, conjuntamente con elementos provenientes de la Dirección de Arsenales y elementos de Ferrocarriles del Estado.
El 01 de Enero de 1996, se reestructura como Compañía de Munición 141, y a partir del 01 de Enero de 1998 pasa a denominarse Batallón de Arsenales 604 "Tcnl José María Rojas", con dependencia orgánica de la Dirección (hoy Comando) de Arsenales, constituyéndose en uno de los CUATRO (4) Batallones más importantes de nuestro Ejército que ejecutan el 2do y 3er Nivel de Mantenimiento de Efectos, como así también el abastecimiento de los Efectos Clase II, IV y V a la Fuerza.
Tanto hoy como ayer, la capacidad operativa del Batallón nos ha brindado la facilidad de acompañar silenciosa pero trascendentalmente la transformación que viene realizando el Ejército con el objeto de responder a las exigencias que demanden los tiempos presentes y venideros.
"Vale la pena expresar que JOSÉ MARÍA ROJAS se incorporó como Soldado al Regimiento 1 "Patricios" y participó contra las Invasiones Inglesas, fue un estudioso de la física y de las matemáticas, llegando a ser Subdirector del Parque, con el grado de Capitán, ascendiendo luego por méritos y designado Director del Parque con el grado de Sargento Mayor. Debido a una enfermedad terminal, abandona su cargo pasando a retiro otorgándosele el grado de Teniente Coronel."

jueves, 6 de junio de 2019

Voladura Puente Fitz Roy

2 de junio de 1982 - 37 años hoy - Voladura del Puente Fitz Roy

"El puente, de unos 3,5 m de ancho por más de 100 m de largo, era un paso estratégico. A través de él, se acortaba el camino desde Darwin a Puerto Argentino. Sin el puente, había que dar un enorme rodeo de más de 20 km. (...) Desde el Comando Superior, el 2 de junio llegó por radio la orden de voladura. Alistamos nuestras cosas para partir rápidamente con lo imprescindible. A las 14.30 horas, el teniente Blanco dio fuego a las cargas y voló unos veinticinco metros del puente. Por radio, dimos parte de que la misión estaba cumplida."

Testimonio del suboficial mayor "VGM" Juan José Martín, por ese entonces cabo del Arma de Ingenieros.

jueves, 23 de mayo de 2019

Tte 1° (PM) Ernesto Emilio Espinosa

Espinosa, que tenía 25 años, estaba casado y era padre de dos pequeñas niñas al momento de la guerra, integraba la primera sección de la Compañía de Comandos 602, que con un agregado del 601 tenía la misión de adentrarse 40 kilómetros delante de la primera línea nacional para informar sobre las actividades británicas tras el desembarco en San Carlos.

Recién llegados a Malvinas y con data imprecisa sobre la ubicación del enemigo, el capitán José Vercesi y sus doce hombres partieron de Puerto Argentino la gélida mañana del 29 de mayo de 1982 a bordo de dos helicópteros que volaron a ras del piso para evitar radares y posibles ataques. Así llegaron al pie de Monte Simons, sin saber que a escasa distancia había un campamento británico. Según lo acordado, el rescate sería al tercer día. El ascenso les llevó toda la jornada, pero desde la cima lograron divisar un corredor aéreo de helicópteros enemigos que transportaban cañones y bultos, movimientos que lograron transmitir hasta que los marines les bloquearon las comunicaciones.

La mañana del 30, tras una noche nevada, el grupo de élite emprendió la vuelta sobre la dificultosa turba rumbo a Fitz Roy, que si bien estaba a 25 kilómetros en sentido sur a la capital isleña, era donde se encontraba la sección argentina más próxima.

Con sus hombres mojados hasta la cintura tras haber cruzado el arroyo Malo y previendo otra noche helada, Vercesi tomó la riesgosa decisión de hacer un alto en el puesto ovejero, un galpón de madera y chapas que tenía dos plantas. "Admito que fue un error guarecernos allí, pero había condicionamientos: era eso o arriesgarme a perder la mitad de mi gente, que tenía principio de congelamiento en los pies", recuerda hoy el ex jefe del comando.
El 31, físicamente repuestos y con la ropa seca, despertaron muy temprano y empezaron a prepararse para seguir viaje. A las ocho escucharon un helicóptero. Como era el tercer día de la misión, pensaron que podía ser el rescatista, aunque a causa de la bruma ni los visores nocturnos resultaron útiles. El ruido cesó, no la incertidumbre, por lo que apuraron todo para dejar el galpón.

En ese momento, Espinosa, que desde un ventanal del primer piso recorría el paisaje con la mira telescópica de su fusil, advirtió:

"¡Me parece que viene gente avanzando!".

En efecto, eran marines del Cuadro de Guerra para Montaña y el Artico al mando del capitán Rod Boswell, camuflados con uniformes que se confundían con la turba. Siete hombres se apostaron frente al puesto, a 60 metros, mientras otros 12 rodeaban el lugar, resguardados por una elevación más alejada.

Ante el alerta de Espinosa, el sargento Miguel Castillo se sumó al avistaje. También vio bultos que se movían sin poder precisar si eran personas u ovejas. Hasta que la claridad despejó toda duda. Ambos dieron rápido aviso a quienes estaban abajo para que salieran del puesto, y Castillo instó a Espinosa a hacer lo mismo, pero el tirador especial de la fracción le contestó:

"¡No, yo me quedo! Acá tengo más campo de tiro", y de inmediato abrió fuego. La respuesta con un proyectil antitanque hizo estremecer la estructura y los marines siguieron el avance disparando con lanzacohetes y fusiles lanzagranadas. Los argentinos sólo disponían de fusiles FAL y granadas de mano.

