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viernes, 28 de noviembre de 2025

Hugo Angel Palaver

 Hugo Angel Palaver

Grado:  Mayor (PM)

Especialidad:  Aviador Militar

Unidad de origen:  V Brigada Aérea

Sistema de Armas:  A-4B Skyhawk

Fecha de nacimiento:  18/1/47

Lugar de nacimiento:  Deán Funes, Cba.

Fecha de fallecimiento:  25/5/82

Lugar de fallecimiento:   Norte Est. San Carlos.


Martes 25 de Mayo

Orden Fragmentaria 1232, cuatro A-4B, indicativo MARTE, armados con una bomba MK 17 de 1.000 libras. Tripulación: capitán Hugo Palaver (C-244), teniente Daniel Galvez (C-250), teniente Vicente Auterio (C-221), alférez Hugo Gómez (C-209). Despegaron de Río Gallegos a las 08:00. La segunda sección regresó a los 25 minutos (Auterio y Gómez) por falla del N° 3; el N°4 lo siguió pues no tenía la primera sección a la vista (nocturno), siguieron Palaver y Gálvez. Reabastecieron del PARÍS y en Puerto Pacheco, con dirección al blanco, rumbo sur, se internaron con bruma y visibilidad 0. Regresaron al punto inicial, eran las 09:10, pasaron por Roca Negra, giraron a la derecha y pusieron rumbo al blanco, nuevamente.

Vieron el brazo San Carlos y lo recorrieron. Divisaron un buque blanco, iniciaron el ataque, pero al ver una cruz roja pintada en su casco, no lanzaron sus bombas, era el SS Uganda. No observaron otros buques en las inmediaciones, ni recibieron fuego de artillería antiaérea. Giraron a la derecha en Laguna Paloma. Con el OMEGA indicando un blanco a quince millas náuticas a la derecha, siguieron y observaron lo que creyeron era puerto San Carlos.

Divisaron un buque color verde y casco negro (probablemente el MV Norland) y al proseguir su vuelo sobrevolaron la zona de Puerto Darwin sin reconocerla ya que por un error de navegación, no estaban correctamente ubicados.

En su confusión, abrieron fuego contra un buque (capitán Palaver), que resultó ser el Monsunen, y contra un grupo de casas (teniente Gálvez), por lo que recibieron fuego de la artillería antiaérea argentina en Darwin. El N°1 informó que su indicador de combustible marcaba 0. Había sido alcanzado en la parte inferior de su avión, de acuerdo con lo que vio su numeral, pero podía continuar volando.

Desgraciadamente, al considerar que se hallaban sobre San Carlos, el capitán Palaver inició su escape hacia el norte y el teniente Gálvez, hacia el sur. Esta acción llevó al guía de sección a sobrevolar la zona más densamente defendida por la artillería antiaérea inglesa y fue alcanzado por dos misiles, disparados desde un buque (probablemente el HMS Coventry). Su avión fue destruido instantáneamente sin darle oportunidad de eyectarse.

El teniente Gálvez arribó a Río Gallegos a las 11:00.



Extractado de la "Historia de la Fuerza Aérea Argentina"

Tomo VI: La Fuerza Aérea en Malvinas

Dirección de Estudios Históricos.

domingo, 27 de julio de 2025

Fernando Juan Casado

 Fernando Juan Casado

Grado:  Mayor (PM)

Especialidad:  Navegador Militar

Unidad de origen:  E.A.M.

Sistema de Armas:  Canberra MK-62

Fecha de nacimiento:  7/9/45

Lugar de nacimiento:  Capital Federal

Fecha de fallecimiento:  13/6/82

Lugar de fallecimiento:   Puerto Enriqueta (I.Soledad).


Domingo 13 de junio

Orden Fragmentaria 1326, dos BMK-62, indicativo BACO, armados con cinco bombas MK-17 de mil libras, con espoleta SSQ, cada uno. Misión: bombardeo horizontal sobre Port Harriet House. Tripulación: 1 (B-108) capitán Roberto Pastrán, capitán Fernando Casado. 2 (B-109) primer teniente Roberto Rivollier, primer teniente Jorge Annino. Despegaron de Río Gallegos a las 21:30.

En la aproximación al lanzamiento (de sur a norte), el N° 1 se desvió un poco al este y el 2 lo perdió de vista. Lo sobrepasó y llegó antes al objetivo material (que confirmó con su Doppler las indicaciones del radar Malvinas). Lanzó sus bombas y viró a la izquierda, confirmando la explosión de las mismas.

Hasta ese instante no existía fuego de artillería antiaérea pero, inmediatamente después, si inició una intensa reacción antiaérea. Fue, en ese momento, cuando el N° 1 sobrevolaba el objetivo material y efectuó su lanzamiento; a los pocos segundos fue alcanzado por un misil que destruyó parte de su avión, y entró en tirabuzón chato.

El piloto, capitán Pastrán, logró eyectarse, no así el navegador capitán Casado que cayó y se estrelló con los restos del avión. El capitán Pastrán cayó en el mar, próximo a la costa, infló su bote salvavidas, desembarcó y fue hecho prisionero.

El N° 2 evadió el intenso fuego antiaéreo, lanzó bengalas y Chaff, mientras escapaba hacia el oeste. Vio los resplandores del intenso cañoneo en Puerto Argentino. Apreció que el fuego antiaéreo provenía de buques en Fitz Roy. Por su parte, el radar de Malvinas le informó que era perseguido por una patrulla aérea de combate que se encontraba a setenta millas náuticas, al este.

Los aviones enemigos se alejaron, poco después, hasta una distancia de ochenta y cinco millas náuticas. Cuando había recorrido unas sesenta millas en su vuelo de regreso, el radar de Malvinas le preguntó si tenía enlace con el guía, pues lo había perdido en la pantalla. Le respondió que no.

Sus bombas habían caído, otra vez, muy próximas al puesto comando de los tres generales británicos.

El BACO 2 arribó a Río Gallegos a las 00:05 del día 14 de junio. Fue el último avión argentino que entró en combate en la Batalla Aérea de Malvinas.


Extractado de la "Historia de la Fuerza Aérea Argentina"

Tomo VI: La Fuerza Aérea en Malvinas

Dirección de Estudios Históricos.

sábado, 17 de mayo de 2025

Homenaje en el buque Marjory Glen a la Fuerza Aerea Argentina

 Buque Marjory Glen, construido en Escocia en 1892, encallado en Punta Loyola, Rio Gallegos. 