El teniente primero Espinosa fue alcanzado por una granada enemiga en el pecho, esa misma granada provocó que explotaran las otras dos que él tenía en su correaje
Su acto de entrega les dio tiempo a sus compañeros para dejar el galpón antes de que se incendiara y para correr hasta la orilla del arroyo, donde se apostaron para luchar. Los más rezagados lograron saltar entre el fuego, por una ventana y un tragaluz a cinco metros de altura. "Nosotros salimos combatiendo y eso sorprendió a los británicos porque pensaban que nos íbamos a rendir desde adentro", explica Vercesi. Boswell lo confirma: "Los argentinos no debían haber permanecido dentro de la granja, pero suplieron esa falta de profesionalidad con valor. Todos los que pudieron salieron de la casa y lucharon hasta que no pudieron más", reconoció el capitán británico en un documental de la BBC dedicado a Top Malo.

La resistencia duró media hora, lapso en el que también murió el sargento Mateo Sbert y fueron heridos otros seis comandos.

Entre ellos, el teniente Horacio Losito, Los británicos sólo reconocieron tres heridos, aunque algunos comandos sostienen que el bando enemigo también tuvo muertos. En su libro Comandos en Acción, el historiador Isidoro Ruiz Moreno detalla que algunos marines "lloraban en torno a un cadáver". Como sea, finalizado el combate, Vercesi pidió buscar a Espinosa entre el galpón derrumbado, pero Boswell le dijo que era en vano.

Museo Historico Militar de San Rafael (II)

Segunda tanda de fotografias del Museo Historico Militar del Ejercito Argentino, ubicado en la localidad de San Rafael, Mendoza.
Fotografias Enero 2015.































lunes, 20 de mayo de 2019

A 37 años del combate de San Carlos (generalidades)

El 21 de mayo de 1982, los británicos realizaron maniobras de aproximación en la zona de Puerto San Carlos para establecer así una cabeza de playa desde donde proyectar el ataque terrestre sobre la Isla Soledad.
El jefe del Equipo de Combate “Güemes”, teniente primero Carlos Daniel Esteban, al frente de una fracción de su compañía, enfrentó a las tropas, superiores en número y en tecnología, y les produjo en su repliegue numerosas bajas por más de 72 horas.
Nuestro hombres de los regimientos de Infantería 12 y 25 lucharon para detener el inminente desembarco. Durante estas acciones, la Aviación Argentina hundió la fragata HMS Ardent y tres helicópteros ingleses fueron derribados por la lluvia de proyectiles que dispararon nuestros soldados .

lunes, 22 de abril de 2019

Sherman´s en Santa Romana

Carros de combate Sherman M4 (generalidad), fotografiados en la estancia Santa Romana, San Luis. En distintos grados de conservacion, se puede comentar que por lo menos uno esta en orden de marcha.
Fotografias 13Abr19.





domingo, 31 de marzo de 2019

Sherman Museo Del Ejercito

Sherman repotenciado, mostrado aqui con una pala "tipo topadora". Preservado en el sector "Ingenieros" del Museo Historico del Ejercito.
Fotografias 18Mar19.


miércoles, 20 de marzo de 2019

Tcnel. Fray Luis Beltran

Nació en las proximidades de la ciudad de Mendoza, el 7 de setiembre de 1784, siendo sus padres, Luis Bertrand, francés de origen, que poseía un almacén en las inmediaciones de la plaza mayor de aquella capital; y Manuela Bustos. El niño fue bautizado en la iglesia de Mendoza, de 3 días de edad, el 10 de setiembre de 1784, con los nombres de José Luis Marcelo, y por un error de escritura fue asentado como hijo de “D. Luis Betrán”, a lo que se debe que su apellido quedase alterado para el porvenir. Fue apadrinado en óleos, por Simón Videla y María Josefa Reyes.

Siguió sus estudios primarios en el curso de carácter social, histórico, filosófico y teológico, que dictaban los sacerdotes del Convento de San Francisco, donde se especializaban los conocimientos en geografía, latín, gramática castellana, caligrafía, aritmética, etc. El ambiente religioso pronto hizo inclinar su vacilante vocación por la Iglesia y el 20 de agosto de 1800 formulaba su testamento abandonando las prerrogativas terrenales para optar por la Sagrada Religión. Casi seguidamente fue trasladado al Convento Provincialito de Santiago de Chile, acompañado por el Provincial de la Santísima Trinidad de aquel país, Fray Teodoro de Villalón.

Algunos años después es nombrado vicario de coro, permaneciendo en Chile hasta el año 1812, en el Convento de referencia. En el curso de este último año fue designado para desempeñar las funciones de capellán del ejército de Carrera, con el cual asistió al combate de Hierbas-buenas, donde los patriotas sufrieron una derrota. Después de este combate fue preciso pensar urgentemente en la recomposición del material inutilizado (que era numeroso), razón por la cual debió crearse una maestranza. Beltrán, que en el convento se había dedicado al aprendizaje de muchos oficios manuales, especialmente en el ramo de la mecánica, frecuentemente se trasladaba a aquella maestranza, donde repetidamente formulaba sus observaciones, muy juiciosas, Sus conocimientos técnicos fueron valorados de inmediato y su asesoramiento oficioso se consideró poco después que no era suficiente y se le nombró teniente de artillería a cargo de la maestranza, teniendo el título en propiedad, pero sin abandonar los hábitos
Museo Historico del Ejercito.

 Prestó servicios en el sitio de Chillán y acompañó a los Carreras en su última campaña, precursora del desastre de Rancagua, que se produjo el 2 de octubre de 1814. Después de este contraste, Beltrán regresó a pie a su patria, con un saco de herramientas al hombro, conteniendo todos los instrumentos que había inventado o construido con sus manos para elaborar por “adivinación los variados productos de su genio”. “Todo caudal de ciencia –dice Mitre en su Historia de San Martín-, lo había adquirido por sí en sus lecturas, o por la observación y la práctica. Así se hizo matemático, físico y químico por intuición; artillero, relojero, pirotécnico, carpintero, arquitecto, herrero, dibujante, cordonero, bordador y médico por la observación y la práctica; siendo entendido en todas las artes manuales; y lo que no sabía lo aprendía con solo aplicar a ello sus extraordinarias facultades naturales”.

Llegado a Mendoza, Beltrán bien pronto se incorporó al ejército que alistaba febrilmente San Martín en el campamento de El Plumerillo, con el fin de realizar la colosal empresa que debía afianzar la independencia argentina, y emancipar Chile y el Perú de la dominación española. Capellán del Ejército de los Andes, Beltrán no tardaría en trocar el evangelio y la cruz por la espada, siendo nombrado el 1º de marzo de 1815, teniente 2º del 3er Batallón de Artillería. Casi al mismo tiempo se hacía cargo de la maestranza de aquel Ejército, pues el General en Jefe de éste, con su visión de águila, adivinó excepcionales méritos en el sacerdote soldado; le encomendó el montaje del Parque y Maestranza, llegando a disponer de 700 hombres en sus talleres, y allí se preparaba desde las piedras de chispa para los fusiles, herrajes para los caballos y hasta el calzado para la tropa.

Dice Mitre: “Al soplo del padre Beltrán, se encendieron las fraguas y se fundieron como cera los metales que modeló en artefactos de guerra. Como un Vulcano vestido con hábitos talares, él forjó las armas de la revolución. En medio del ruido de los martillos que golpeaban sobre siete yunques y de las limas y sierras que chirriaban, dirigiendo a la vez 300 trabajadores, a cada uno de los cuales enseñaba su oficio, su voz casi se extinguió al esforzarla, y quedó ronco hasta el fin de sus días. Fundió cañones, balas y granadas, empleando el metal de las campanas que descolgaba de las torres por medio de aparatos ingeniosos inventados por él. Construía cureñas, cartuchos, pertrechos de guerra, mochilas, caramañolas, monturas y zapatos; forjaba herraduras para las bestias y bayonetas para los soldados; recomponía fusiles y con las manos ennegrecidas por la pólvora, dibujaba sobre la pared del taller, con el carbón de la fragua, las máquinas de su invención con que el Ejército de los Andes debía transmontar la Cordillera y llevar la libertad a la América”.
Frecuentemente se le veía pasear vestido de uniforme en un excelente caballo chileno, y a veces acompañaba al general San Martín en sus paseos; otras, andaba solo, pues se había hecho ya entonces algo reconcentrado y taciturno. Realizaba incursiones para obtener salitre y azufre y hasta se trasladó a San Juan una vez, donde le habían informado sobre la existencia de una mina de plomo.

El 31 de mayo de 1816 fue ascendido por San Martín a teniente 1º con grado de capitán; y en el memorable pasaje de los Andes por el ejército de San Martín, Beltrán condujo el parque, maestranza, obreros y pasó rodando siete cañones y dos obuses, los que condujo hasta la misma ciudad de Santiago de Chile.

Para atravesar la Cordillera construyó medios apropiados para su transporte en aquellos pasos fragosos y difíciles. El mismo celo e infatigable actividad que se le vio desplegar constantemente en los talleres de Mendoza, exteriorizó en el cumplimiento de sus tareas en el arduo pasaje, destacando en forma memorable las dotes superiores de inteligencia y capacidad de trabajo que han inmortalizado su nombre. (1)

Bueno es recordar aquí, que el coronel José Gazcón, Inspector General del Ejército de las Provincias Unidas, había antepuesto el año anterior un dictamen completamente contrario a la incorporación del fraile-soldado, a las listas de oficiales de las fuerzas acampadas en El Plumerillo, por considerar tal procedimiento como anticatólico. Afortunadamente los reparos formulados por Gazcón no los tuvo el jurista canónico doctor Diego Estanislao Zavaleta, el 4 de noviembre de 1816, que dictaminó haciendo desaparecer todo reparo que había sido ocasionado por el mencionado Inspector General, en el expediente de San Martín proponiendo el ascenso de Beltrán. En virtud del dictamen de referencia, por acuerdo de 8 de noviembre de aquel año, el Superior Gobierno accediendo a la propuesta, mandaba expedir los correspondientes despachos de capitán de artillería graduado al teniente 2º Fray Luis Beltrán, pero con la antigüedad que le había otorgado el general San Martín.

Concurrió a la batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817, por cuya acción el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata le concedió la medalla de plata otorgada por decreto de 15 de abril de aquel año. Además, en el parte detallado de la acción, el ilustre General vencedor entre otros jefes, recomienda de un modo especial al capitán Beltrán que se había distinguido en el cuerpo de artillería y en la conservación del Parque, y dice textualmente:

“A sus conocimientos y esfuerzos extraordinarios, auxiliado del benemérito emigrado chileno Don N. Barrueta, se debe el trasmonte de la artillería con el mejor suceso por las escarpadas y fragosas cordilleras de los Andes, y nada se ha resistido al tesón infatigable de aquel honrado Oficial…..”.

Tan nobles y patrióticos esfuerzos fueron premiados con la efectividad de capitán de artillería, cuyos despachos le fueron conferidos con fecha 7 de mayo de 1818 pero con antigüedad de 15 de mayo de 1817. Al llegar a Santiago, el capitán Beltrán al frente de su maestranza, fue ubicado en el cuartel de San Pablo. Un decreto posterior de O`Higgins, dado el 21 de febrero de aquel año (1817), mandó que se le entregara cuanto antes la casa de ejercicios espirituales llamada “Loreto”, ubicada en los arrabales de la capital, lugar denominado callejón de la Ollería, actual calle de la Maestranza. Allí se establecieron los almacenes de armas y municiones del ejército y la maestranza del mismo. Esta última adquiere una importancia enorme, pues los elementos son menos escasos que en Cuyo y el salitre está más a mano. Además, ya contaba con una respetable cantidad de obreros y el propio Beltrán había adquirido una gran práctica para el desempeño de sus altas e importantísimas funciones. El Director O´Higgins, con la patriótica supervisión que puso en todos sus actos públicos, le dio carta blanca para que trabajara a su antojo y le facilitó la creación de un establecimiento ejemplar, el más grande y mejor organizado que hubo en aquella época en toda América.