Fotografias Enero 2025.

Durante mayo de 1982 fue utilizado como blanco de prueba por los escuadrones de pilotos de A-4B Skyhawk de la V Brigada Aerea, que desde Rio Gallegos atacaron a la flota inglesa. Los orificios de entrada y salida que se observan a ambos lados del buque, son producto de los proyectiles y bombas de ejercicio utilizados en las practicas de bombardeo rasante.

Los pilotos lograron dominar esta tecnica, y volar hasta sus distantes objetivos a 5 metros de altura sobre el nivel del mar, intuitivamente ya que no contaba con radioaltimetro, a mas de 900 kilometros por hora, unica forma de burlar los modernos sistemas de deteccion y defensa de los buques. Su brillante desempeño cambio para siempre las tacticas de guerra aeronaval en todo el mundo, siendo este el unico lugar donde se realizaron las practicas dias antes de entrar en combate.

La Fuerza Aerea Argentina planifico 505 incursiones de este tipo, de las cuales se cumplieron 445, totalizando 2782 horas de vuelo con 193 aeronaves. Treinta y seis Oficiales, catorce Suboficiales y cinco Soldados de la Fuerza Aerea Argentina perdieron su vida en la Guerra de Malvinas. Nueve Oficiales pertenecieron a esta Unidad, el Grupo 5 de Caza, que operaron desde Rio Gallegos.




domingo, 11 de mayo de 2025

Soldado Fabricio Carrascull

 Soldado Fabricio Carrascull 

Al ser puestos fuera de combate su jefe de sección y jefe de grupo, integrantes del Regimiento de Infanteria 25, se hizo cargo del equipo de comunicaciones para dirigir el fuego de la propia artillería.

Con 18 años de edad, el soldado Fabricio Edgar Carrascull ofrendó su vida en la Guerra de Malvinas el 28 de mayo de 1982. Fue durante la batalla de Pradera de Ganso que murió aferrado a la radio y gritando ordenes tras haber visto como abatían a su jefe de sección y su jefe de grupo.


Fabricio formaba parte del pelotón al mando del teniente Roberto Estevéz, superior al que todos respetaban y admiraban por su buen trato y respeto. Al ser atacados por el ejército inglés, el teniente toma la radio y comienza a reglar el fuego de artillería. Pero poco tiempo después es alcanzado por el enemigo y muere, siendo el cabo Mario Castro quien queda al mando, corriendo la misma suerte que Estevéz.

Es en ese momento en el que Carrascull decide tomar la radio y decir “Murió el teniente Estevéz y el cabo Castro. Me hice cargo de la sección”. Luego de algunas horas de dirigir el fuego de la propia artillería, es abatido y muere en combate. En el comunicado oficial sobre su identificación se destaca su acción y fue condecorado post mortem con la medalla “La Nación Argentina al valor en combate”.

En el año 2009, la familia del soldado, provenientes de Hernando (provincia de Córdoba), recibieron distintas fotografías que Fabricio había tomado en las islas. Estas habían sido recuperadas por Eric Langer, un compañero de Carrascull, en un viaje a Malvinas.

Durante ese viaje, Eric decidió alquilarle un jeep a un hombre de 37 años, que se mostró llamativamente nervioso mientras le pedía que completara un formulario.

A la hora de devolver el auto, el isleño sacó de un cajón algunas fotografías en las que se encontraba Eric con su pasamontañas junto a Fabricio y Horacio Giraudo, vecino y amigo de Carrascull. Al preguntarle cómo había obtenido esas imágenes, contó entre lágrimas cómo en el 2007, por los 25 años de la guerra, veteranos ingleses habían vuelto a las islas y le habían dado las fotografías para que se las entregara a algún argentino. De vuelta en Argentina, Isabel Esther López, madre de Fabricio, las recibió con emoción.


En 2018, Fabricio Edgar Carrascull fue identificado y ahora el joven tiene su lugar en el cementerio de Darwin con su nombre, y no con la leyenda “soldado argentino solo conocido por Dios”, junto a su amigo y vecino Horacio Giraudo.

domingo, 6 de abril de 2025

El incidente de las Georgias

 Constantino Davidoff era un comerciante del área metalúrgica poco conocido fuera de su círculo comercial. Había realizado buenos negocios de desguace, cuando en un momento consiguió la extracción de un cable submarino de comunicaciones, actividad de relevancia por los distintos ámbitos que involucraba.

Precisamente durante esta actividad de la recuperación del cable submarino de comunicaciones, se iniciaría un importante capítulo de la historia Argentina del Siglo XX. Davidoff recuerda: “Conversando con el contramaestre, me comenta que hacía muchos años él tripulaba una nave que llevaba combustible a la Compañía Argentina de Pesca, una las estaciones balleneras de la Isla San Pedro en las Georgias del Sur y que allí había muchísimo material para desguazar y o recuperar ya que esas estaciones habían sido abandonadas 20 años atrás.”


“Así que me comuniqué con un amigo en Londres quien me averiguó que dichas balleneras eran de propiedad de la compañía escocesa Christian Salvensen Limited con sede en Edimburgo. Tomé contacto con ellos y le manifesté mi interés de adquirir las instalaciones balleneras. Ellos me indicaron que me contacte con la embajada británica en Buenos Aires a fin de verificar la situación diplomática/legal. Allí comenzaron las negociaciones que llegaron a buen fin inicialmente. Incluyó un viaje a Malvinas para entrevistarme con el gobernador de ese momento James Parker. La única excepción que tuve era que no podía contratar a personal Kelper. Es importante recordar que para el viaje a Malvinas lo hice con lo que se denominaba Tarjeta Blanca como documento de identidad por los acuerdos de 1971, no se requería pasaporte”.

De esta manera se celebra un contrato firmado el 19 de septiembre de 1979 entre la Christian Salvensen Ltd y Contantino Davidoff por:

Las estaciones balleneras en los puertos Leith, Stromness y Husvik (todas en la Bahía Stromness) y por los buques balleneros y cazadores de focas tanto a flote, hundidos o encallados que se encuentran en la estación Grytviken, exceptuando todos los bienes de dicha estación. 

La autorización para el desmantelamiento de las instalaciones balleneras estaba dada hasta el 31 de marzo de 1983 con la posibilidad de prorrogar dicho plazo en caso de necesidad.