Beltrán forjaba entonces las armas destinadas a la culminación de la campaña transcontinental que imaginara el vencedor de Chacabuco, yendo a libertar a los hermanos del Rimac. El 12 de febrero de 1818 se declaró la independencia de Chile, encargándose Beltrán de los fuegos de artificio con los cuales se celebró tan fastuoso acontecimiento.

Por tan eminentes servicios, el 1º de febrero de aquel año, el Gobierno de Chile le confirió despachos de comandante del Batallón “nuevamente creado de ambos ejércitos, de los diversos gremios que están destinados a los trabajos de maestranza, en el Parque de Artillería y con el sueldo que goza por capitán”.

El desastre de Cancha Rayada puso a Beltrán en el más difícil trance: el parque se había perdido y solo 5 cañones fueron salvados en aquella tremenda noche. El incansable sacerdote-soldado recogió por todas partes cuanto hierro, acero y demás metales que pudieran servir para la confección de armas y municiones, y otra vez los yunques y las fraguas resonaron armoniosamente: 93 hombres, 22 mujeres y 47 niños de 14 a 18 años, blancos y negros, de todas las esferas sociales, trabajaron afiebradamente para dotar a los futuros vencedores de Maipú de las armas con las que iban a derrotar a los audaces atacantes de Cancha Rayada. 22 cañones, parque, pertrechos, proyectiles, etc., estuvieron listos en breves días, para contribuir poderosamente al glorioso triunfo de Maipú, el 5 de abril de 1818. Por los méritos que adquirió Beltrán por su actividad extraordinaria en aquellas memorables jornadas, y por su participación en aquella batalla decisiva, el Gobierno de Chile lo condecoró con una medalla de plata; y el de Buenos Aires, con un cordón de plata de honor, declarándolo al mismo tiempo “Heroico Defensor de la Nación”. El 9 de abril de 1818 solicitaba su retiro del Ejército de los Andes, que le fue concedido por el Director Pueyrredón el 14 de mayo, regresando a Mendoza por orden de San Martín, expedida el 5 de enero de 1819, por haberlo así solicitado el gobernador de aquella provincia. En Mendoza, Beltrán permaneció unos ocho meses, reorganizando la maestranza y actuando con el respeto de sus semejantes. Al cabo de ellos volvió a Chile, por requerirlo así las necesidades del alistamiento de la campaña libertadora del Perú.

Preparó todos los pertrechos con que se contó para esta admirable empresa, completando el parque del ejército expedicionario, embarcándose el propio Beltrán en Valparaíso, el 20 de agosto de 1820, en el carácter de Director de la Maestranza del Ejército Libertador, cargo que desempeñó desde aquella fecha hasta agosto de 1824.

Por los servicios que prestó en esta campaña, obtuvo una medalla de oro que le concedió el Protector del Perú con el lema: “Yo fui del Ejército Libertador”. Fue declarado Asociado de la “Orden del Sol”, creada el 8 de octubre de 1821 para premio de los ciudadanos virtuosos y en recompensa a los hombres meritorios, siéndole asignada a Beltrán la pensión de 250 pesos anuales.

El 22 de octubre de 1821 ascendió a sargento mayor graduado. En marzo de 1822 fundió 24 cañones de montaña, arma de que se hallaba carente el ejército. Aprestó en el ramo de pertrechos de guerra, cuatro expediciones marítimas: una, la que marchó a las órdenes del brigadier Domingo Tristán; las dos a Puertos Intermedios, al mando de los generales Rudecindo Alvarado y Andrés de Santa Cruz, respectivamente; y la última, la que fue a Arequipa a las órdenes del general Sucre.

Por tantos merecimientos, el 20 de septiembre de 1822, recibió la efectividad de sargento mayor y el 18 de agosto de 1823, los despachos de teniente coronel graduado. En el curso de este último año se retiró con el parque y la maestranza a los castillejos del Callao, en el mes de junio, ante la aproximación del ejército de Canterac. Allí permaneció hasta el mes de julio, en que los enemigos levantaron el sitio que habían impuesto a aquella plaza fuerte y se retiraron.

A consecuencia de la sublevación del Callao, el 5 de febrero de 1824, encabezada por los sargentos Moyano y Oliva, el comandante Beltrán se retiró a Trujillo, conduciendo la maestranza y obreros, donde continuó sus tareas para pertrechar el ejército del general Bolívar, cuyo cuartel general estaba instalado en aquella ciudad.

Un día Bolívar visitó personalmente el parque y maestranza, donde halló entre otras armas, un millar de tercerolas y fusiles; dio la orden terminante a Beltrán de limpiar ese armamento, aceitarlo y encajonarlo en el perentorio término de 3 días, pues conceptuaba que aquellas armas eran indispensables para las operaciones del ejército.

No obstante que Beltrán puso todo su infatigable celo para cumplimentar lo ordenado, 8 días después aún no había terminado la pesada tarea, pues escaseaban los obreros y los armeros eran pocos para recorrer tanto armamento, a fin de dejarlo en condiciones de ser utilizado en las futuras operaciones. Cuando al cabo de aquel tiempo se presentó nuevamente Bolívar al Parque, al ver que su orden no estaba cumplida, no sólo reconvino en tono altanero y despótico a Beltrán, sino que lo amenazó con mandarlo fusilar. Esta escena, que no era una excepción en los procedimientos despóticos del Libertador de Colombia, acostumbrado a tratar muy mal a sus subordinados según es fama entre los recuerdos que nos legaron los gloriosos soldados que fueron actores en la última etapa de la libertad del Perú, dejó una profunda impresión en Beltrán; aquella injusticia extravió su inteligencia y la idea del suicidio atenazó su espíritu.

Resuelto a cumplir tan fatal designio, se encerró en la pieza donde se alojaba, con un brasero de carbón, sobre cuyas brasas derramó asafétida (2); acostándose después sobre su cama, de la cual esperaba no levantarse más con vida.

Pero la familia en cuya casa se hospedaba sintió el fétido olor de aquella humareda, e impuesta de la escena que había sucedido entre Beltrán y Bolívar, echó abajo la puerta de la habitación del primero, sacándolo semiasfixiado. Se le prodigaron los cuidados que la ciencia aconseja, concurriendo médicos del ejército y sus amigos, pero desgraciadamente el insigne sacerdote-soldado se había vuelto loco.

El mal era grave y debió por supuesto abandonar sus tareas. Se le veía por las pobres calles del pueblito de Huanchaco, recorrerlas gritando: “¡Ahí viene…. ahí viene…. No le dejen llegar…. Es Bolívar…. Es Bolívar!”. Otras veces lo hacía llevando un cajoncito vendiendo “agua fresca y cigarros fuertes”. Así anduvo 5 días vagando por las calles, seguido por los pilluelos que gritaban: “¡El loco! ¡El loco!”.

Extenuado por la fiebre y por la fatiga, fue recogido por la familia de la buena mujer que le lavaba la ropa. Allí lo pusieron en cama y le dieron un caldo; el desventurado patriota estaba debilitado, durmió y con un régimen de tranquilidad fue convaleciendo. Una profunda postración física le quedó algún tiempo, pero al fin recobró la razón.

Restablecido completamente de su enfermedad, el 14 de agosto de 1824 se alejó de Huanchaco, embarcándose con destino a Chile, para de allí pasar a Buenos Aires. En el barco en que lo hizo se encontró con el coronel Espejo, que habiéndose embarcado en un puerto norteño, tenía el mismo objetivo en su viaje que Beltrán. También iban otros oficiales del Ejército Libertador que regresaban a su patria. En la travesía, un furioso temporal desarboló el buque, y por instantes se creyó que se hundiría y tan inminente fue el riesgo de vida que corrieron los pasajeros y tripulantes que una vez desembarcados en Valparaíso, realizaron una demostración pública piadosa, en agradecimiento al Ser Supremo por la salvación extraordinaria.

El 17 de junio de 1825 llegó Beltrán a Buenos Aires. Desde Mendoza, en marzo y abril de aquel año, había solicitado sin resultado, que se le concediese licencia con medio sueldo, a fin de atender su quebrantada salud, señalando al Gobierno, que se había visto obligado por la estrechez de sus recursos “a recibir el alimento diario por favor, pues absolutamente no me ha quedado para subsistir”.

Después de un corto descanso de dos meses, en agosto de aquel año, Beltrán y Espejo fueron destacados al ejército que organizaba sobre la línea del río Uruguay, el general Martín Rodríguez: el primero como Jefe del Parque y el segundo, como ayudante del Estado Mayor General. El 13 de noviembre de 1826 le fue revalidado su grado de teniente coronel por el Gobierno Argentino, habiendo obtenido despachos de sargento mayor el 7 de septiembre del mismo año.

Las funciones del teniente coronel Beltrán fueron de gran importancia, pues no solo alistó armas para los varios de miles de soldados que se instruían en las costas entrerrianas, sino que también proveyó armamento a los diferentes buques de la escuadra confiada a la hábil dirección del Almirante Brown; el cual debió hacer frente en todos los encuentros a fuerzas navales muy superiores, de donde resultaron averías muy importantes para los barcos republicanos y sus piezas de combate quedaron frecuentemente fuera de uso. Sin bien es cierto de que la escuadra tenía sus talleres de reparaciones, también lo es de que Beltrán tuvo influencia importante en su dirección.

Actuó en la batalla de Ituzaingó, pero el mal estado de su salud lo obligó a abandonar la campaña y regresar a Buenos Aires y sintiendo que se aproximaba su fin, pasó sus últimos meses reconcentrado en las prácticas religiosas, haciendo penitencias y nuevos votos de castidad, pasando días de prueba y de tortura. Reclamó la presencia de un sacerdote para comulgarse y reconciliarse con el Ser Supremo. Durante dos días los sacerdotes franciscanos rodearon su lecho y finalmente, pidió ser vestido nuevamente con el hábito de la Orden, renunciando a las armas. Nombró albacea a su antiguo amigo, el después general Manuel Corvalán.

El teniente coronel Luis Beltrán, falleció a las siete de la mañana del 8 de diciembre de 1827; y al día siguiente fue sepultado en el Cementerio del Norte “en clase de sacerdote que era, por haber renunciado a la carrera militar antes de morir”, según expresa la comunicación de Corvalán al Inspector y Comandante General de Armas de fecha 10 del mismo mes y año. El otro acompañante de su cadáver fue el general Tomás Guido.

A pesar de que en su testamento de 29 de agosto de 1800, Beltrán dice ser nacido en San Juan, se considera que este suceso se produjo viajando su familia de esta ciudad a la de Mendoza, ya que solo tenía tres días cuando llegaron sus progenitores a esta última, donde fue bautizado, como queda dicho. Su madre sobrevivió hasta 1847.

Referencias

(1) En realidad la artillería transportada sumaba: 2 obuses de 6 pulgadas, 7 cañones de batalla de a 4, 9 cañones de montaña de a 4 y dos cañones de hierro de un calibre, y dos de 10 onzas con sus respectivas cureñas y armones. Las municiones eran considerables: 300 granadas, 200 tarros de metralla para obús, 2.100 tiros de bala, 1.400 tiros de metralla, 2.700 tiros a bala para las piezas de montaña, etc. etc. etc..
(2) La asafétida (Ferula asafoetida) es una especie botánica de olor muy fuerte, bastante repugnante, vagamente similar al ajo.

Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

Fuente y agradecimiento: www.revisionistas.com.ar

jueves, 28 de febrero de 2019

Teniente Primero (PM) Luis Carlos Martella

12 de junio de 1982 - Muere heroicamente el teniente primero (post mortem) Luis Carlos Martella en Malvinas

Compartimos esta emocionante historia sobre la batalla en la que perdió la vida heroicamente el teniente primero Martella.

Al comenzar la noche del 11 de junio de 1982 y precedidas por una intensa preparación de fuego de artillería terrestre y naval, las fuerzas inglesas atacan la posición de la Compañía “C” del Regimiento de Infantería 4 que ocupa en Monte Dos Hermanas. A partir de las 22 horas, el enemigo acciona en el sector sur. “Allí se combate contra efectivos muy superiores, hasta el 12 a las 6 de la mañana, rechazándose, durante varias oportunidades el asalto inglés. El enemigo que no logra hacer pié en las alturas pese a sus reiterados intentos, combina su acción con una intensa iluminación de la zona, para favorecer el fuego de saturación de sus armas pesadas. Luego, al amparo de la oscuridad, avanza buscando rodear las posiciones, atacándolas, preferentemente, desde los flancos y retaguardia. No obstante, sus intentos no dan resultado.

” El Jefe de la Sección Apoyo Morteros de 81mm y Cañones sin retroceso no cuenta con aparatos de visión nocturna. A las 2 de la mañana el enemigo comienza su avance y va penetrando lentamente la posición. A las 3 de la mañana la sección apoyo ha agotado su munición. El jefe de compañía se halla herido al igual que el 50% del personal de cuadros. Las secciones de primera línea inician el repliegue y a continuación lo hace la Sección Apoyo, pero su Jefe el teniente primero D. Luis Carlos Martella y otro oficial se mantienen en su posición frenando con sus armas portátiles el ataque enemigo para dar tiempo al resto de las propias tropas de efectuar ordenadamente el repliegue. Saben que esa acción puede ser de sacrificio. El ataque enemigo se hizo más rápido y sobrepasó la posición recibiendo fuego desde el frente y la retaguardia. Deciden entonces infiltrarse para reunirse con las propias tropas. El fuego de la artillería es muy intenso, pero la niebla facilita la acción. Saltando de cubierta a cubierta en las pausas de la artillería, siguen avanzando hasta que varios impactos de una ráfaga de ametralladora dieron en el pecho de Martella que alcanzó a ordenar, “Usted siga”. A las 6 de la mañana, la posición cae en poder del enemigo. La misión que se impuso de permitir el repliegue de sus hombres, se había cumplido con el costo de su propia vida. Y allí quedó hundido en el barro, su sangre y su gloria.

El teniente primero D. Luis Carlos Martella había nacido en Buenos Aires el 16 de Septiembre de 1957 y era hijo del general de división D. Santiago Luis Martella. Egresó del Colegio Militar de la Nación en los primeros puestos de la Promoción 109, el 12 de Octubre de 1978, como subteniente de Infantería y fue ascendido a teniente primero post mortem. “Más allá del resultado del conflicto bélico, nuestras Fuerzas Armadas pueden estar satisfechas de su actuación durante la contienda ya que enfrentaron a una potencia mundial de primera magnitud apoyada política y logísticamente por los Estados Unidos.”(Informe Rattembach, párrafo 884)

lunes, 18 de febrero de 2019

El combate de Manchalá


A fines de mayo el alto mando del Ejército Revolucionario del Pueblo se reunió en San Miguel de Tucumán con el objeto de planificar nuevas acciones armadas.
Cumpliendo las nuevas directivas, los guerrilleros, encabezados por Manuel Negrín, Julio Abad y Wilfredo Siles, decidieron un ataque al Puesto de Comando Táctico de la V Brigada de Infantería, convocando para ello al total de sus efectivos con el objeto de ocupar Famaillá, neutralizar las posiciones del ejército, asesinar al general Vilas y tomar rehenes que luego serían negociados. Con ese golpe, pensaban levantar la moral de sus combatientes, un tanto alicaída a esa altura a causa de los últimos reveses. Eran los tiempos en que sus dirigentes, a través de una publicación aparecida en París, reivindicaban la lucha armada y se jactaban de mantener aferrada a una brigada de 4000 efectivos del ejército con solo 300 combatientes.

Monumento en el Batallon de Ingenieros de Montaña 5 Salta.

Convocando a sus principales cuadros, algunos de ellos miembros del PRT oriundos de Córdoba y Santa Fe e incluso elementos provenientes del exterior (Bolivia, Perú, Centroamérica), el ERP reunió un total de 180 hombres de primera línea más un número no determinado de simpatizantes dispuestos a la lucha y dividió sus fuerzas en seis columnas: el Grupo Comando al mando del capitán Lin, con la asistencia de el sargento “Julio” e integrado por nueve subversivos, que tendría s su cargo la dirección las operaciones; el Grupo de Asalto 1, al mando de “Roberto” cuya misión era tomar el puesto táctico, incautar armas y aniquilar al mayor número posible de personal; el Grupo de Asalto 2, que atacaría un objetivo a determinar, desde el que intentaría impedir la llegada de refuerzos (integrado por 12 efectivos); el Grupo de Seguridad, al mando del sargento “Bartolomé”, cuya misión era apoderarse del puente del río Famaillá; el Grupo “Plaza”, que apoyaría al Grupo de Asalto 1 cubriendo su repliegue (40 efectivos) y la posta sanitaria cuya labor era la evacuación de heridos.
“La escuelita de Manchalá está ubicada en un paraje de la Ruta provincial Número 99, a 10 kilómetros de la Ruta provincial Número 38, lugar este donde el camino hace un codo. En la pequeña escuela, un reducido número de efectivos pertenecientes a la Compañía de ingenieros de Montaña 5 de Salta, se encontraba abocado a la realización de reparaciones en el edificio, como una de las tantas tareas de acción cívica que desarrollaba el Ejército como producto del operativo”.
Desde una finca cercana, el ERP, abordó las unidades de su columna motorizada y se puso en marcha transportando el total de los 180 efectivos fuertemente armados. Componían la columna una camioneta pick up Ford F-100 como vehículo de punta, un camión Mercedes Benz 608 color verde, otro 1114 color bordó, de cuatro toneladas cada uno y un Rastrojero Diesel.