Continúa Davidoff: “Solicite al gobierno de Malvinas si me podían facilitar el buque “John Biscoe” o el “Endurance” para ir a San Pedro pero no obtuve respuesta favorable, entonces le solicité a la Agrupación Antártica Argentina si me podían acercar con el rompehielos “Alte Irizar” junto a algunas personas que trabajaban para mí. Luego de una respuesta afirmativa por parte de la Agrupación, le comuniqué a la embajada británica que viajaría a Georgias en el rompehielos, adjuntado la lista con el nombre de mis siete acompañantes y las fechas correspondientes. Quería tener un panorama del equipamiento que había y con un buzo verificar los muelles y los posibles obstáculos para ingresar con naves.”

“En diciembre de 1981 llego a San Pedro con el “Alte Irízar”, como no tenían cartas náuticas actualizadas de la Bahía Stromness, me desembarcan con una lancha y recorrimos el lugar por siete horas cuidando de no tropezarnos con los lobos marinos que estaban por todas partes.”

“Lo que allí había era impresionante, era como un pueblo. Hasta se construían catchers (barcos cazadores de ballenas). Había cuatro diques flotantes autocarenables, toneladas de chapa naval nueva, herramental de astillero, hélices, cadenas navales, generadores, exclusas, tuberías de cobre y bronce, calderas, tanques de combustible, cátchers, etc, etc. Además de las casas y alojamientos había una iglesia, un hospital, un cine, en el bar había un piano de cola cubierto con géneros. Era increíble, además tal vez por las bajas temperaturas, no había casi corrosión. Hicimos algunas pruebas y casi todo funcionaba. No obstante, el viento y el clima dejaron su huella. Había barcos varados, hundidos o semihundidos, algunos galpones medio derrumbados. Sacamos 3500 fotografías porque en seis o siete horas no se podía hacer un relevamiento real de todo lo recuperable. Tanto fue así que al regresar me comuniqué con le Embajada y pedí una prórroga –la que me fue concedida- ya que en una temporada era imposible terminar con los trabajos de desguace.”

En su momento de esplendor vivían y trabajaban en Leith 2.100 personas en tareas totalmente relacionadas con la caza y procesamiento de ballenas y lobos marinos y el mantenimiento de la planta en general. Los barcos cazadores cátchers llevaban una decena de los gigantescos cetáceos por día, dejando cada uno de los infortunados animales casi un millón de dólares de facturación. Semejante devastación de las poblaciones de ballenas trajo aparejado un incremento en el esfuerzo de caza, ya que cada vez fue más difícil encontrarlas, y las prohibiciones de la Comisión Ballenera Internacional, que con las restricciones, prohibiciones de caza y reducidas cuotas, terminaron con el negocio de las factorías balleneras a comienzos de la década de 1960.

Recuerda Davidoff “El 9 de marzo de 1982, me apersoné en la embajada británica y le llevé la lista de los 41 operarios –todos civiles- que irían a Leith a trabajar en las tareas de desguace. Dos de ellos, técnicos en sondaje, regresarían de inmediato, por lo que 39 quedarían allí. Este personal, su equipo y víveres serían transportados en el buque “Bahía Buen Suceso” de Transportes Navales. Autorizado por la embajada llegamos a Leith el 19 de marzo”

“Al llegar, con gran sorpresa, se escucha por la radio la noticia que la Argentina había invadido una colonia británica en el Atlántico Sur. Se trató en realidad de una falsa noticia transmitida por el ahora gobernador de Malvinas Rex Hunt, ya que además de mis autorizaciones y contratos, todo el personal era civil. Otro elemento de importancia para mi empresa es cuando ese mismo día 19, el gobierno Argentino anuncia la desvinculación del problema entre Davidoff y el gobierno británico. Así comienza la historia del conflicto del Atlántico Sur.”

A partir de este momento el nombre del empresario metalúrgico Constantino Davidoff, comienza a ser mencionado cada día en las portadas de los diarios argentinos, británicos y de otros medios del mundo. El grupo británico conocido como “Lobby de las Malvinas”, influye sobre los parlamentarios y medios de Gran Bretaña, logrando finalmente y luego de notas de intercambio diplomáticas, que se despache desde Malvinas a un grupo de Royal Marines en el barco “Endurance” para expulsar a los obreros por medio de la fuerza si fuera necesario. Además lograron poner a la opinión pública británica a su favor.


Entre tanto más al Oeste

El día 16 de marzo de 1982, en el puerto de Ushuaia, embarcan en el buque polar “Bahía Paraíso” el denominado grupo Alfa constituido por dos oficiales, uno de ellos médico y 12 suboficiales todos con la aptitud de Buzos Tácticos y Comandos Anfibios, al mando del teniente de navío Alfredo Astiz.

La Armada Argentina había elaborado un plan para ocupar una base científica en las islas Georgias debido que al concluir la temporada estival de 1982 el personal británico de la BAS (British Antartic Survey) se retirarían de las islas y el buque polar “Endurance” sería retirado del Atlántico Sur y las mismas quedarían deshabitadas. Si bien se debería enviar personal científico en principio; se estableció en enviar personal militar dado el carácter secreto que se imponía a la misión. Como antecedente, en 1976 la Armada había realizado una maniobra similar al construir una estación científica en la isla Tule en las Sandwich del Sur (Base Corbeta Uruguay) que si bien no había pasado inadvertida para los británicos, estos no presentaron ninguna oposición de importancia.

El grupo Alfa, desconociendo su misión, había realizado un pequeño período de adiestramiento en Buenos Aires y Ushuaia. Se los proveyó con uniformes para zona fría. Varias toneladas de equipamientos y provisiones para un año que habían sido embarcadas previamente en el “Bahía Paraíso” en el puerto de Buenos Aires (Estos equipos y abastecimientos eran a las claras insuficiente dada la misión y el tiempo de la misma).​

Cierto es que a los pocos días de la zarpada del buque polar, el incidente promovido por el gobernador de las Islas Malvinas fue escalando y desde la Cancillería se ordenó cancelar la ocupación de las Georgias por parte del grupo Alfa. Sin embargo, cuando se supo que desde las Malvinas se despacharían Marines para expulsar a los obreros de Davidoff en puerto Leith, la superioridad ordenó al grupo Alfa la protección de los mismos.

Decidida la recuperación de la Islas Malvinas por la Junta Militar que gobernaba la Argentina, se previó asimismo la ocupación de Grytviken - el único asentamiento poblado por personal del British Antartic Survey- para el mismo 2 de abril, sin embargo las adversas condiciones climatológicas obligaron retrasar la navegación de la corbeta “Guerrico” que trasportaba 40 hombres de la Infantería de Marina, quienes al día siguiente cumplieron su objetivo. 


En Puerto Leith

Desde su mismo arribo a Puerto Leith los trabajadores de Davidoff se pusieron a trabajar en el desguace y recuperación metales como el bronce y el cobre. Davidoff recuerda: “Habíamos conversado con Transportes Navales para utilizar el “Isla de los Estados” cuando el volumen fuera apropiado para llevarlo al continente. Los cuatro diques flotantes autocarenables se hubieran podido distribuir en puertos patagónicos para la reparación de pesqueros ya que entonces no los había. Se los hubiera podido remolcar con un buque supply sin ningún problema, además con el herramental existente, chapas nuevas, etcétera, se podría montar un taller de reparaciones navales, no obstante esta posibilidad tenía sus días contados lamentablemente”. 

La realidad que desconoce el pueblo argentino y el británico

Davifoff: “Obviamente la empresa escocesa no me devolvió el dinero abonado por la compra de las estaciones balleneras, perdí todo el herramental que había llevado a Leith para el desguace. Al regresar a la Argentina me esperaba aún la factura de Transportes Navales por la contratación del “Bahía Buen Suceso”.

“En el derecho internacional 'Estoppel es la renuncia por parte de un estado, por inacción frente a un acto soberano del otro, a todos los derechos alegados hasta la fecha, con relación a un área en disputa'. Por ello considero que la reacción Argentina frente a la agresión estimulada y montada desde la gobernación de la Islas Malvinas y los lobbies interesados es legítima".

"Cuando la Reina de Inglaterra le solicitó a Sir Oliver Franks un análisis del conflicto, este elaboró un importante documento conocido como el 'Informe Franks'. En el mismo se expresa sin duda alguna que el conflicto fue escalado por Gran Bretaña y no por la República Argentina. Y aclara que mi empresa era totalmente ajena a los hechos que desencadenaron la guerra".

"Ello me generó una suerte de esperanza si iniciaba acciones judiciales, sin embargo mi reclamo no fue estimado en el Reino Unido. Tampoco tuve suerte al esperar un apoyo de los distintos gobiernos constitucionales, luego de los Acuerdos de Madrid la Cancillería no creía que fuera oportuno aportar un conflicto comercial".

Constantino Davidoff, fue seriamente damnificado, material y moralmente, por encontrarse en el lugar y en el momento inoportuno en medio de un conflicto más que centenario. Durante 30 años reclamó infructuosamente ante los distintos gobiernos argentinos y británicos, las cancillerías, el Vaticano y otras instancias internacionales. La misma Reina de Inglaterra, con mucha cortesía, le respondió que si bien reconocía su problemática, ella sólo obraba a través de su consejo de ministros.

Fuente y agradecimiento: https://deyseg.com/malvinas/464

martes, 1 de abril de 2025

Aniversario de la determinacion del dia "D" y hora "H" Malvinas

 El día 30 de marzo de 1982 a las 09.30, el comandante del Teatro de Operaciones Malvinas, General de división Osvaldo Jorge García, de acuerdo con las últimas informaciones sobre la situación en las islas y las malas condiciones meteorológicas reinantes, fijó como día “D” el 2 de abril y como hora “H” las 06.00. Se postergó así el inicio de las operaciones, que había sido previsto para el día 1 de abril. Esta decisión fue comunicada a los comandantes dependientes. 

Fuente y agradecimiento: Ejercito Argentino. 

jueves, 6 de marzo de 2025

Malvinas Antecedentes Historicos

 Las Islas Malvinas formaron parte del área bajo jurisdicción de España desde la entrada en vigor de los primeros instrumentos internacionales que delimitaron el "Nuevo Mundo" poco después del descubrimiento de 1492. Las Bulas Pontificias y el Tratado de Tordesillas de 1494 constituyen los primeros instrumentos que receptan títulos de España de acuerdo con el derecho internacional de la época.

Desde principios del siglo XVI y durante la mayor parte del mismo, sólo navegantes al servicio de España transitaron las rutas marítimas a lo largo de la costa sudamericana, avanzando hacia el sur en busca del paso interoceánico. En este avance se produjo el descubrimiento de las Islas Malvinas por integrantes de la expedición de Magallanes en el año 1520. A partir de ese momento fueron registradas en la cartografía europea con diversos nombres y quedaron dentro de los espacios bajo control efectivo de las autoridades españolas.


En el curso del siglo XVII las Islas Malvinas fueron avistadas por navegantes de otras naciones que se aventuraban en los dominios españoles a riesgo de la reacción y las protestas que España efectuaba cuando tenía noticias de tales expediciones. Pero toda la región austral de América, con sus costas, mares e islas, quedó indiscutiblemente preservada bajo la soberanía española a través de los diversos tratados suscriptos en este período, como el Tratado "Americano" de 1670, entre España e Inglaterra.

La Paz de Utrecht, firmada en 1713, aseguró la integridad de las posesiones de España en América del Sur y confirmó su exclusividad de navegación en el Atlántico Sur. Inglaterra aceptó dichas cláusulas como signataria de los acuerdos de Utrecht y de tratados posteriores del siglo XVIII que lo ratificaban. No obstante, hacia mediados de ese siglo, las Islas Malvinas comenzaron a ser objeto del interés de Gran Bretaña y Francia, que aspiraban a contar con un establecimiento estratégicamente ubicado frente al estrecho de Magallanes.

En 1749, España tomó conocimiento de un proyecto británico para establecerse en las Islas Malvinas y protestó firmemente ante el gobierno del Reino Unido, que, en consecuencia, desistió de llevarlo a cabo. Más adelante, cuando en 1764 Francia formó el establecimiento de "Port Louis" en la Isla Soledad, España se opuso y obtuvo el reconocimiento de Francia de su derecho a las islas. El gobierno francés ordenó la evacuación y entrega del establecimiento a las autoridades españolas. Esta entrega se concretó en 1767 y desde entonces hubo en las Malvinas un gobernador español residente en ellas, dependiente de Buenos Aires.

Al año siguiente de la instalación francesa, una expedición británica llegó clandestinamente al archipiélago y, como seguimiento de ella, en 1766 marinos ingleses levantaron un fuerte en un lugar que llamaron "Port Egmont", en una isla situada al oeste de la Gran Malvina. Pese al secreto con que el gobierno del Reino Unido llevó esto a cabo, España tuvo conocimiento de ello y protestó insistentemente, exponiendo sus derechos.