Cerca de las 17.30 los vehículos que avanzaban encolumnados por la Ruta Provincial 38, se toparon con un camión Unimog del Ejército que se hallaba detenido junto al camino, sobre uno extremo de la curva donde se encontraba la escuela.
Al ver a un soldado parado junto al rodado, los terroristas echaron pie a tierra y abrieron fuego sin mediar palabra, obligándolo a buscar cobertura.
Al escuchar los disparos, los diez soldados que trabajaban en el interior del establecimiento, dos de los cuales eran suboficiales, tomaron sus armas y salieron al exterior para trabarse en combate.
Un guerrillero cayó muerto a metros de la ruta y otros dos resultaron heridos mientras sus compañeros se reagrupaban e intentaban rodear la escuela. Disparando desde diferentes sectores alcanzaron a un soldado que cayó gravemente herido junto a la puerta mientras sus compañeros intentaban cubrirlo con nutridas descargas, desde el interior.
En ese momento se escuchó una voz que exigía la rendición pero los efectivos leales la ignoraron. Ciento cuarenta guerrilleros atacando a diez o doce efectivos dentro de una pequeña escuela rural representaban un cuadro propio de las gestas heroicas de los tiempos de la Independencia y las contiendas civiles del siglo XIX, pero al mismo tiempo, constituía una verdadera trampa de la que resultaba imposible salir.
Al ver que el soldado herido no podía moverse, sus compañeros le arrojaron una cuerda y a viva voz le indicaron que la sujetase firmemente para arrastrarlo hacia el interior. Y así ocurrió. Tomandose fuertemente de la cuerda, el soldado fue introducido en el edificio mientras las balas del enemigo repiqueteaban a su alrededor.
En el fragor del combate, siete efectivos de Ejército que trabajaban en Balderrama, acudieron al lugar en apoyo de sus compañeros. Recibieron nutridas descargas que les ocasionaron una baja (un soldado herido) y los obligaron a arrojarse a una banquina en busca de protección en el preciso instante en que otro camión del Ejército con cinco hombres a bordo, llegaba por la ruta.
Desde los cañaverales cercanos, los subversivos centraron su fuego sobre el rodado hiriendo a otro soldado mientras su columna motorizada intentaba reiniciar la marcha. Sin embargo, la unidad que la encabezaba se empantanó y no pudo seguir, impidiendo el desplazamiento de los vehículos restantes.
El tiroteo era intenso cuando uno de los soldados logró eludir el cerco y se dirigió a toda prisa hacia el comando de la Brigada, para dar inmediato aviso.
Impartidas las órdenes de rigor, partieron hacia la zona de combate tres camionetas con cinco oficiales y diez soldados fuertemente pertrechados, quienes llegaron a la escuela cuando comenzaba a obscurecer.

Al ver las luces de los vehículos, los subversivos pensaron que lquienes se aproximaban eran refuerzos y por esa razón, decidieron huir.
Lo hicieron a toda prisa, internándose en la espesura, en dirección a la Ruta 301, dejando a sus espaldas dos muertos, Domingo Villalobos Campos y Juan Carlos Irustia; dos heridos graves, Héctor Burgos y un individuo apodado El Hippie junto a dos camiones dañados, tres camionetas, tres equipos de radio, cinco fusiles FAL, dos pistolas ametralladoras, diez escopetas, cuatro carabinas, dos revólveres, seis pistolas, veintiséis granadas de mano, otras veintiocho antitanque, ochenta bombas “molotov” y tres mil cien proyectiles, además de instrumental quirúrgico, indumentaria militar, una maqueta del Puesto de Comando Táctico, equipos y una bandera.
Una hora después, habiendo finalizado el enfrentamiento, se hizo presente un escuderón de Gendarmería Nacional y un equipo de combate de la Fuerza de Tareas “Rayo” con instrucciones de iniciar la persecución nocturna del enemigo en fuga. Quince días después, el ERP seguía abandonando heridos en la selva.
El de Manchalá fue uno de los combates más importantes de la guerra de Tucumán y significó un duro golpe para la subversión ya que, un reducido grupo de soldados, abocados a tareas comunitarias, había logrado rechazar a una fuerza numerosa y mucho mejor equipada.
El comunicado aparecido en “Estrella Roja” confirmaba la cantidad de combatientes empeñados en la lucha pero mentía descaradamente al hablar de blindados, dominio aéreo, elevado número de efectivos leales, veinte muertos de Ejército, el doble de heridos y una retirada ordenada. Era un intento desesperado por hacer creer a la opinión pública que la “lucha” seguía en pie, con mayor firmeza y decisión que nunca.