Como no obtuvo una respuesta aceptable, buscó el establecimiento intruso y cuando dio con él, en 1770, expulsó por la fuerza a sus ocupantes. Con motivo de esta acción se estuvo a punto de ir a la guerra, la cual fue evitada con un acuerdo bilateral firmado en 1771. Este acuerdo constaba de una Declaración por la que España restituía a los británicos "Port Egmont" para salvar el honor del Rey británico, haciendo reserva expresa de su soberanía sobre la totalidad de las Islas Malvinas, y una Aceptación de la Declaración en la que Gran Bretaña guardaba silencio acerca de la reserva de derechos española. Como parte del acuerdo se convino verbalmente que los ingleses se retirarían de "Port Egmont" posteriormente, lo cual ocurrió en 1774. Desde entonces las autoridades españolas con asiento en Puerto Soledad continuaron ejerciendo su jurisdicción y control sobre la totalidad del archipiélago.

En 1790, con la firma del tratado de San Lorenzo de El Escorial, Gran Bretaña se comprometió a no formar ningún establecimiento en las costas tanto orientales como occidentales de América  Meridional ni en las islas adyacentes ya ocupadas por España, cual era el caso de las Malvinas.


Las Provincias Unidas heredan la soberanía española sobre las islas Malvinas.

La sucesión de gobernadores españoles en las Islas Malvinas, que llegaron a un total de treinta y dos, fue continua hasta el año 1811, en que la guarnición de Puerto Soledad fue requerida desde Montevideo para la defensa de la monarquía con motivo de la recién desatada Guerra de la Independencia. En el marco de este conflicto, los primeros gobiernos patrios de las Provincias Unidas tuvieron en cuenta en diversos actos administrativos a las Malvinas, a las que consideraron parte integrante de su territorio, heredado de España por sucesión de Estados según el uti possidetis juris de 1810.

En 1820, a pesar de las luchas internas que enfrentaba el Estado argentino, el Coronel de la Marina argentina David Jewett tomó posesión de su cargo en las Islas Malvinas en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Ello fue efectuado en un acto público en Puerto Soledad al que asistieron loberos y balleneros de varias nacionalidades, entre ellos estadounidenses y británicos, que recalaban en las islas en el desarrollo de sus faenas. La noticia fue publicada en medios de los Estados Unidos y del Reino Unido, sin que recibiera comentario oficial alguno en esos países. Tampoco manifestó Gran Bretaña pretensión alguna a las Islas Malvinas en el proceso de reconocimiento del Estado argentino, que culminó con la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1825.

Durante la década de 1820 los gobiernos argentinos realizaron diversos actos demostrativos de su soberanía sobre las Islas Malvinas, incluyendo la designación de gobernadores, la legislación sobre recursos pesqueros y el otorgamiento de concesiones territoriales. En este marco se fue desarrollando Puerto Soledad, cuyos habitantes se ocupaban de la cría de ganado, la caza de lobos marinos y la prestación de servicios a los buques que tocaban puerto.

El 10 de junio de 1829 el gobierno argentino promulgó un decreto creando la Comandancia Política y Militar de las Malvinas. Después de haber mantenido silencio por más de medio siglo en el curso del cual se habían sucedido sin oposición administraciones españolas y argentinas en las islas Malvinas, en noviembre de 1829 el Reino Unido protestó dicho decreto, en el marco de un renacimiento de su interés estratégico en el Atlántico Sur.

A fines de 1831 un buque de guerra de los Estados Unidos arrasó Puerto Soledad en represalia por la captura de buques loberos de esa nacionalidad que habían sido hallados en infracción a la legislación de pesca por las autoridades argentinas. El gobierno argentino inició de inmediato las gestiones para obtener reparación de los Estados Unidos y a la vez envió una goleta de la Armada para restablecer el orden en las islas, que había sido quebrado por la irrupción de la nave estadounidense.


Fuerzas británicas expulsan por la fuerza a las autoridades argentinas de las islas.

Cuando el orden en Puerto Soledad había sido restaurado, el 3 de enero de 1833 se presentó una corbeta de la Marina Real británica que, apoyada por otro buque de guerra que se encontraba en las cercanías, amenazó con el uso de fuerza superior y exigió la rendición y entrega de la plaza. Tras la expulsión de las autoridades argentinas, el comandante de la nave británica dejó a uno de los pobladores de Puerto Soledad a cargo del pabellón y zarpó de regreso a su base. En 1834 el gobierno inglés asignaría a un oficial de la Armada para que permaneciera en las islas y recién en 1841 tomaría la decisión de "colonizar" las Malvinas, nombrando un "gobernador".

El acto de fuerza de 1833, llevado a cabo en tiempo de paz, sin que mediara comunicación ni declaración previa alguna de parte de un gobierno amigo de la República Argentina, fue inmediatamente rechazado y protestado. El 16 de enero de 1833, al llegar a Buenos Aires las primeras noticias de lo ocurrido en las Islas Malvinas, el gobierno argentino pidió explicaciones al Encargado de Negocios británico, que no estaba al tanto de la acción de los buques de su país.

El 22 de enero, el Ministro de Relaciones Exteriores presentó una protesta ante el funcionario británico, que fue renovada y ampliada en reiteradas oportunidades por el representante argentino en Londres. Las presentaciones argentinas tropezaron con respuestas negativas de parte del gobierno del Reino Unido.

La cuestión quedó pendiente y así lo reconoció el Secretario de Asuntos Extranjeros británico en 1849. Por el lado argentino continuó planteándose a distintos niveles del gobierno y fue objeto de debates en el Congreso de la Nación. En 1884, ante la falta de respuesta a las protestas, la Argentina propuso llevar el tema a un arbitraje internacional, lo cual también fue rechazado sin dar razones por el Reino Unido.

Durante la primera mitad del siglo XX, los sucesivos gobiernos argentinos fueron generalizando la práctica de presentar protestas ante el Reino Unido y realizar las presentaciones y reservas ante los organismos multilaterales correspondientes, cada vez que tenían conocimiento de actos unilaterales británicos por los que se desconocía la soberanía argentina. Fue en este período, además, cuando tuvo lugar una ampliación de la controversia a otros territorios insulares del Atlántico Sur y antárticos, sobre los que la Argentina, el Reino Unido y en algunos casos terceros países comenzaban a desarrollar distintas actividades.


Gran Bretaña expande su ocupación ilegal.

En 1908, Gran Bretaña anexó dichos territorios (las Islas Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur y Sandwich del Sur, así como el territorio antártico denominado por los británicos Tierra de Graham) como "dependencias de la colonia" de las Islas Malvinas. En distintas oportunidades, la Argentina extendió sus protestas a tales territorios. Con la entrada en vigor del Tratado Antártico en 1960, la controversia de soberanía sobre las Orcadas del Sur, las Shetland del Sur y la parte pertinente del territorio antártico quedó cubierta bajo el artículo cuarto de dicho tratado. Los otros territorios, es decir las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, continúan hasta el presente conformando junto a las Malvinas el espacio geográfico de la disputa de soberanía con el Reino Unido conocida como la "Cuestión de las Islas Malvinas".


Fuente y agrdecimiento: Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina.

lunes, 10 de febrero de 2025

Bahía Agradable - Segundo Ataque

 Mientras se ejecutaba el primer ataque, que confirmaba la presencia de los buques y sin saber aún los resultados del mismo, la FAS ordenó un segundo ataque contra los objetivos navales y como alternativa objetivos terrestres en la cabeza de playa establecimiento Fitz Roy. Estas escuadrillas se encontraban decolando al regreso de la primera oleada. Se había perdido ya el factor sorpresa, y eran esperadas por el enemigo que había reaccionado, y se encontraba patrullando esta área. 

Así salieron:

Tres A-4B Skyhawk, indicativo "Mazo", armados con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque objetivo naval y Fitz Roy. Tripulación (1) 1erTen Rubén Bolzán (C-204), (2) Alf Guillermo Dellepiane (C-239), (3) Ten Juan Arrarás (C-226). Despegaron de Río Gallegos, a las 15:00.

Tres A-4B Skyhawk, indicativo "Martillo" armados con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque objetivo naval y establecimiento Fitz Roy. Tripulación: (1) 1erTen Oscar Berrier (C-212), (2) Alf Alfredo Vázquez (C-228), (3) 1erTen Héctor Sánchez (C-231). Despegaron de Río Gallegos, a las 15:00.

Ambas escuadrillas se encontraron en el reabastecimiento ("Parca"), en la posición prevista, nivel de vuelo 100. Eran las 15:45. Previo al reabastecimiento se volvió el "Martillo 1" por fallas técnicas (oxígeno), arribó a Río Gallegos a las 16:30 hs. Posterior al reabastecimiento retornó el "Mazo 2", oscilación RPM. Quedó entonces la escuadrilla integrada por (1) 1erTen Rubén Bolzán, (2) Ten Juan Arrarás, (3) 1erTen Héctor Sánchez, (4) Alf Alfredo Vázquez. Arribaron rasante, por la costa sur de isla Soledad, cruzando chubascos; sobrevolaron la zona del objetivo material pasando al norte de Puerto Fitz Roy.

Recibieron nutrido fuego de artillería antiaérea. Siguieron, y vieron a su derecha los buques previamente atacados, humeantes en bahía Agradable, y sobrepasando los mismos, iniciaron viraje a la derecha, en contacto, ahora, con el radar Malvinas, que les indicó que el blanco se encontraba más al oeste de la posición de la escuadrilla.


Estaban ya sobre el agua, todavía al este de Bahía Agradable, cuando observaron un lanchón de desembarco que navegaba rápidamente hacia la costa. Entonces, el Nº 3 (Sánchez) vio, a su derecha y arriba, a dos Harrier lanzando sus misiles. Uno impactó en el Nº 4, Alf Vázquez, y explotó. El segundo impactó en el Nº 2, Ten Arrarás, a quien se lo vio eyectarse. No fue recuperado.

También el Nº 3 observó que el Nº 1, 1erTen Bolzán, efectuaba su lanzamiento sobre un lanchón, Foxtrot 4, que fue alcanzado y se hundió; inició viraje a la izquierda, realizó bruscas maniobras evasivas, pero fue alcanzado por un misil Sidewinder y no pudo eyectarse. Entonces el Nº 3, 1erTen Sánchez, abortó su ataque y escapó de la persecución de los Harrier.

Llegó al punto de reabastecimiento con impactos de esquirlas de artillería antiaérea y luego, a las 18:00 hs, arribó a Río Gallegos.

Allí quedaron para siempre otros tres combatientes más como centinelas eternos.

El reabastecedor "Parca 1", que había despegado de Río Gallegos a las 11:55 hs, luego de reabastecer al avión del 1erTen Sánchez, detectó una pérdida de combustible propia, e inició el regreso.

A las 17:45 hs y a 10 MN de Río Gallegos se declaró en emergencia, logró arribar a las 17:56 hs.

Cuatro A-4C Skyhawk, indicativo "Yunque", armados con tres bombas retardadas por paracaídas Misión: ataque a objetivo naval en Fitz Roy. Tripulación: (1) Cap Mario Caffarati, (2) Ten Atilio Zattara, (3) Ten Daniel Paredi, (4) Alf Carlos Codrington. Despegaron de San Julián a las 15:36. Navegaron hacia el punto de reabastecimiento, donde reabastecieron del "Parca 2". El Nº 4 cargó 1.000 litros menos, por problemas en sus sistemas de combustible. Cuando arribaron a 100 MN de las islas, volando sobre tope de nubes medias y chaparrones aislados, descendieron a rasante. La visibilidad estaba reducida por bruma y hora crepuscular.

Adoptaron formación tendiente a la línea.

Escucharon llamados del CIC Malvinas, pero no contestaron.

Unas 5 MN antes del objetivo material, establecimiento Fitz Roy, el guía avistó al Sir Galahad, que ardía en su parte media.

No avistaron PAC y el terreno se desdibujaba por falta de luz; pudieron ubicar el blanco por los fogonazos de la artillería antiaérea, (que era intenso desde el frente y costados). Efectuaron el lanzamiento en salva, cuando el equipo de navegación Omega del guía indicó el blanco, unos 1.000 metros dentro del terreno. Escaparon bajo nutrida defensa antiaérea proveniente del establecimiento y de los cerros del norte. Al no tener crepúsculo de frente, se veían con nitidez los misiles, lo que facilitó la evasión.

Lamentablemente, el 3 y 4 no lanzaron sus bombas y se les trabaron los cañones.

En el regreso, el Nº 3 avistó un avión enemigo que orbitaba a 4.000/5.000 pies, y continuó rasante por esta causa.