Fuente y agradecimiento: Alberto N. Manfredi (h). Operativo Independencia Blog.

viernes, 8 de febrero de 2019

Cabo Primero Mario Rodolfo Castro

Mario Rodolfo Castro nació en Tinogasta Catamarca Argentina, hijo de Teresa y Patricio Castro, nacido el 10 de Agosto del año 1963. Su domicilio se encuentra sobre Avenida San Martín de nuestra ciudad. Ingresó a la Escuela de Suboficiales “Sargento Cabral” el primero de febrero de 1980, egresando con el grado de Cabo del Arma de Infantería el día 20 de noviembre de 1981.
Fue destinado al Regimiento de Infantería 25, en la ciudad de Sarmiento, provincia de Chubut, donde pasó a integrar la sección reserva de la Compañía de Infantería C, a órdenes del teniente Roberto Estévez. Como jefe de sección, desembarcó en Malvinas el 15 de abril de 1982. Posteriormente, fue trasladado a Darwin.
Castro falleció a las 8.30 AM del 28 de Mayo de 1982, en pleno combate de la Batalla de Pradera del Ganso, en Darwin, luego de que en su compañía RI 25, al mando del teniente Roberto Néstor Estévez, que fue alcanzado por un proyectil, ordenó en su agonía al cabo 1° Castro, a que asumiera el mando del grupo y continuara con el fuego. Mario Rodolfo Castro, sin dudarlo cumple cabalmente con la orden, pero en pleno combate es impactado por las balas que terminaron con su vida.

Se desempeñó como Jefe de Grupo en un contraataque nocturno que es realizado para posibilitar el repliegue de efectivos propios; siguió a su jefe de Sección bajo intenso fuego. Al ser puesto fuera de combate su superior, y pese a que el enemigo había detectado su posición y lo batía peligrosamente, se hizo cargo del equipo de comunicaciones para dirigir el fuego de la artillería, ofrendando su vida en esta acción. Por esta accion recibio la Medalla "La Nacion Argentina al Valor en Combate".

Nuestro héroe Tinogasteño, descansa en el Cementerio de Darwin, parcela “C” fila 3/05. En pos de su reconocimiento, la Escuela Secundaria Nº 67 de la localidad de Salado en nuestro Departamento, lleva su nombre. También, en la plaza 25 de Mayo en pleno centro de la ciudad de Tinogasta, está eregido un monolito en su memoria, y a través suya, en la de los 649 Héroes caídos en Malvinas.

martes, 5 de febrero de 2019

Fuerte "Guardia de la Esquina" Santa Fe

Sobre la margen derecha del Río Carcarañá, en el sur de la provincia de Santa fe y a escasos kilómetros de San José de la Esquina, se emplazaba el Fuerte de la Guardia de la Esquina. Antes de su fundación este lugar era conocido como "Paraje la Horqueta" alrededor del año 1689, ubicado en el Camino Real que conectaba el Alto Perú con Buenos Aires. En 1726 se funda el fuerte que además cumplía las funciones de Posta en el camino y aduana seca con la provincia de Córdoba.
 Fue construido con el fin de amedrentar los ataques de los malones, de hecho fue atacado numerosas veces. Cabe nombrar el malón realizado por las tropas de Carreras en 1820 o el gran ataque de 1835 cuando fue saqueado por los indios.
 Hace casi 30 años el párroco Felipe Macia y la iglesia local con autorización de la comuna, emprendieron la construcción de la réplica para obtener una aproximación a la historia de San José de la Esquina. Hoy se puede visitar, cercana al camping, una buena reconstrucción del fuerte acorde a su antiguo emplazamiento.
 En las instalaciones de este “Fuerte Guardia de la Esquina” pernoctaron personalidades de la Historia Argentina, según informes obrantes en el “Museo del actual Municipio de San José de la Esquina”. El listado de estas personas, se exhibe también a la entrada del reconstruido “Fuerte”, en un amplio cartel con letras de molde.
Podemos leer: 
       - Juan Antonio Lessica, quien Combatió en Pavón,17 de septiembre de 1861 y participó de las "Campaña de pacificación del interior,1861 y 1867) y de la Guerra del Paraguay.
      - José García de Uidobro en 1744 proveniente de Chile, pernocta en el lugar.
      - Cornelio Saavedra, el primer Presidente de la Junta de Mayo de 1810.
      -  Vicente Anastasio Echevarría, el abogado rosarino que estudió en Charcas.
      -  Mariano Moreno, quien viajó a Charcas varias veces, para estudiar.
      -  Juan José Castelli,  integrante de la Primera Junta,  enviado para frenar la insurrección de Santiago de Liniers.
Bernardo Monteagudo, patriota que luchó en el  Alto Perú y vivió en Jujuy.
Además de Comerciantes, acarreadores, arrieros  y tantos jóvenes que viajaban a Córdoba, Charcas y  a Cuzco para estudiar. - El paso de numerosos y  preocupados soldados, en épocas de la Independencia, 1810
        - Ignacio de Garmendia,
        -  Rafael de Sobremonte, en su viaje a Córdoba.
        - General Juan Manuel Belgrano. En 1819 al mando de su Ejército proveniente desde Tucumán hasta Santa Fe, para solucionar el conflicto surgido entre la provincia de Santa Fe y Córdoba.
       - General José de San Martín rumbo a Mendoza y con la mente en  el Cruce de los Andes, 1817;
      - Brigadier Estanislao López, en campaña defensiva, en el Sur de Santa Fe.
      - General Cruz, interviniente en la guerra de la independencia.
      - Tropa del general Ramírez, descansaron varias noches en San José.
      - General José María  Paz, proveniente de Córdoba, pernoctó en este lugar.
      - Fray Mamerto Esquiú, franciscano, el orador de la Constitución,
      -El Chasqui Mayor Escalada, desde Mendoza, con las cartas de San Martín.
      - General Juan Lavalle
       - Monseñor Mastai, Ferretti 1824, rumbo a Chile, bautizó en Rosario y Buenos Aires, fue elegido Papa (Pontífice en Roma), con el nombre de Pío IX y  además religiosos destacados, canónigos y obispos, como el Obispo de Catamarca, de Córdoba.

Fuente y agradecimiento: Region Litoral / Naturaleza y Cultura Arg blog.