Logró conectar con el "Parca 2" que lo reabasteció. El también tenía pérdida de combustible, razón por la cual siguió conectado al reabastecedor hasta próximo a la base.

Los "Yunques" arribaron a San Julián a las 18:00 el 1 y el 2; y a las 18:30 el 3 y el 4.


Fuente y agradecimiento: Fuerza Aerea Argentina.

sábado, 11 de enero de 2025

Bahía Agradable - Primer Ataque

A las 10:26 hs, 08Jun82, la FAS recibió información del CIC Malvinas respecto de movimientos de buques en la zona de punta Fitz Roy: serían dos buques grandes y otros chicos. Se estimó un posible desembarco. Se inició entonces una nueva operación, que los británicos llamaron: "El día más negro de la flota".


Bahía Agradable - Primer Ataque


Despegaron, en forma sucesiva, dos escuadrillas de A-4B Skyhawk con apoyo de un reabastecedor y dos de M-5 Dagger para atacar objetivos navales y otras dos de M-5 Dagger, sólo con cañones para diversión. En el siguiente orden:

Hercules KC-130 indicativo "Parca". Tripulación: Vicecomodoro Alfredo Cano, Vicecomodoro Eduardo Servático, Capitán Juan Hrubik, Suboficial Mayor Salvador Giliberto, Suboficial Mayor Guillermo Aguirre, Suboficial Principal Roberto Caravaca, Suboficial Ayudante Néstor Molina y Suboficial Auxiliar Eduardo Fattore. Despegó de Río Gallegos, a las 11:55 hs, al punto de reabastecimiento (52º 00' S / 66º 00' O). Aterrizó a las 17:55 hs.

Cuatro A-4B Skyhawk, indicativo "Mastín", armados con tres bombas retardadas por paracaídas. El 1 (C-250): 1er Teniente Alberto Filippini, despegó de Río Gallegos a las 12:20 hs pero regresó por fallas a las 13:20 hs. El 2 Teniente Daniel Gálvez (C-214); despegó a las 11:30 hs y arribó a las 14:30 hs. El 3 Teniente Vicente Autiero (C-237); despegó a las 12:20 hs y también regresó por fallas a las 14:00 hs. El 4 Alférez Hugo Gómez (C-230). Despegó a las 11:30 hs y arribó a las 14:30 hs.

Cuatro A-4B Skyhawk indicativo "Dogo", armados con tres bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque a objetivo naval. Nº 1: Capitán Pablo Carballo (C-201), despegó de Río Gallegos a las 12:30 hs pero regresó por fallas a las 14:15 hs. El 2: Teniente Carlos Rinke (C-221), despegó a las 11:30 hs y arribó a Río Gallegos a las 14:30 hs. El 3: 1er Teniente Carlos Cachón (C-222), despegó a las 12:00 hs y arribó a las 15:00 hs. Nº 4: Alférez Leonardo Carmona (C-240), despegó a las 11:30 hs y arribó a las 14:30 hs.

Los diferentes horarios de regresos se debe a que las escuadrillas quedaron constituidas, luego del reabastecimiento, en dos secciones: "Dogo": (1) 1er Teniente Carlos Cachón, (2) Alférez Leonardo Carmona y (3) Teniente Carlos Rinke; y "Mastín" (1) Teniente Daniel Gálvez y (2) Alférez Hugo Gómez. Continuaron juntos hacia el objetivo, pasaron rasante por la zona y vieron helicópteros y tropa pero no buques. Al finalizar el recorrido, iniciaron un viraje a la derecha y, más al sur, avistaron a dos buques de asalto de la flota auxiliar: el RFA Sir Tristram y el RFA Sir Galahad.

Los "Dogo" se lanzaron sobre el RFA Sir Galahad y el 1 arrojó sus bombas que hicieron impacto en el centro de la estructura.

El "Dogo 2" observó impactos directos, pero a él no le salieron las bombas. El 3 ratificó los impactos de Cachón y lanzó sus bombas, las que pasaron largas, rebotaron en el agua y explotaron en la costa, donde gran cantidad de personal y material fueron afectados.

Acto seguido, entraron los "Mastín" que, debido al humo que ya cubría el buque atacado, se dirigieron al RFA Sir Tristram. Al frente quedó el "Mastín 2" al mando del Alférez Gómez, cuyas bombas dieron en la línea de flotación, observadas por el "Mastín 1", y, finalmente, atacó Gálvez, que apuntó al mismo lugar, estimando haber pegado.

Lograron destruir los dos buques. El RFA Sir Galahad sería hundido como "tumba de guerra", poco después del conflicto y el RFA Sir Tristram, irrecuperable, fue trasladado al museo. El "Mastín 2" regresó con su TER (portabombas triple) central destruido por impactos.

Tres M-5 Dagger, indicativo "Perro", armados con dos bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque a objetivo naval en Fitz Roy. Tripulación: (1) Capitán Carlos Rohde (C-415), (2) 1er Teniente José Gabari (C-417) y (3) 1er Teniente Jorge Ratti. Despegaron de Río Grande a las 13:00 hs y arribaron a las 15:00 hs.

Tres M-5 Dagger, indicativo "Gato", armados con dos bombas retardadas por paracaídas. Misión: ataque a objetivo naval en Fitz Roy. Tripulación: (1) (C-435) Capitán Amílcar Cimatti, (2) (C-418) Mayor Napoleón Martínez y (3) (C-431) Teniente Carlos Antonietti. Despegaron de Río Grande a las 13:00 hs.

Hay varias versiones inglesas que reconocen el ataque sobre la fragata HMS Plymouth. Si bien no coinciden entre escuadrillas respecto de los daños, sí lo hacen en cuanto a su posición, en medio del Estrecho San Carlos, costa oeste, frente a Darwin. Esto no coincide con nuestra ubicación de la fragata atacada por "Perros" y "Gatos", en rada Agradable.

Lo que sí esta comprobado por testigos visuales propios, es que esa fragata se alejó humeando, mar adentro.


Los "Perro" y "Gato" arribaron a Río Grande a las 14:58 hs y 14:59 hs, respectivamente.

Tres M-5 Dagger, indicativo "Carta", armados con cañones. Misión: diversión sobre islas Salvajes. Tripulación (1) Vicecomodoro Luis Villar, (2) Teniente Daniel Valente y (3) 1er Teniente Mario Callejo. Despegaron de San Julián a las 13:20 hs.

Tres M-5 Dagger, indicativo "Sobre", armados con cañones. Misión: diversión sobre islas Salvajes. Tripulación: (1) 1er Teniente Carlos Musso, (2) Teniente Gustavo Aguirre y (3) Capitán Carlos Maffeis. Despegaron de San Julián a las 13:25 hs.

Ambas escuadrillas se dirigieron hacia el objetivo material simulando una operación de ataque por ruta directa. Llegaron a islas Salvajes sin encontrar oposición aérea. La meteorología se presentaba con nubes bajas y lluvias, en algunos sectores. Regresaron a Río Gallegos, donde arribaron a las 14:50 hs ("Carta") y a las 15:25 hs ("Sobre").


Fuente y agradecimiento: Fuerza Aerea Argentina.

viernes, 12 de enero de 2024

El Submarino “Santa Fe” en el Conflicto Malvinas

 El 14 de abril de 1982, la Fragata inglesa HMS Brilliant, recibió la orden de dirigirse a las Malvinas junto a una formación de barcos, dividiendo así el grupo de batalla ingles que había arribado a la Isla Ascensión como respuesta militar a la recuperación argentina de las Islas el 2 de abril. Encabezado por el Brilliant los navios Arrow, Coventry, Glasgow y Sheffield se dirigieron al sur, a gran velocidad. El 22 de abril, el Brilliant se separó del grupo a toda maquina, para apoyar al grupo del Crucero Antrim en las Islas Georgias del Sur. Navegando como podía en un agitado Atlántico Sur se dispuso que se uniera a tiempo al Antrim y la Fragata Plymouth a 150 millas al norte de Georgias.

La invasión inglesa de Georgias se había fijado para el 25 de abril, pero surgió una complicación, se sabia de la presencia del Submarino Argentino SANTA FE en Grytviken. El Antrim barco insignia decidió que debería posponerse el desembarco hasta haber eliminado la amenaza que representaba el submarino. 

El 25 de abril, helicópteros Wessex del Antrim ven al submarino saliendo de la bahía a gran velocidad, había desembarcado tropas de la Infantería de Marina Argentina para reforzar esa posición; el SANTA FE también sabia del despliegue de buques ingleses a la Isla, por eso realizo su aproximación de entrada a la Bahía Guardia Nacional de la Isla San Pedro navegando en superficie muy cerca de la costa para burlar los radares de búsqueda y cumplir con su misión.

La aeronave inglesa inicio un decidido ataque con cargas de profundidad, a bordo del Brilliant, uno de los helicópteros Lynx, fue enviado para unirse al ataque contra el SANTA FE. El Wessex estaba suspendido en el aire, tras lanzar dos cargas de profundidad, esperando la llegada de su relevo aéreo antes de volver al Antrim a rearmarse. 

El submarino argentino resistió ese primer ataque y puso rumbo de regreso a la Bahía de Cumberland en busca de resguardo, desde el helicóptero se vio que el submarino argentino dejaba un rastro de aceite por la popa. El Comandante del SANTA FE, Capitán de Corbeta Horacio Bicain, al ver por el periscopio caer el torpedo con su paracaídas, decidió rápidamente quedarse en la superficie para evitar su impacto, ya que esos torpedos operaban a profundidades mayores a 9 metros.

El Lynx, dio una pasada rasante con el tableteo de la ametralladora. La tripulación del submarino se disperso en el puente del SANTA FE, para protegerse, luego se armaron con fusiles y comenzaron a repeler la aproximación de los helicópteros ingleses, en el interior del Submarino se formó rápidamente una cadena de hombres para aprovisionamiento de municiones y fusiles hacia el puente. El helicóptero pasó una y otra vez, a unos 90 metros y a 10 metros de altura aproximadamente.

El Lynx se había unido al Wessex, y de repente se vio la estela de un misil guiado AS-12 disparado por un helicóptero Wasp que volaba por detrás del Lynx, y que impacto directamente contra la torreta del submarino traspasándola sin explotar por su estructura de fibra de vidrio. Ese impacto tendría el primero de los costos de guerra que pagaría el SANTA FE, la perdida de la pierna de uno de los tripulantes que se encontraba en esa cadena de amunicionamiento.

Desde tierra los efectivos argentinos, empezaron a repeler con el armamento disponible la persecución del submarino que retornaba defendiéndose, averiado y con un herido grave. Momentos mas tarde amarra dificultosamente en un muelle de madera en la boca de la Caleta. 

El Comandante ordenó el desembarco de los 76 tripulantes y del herido al muelle, por las condiciones en que se encontraba, mientras las tropas inglesas desembarcaban en todos los frentes. Evaluada la situación, a las 17:00 hs. del 25 de abril se rindió toda la guarnición argentina. 

Al día siguiente, el Comandante del Brilliant, Capitán John Coward, ex-oficial de submarinos, voló a Grytviken para inspeccionar al SANTA FE, ahora amarrado en el muelle y hundiéndose lentamente. Estaba inclinado a babor y con la proa levantada, su torreta agujereada y partes arrancadas por el ataque del misil. La veterana nave exponía iinnumerables agujeros de metralla. Dentro, ofrecía un panorama similar estaba averiado, desolado, y con luces de emergencia.

El estado de la nave decidió a los ingleses a sacar al submarino del muelle, y ubicarlo en un amarradero vacío de la vieja estación ballenera, donde pudiera hundirse. 

Tripulantes argentinos designados por su Comandante serian los encargados de hacer funcionar los sistemas y mecanismos para navegar la nave unos 300 mts dentro de la caleta "Capitán Vago" bajo la supervisión de un oficial británico y la estricta vigilancia de los Royal Marines; los Comandantes Bicain y Coward estarían en el puente. El submarino comenzó a moverse lentamente con una grave falta de flotabilidad, el Comandante argentino dio a toda prisa órdenes por intercomunicador en español a su reducida tripulación, para estabilizar la nave; esto requirió del Suboficial Primero Maquinista FELIX OSCAR ARTUSO rápidos movimientos para accionar válvulas neumáticas de la Sala de Control. Por la creencia de que se intentaba hundir la nave el guardia ingles que lo custodiaba lo hiere de muerte con su ametralladora. 

Suboficial Primero Maquinista Félix Oscar Artuso.

Durante el desenlace de este trágico incidente, el SANTA FE llegaba finalmente a su amarradero, horas mas tarde comenzó a hundirse producto de una sutil maniobra de sabotaje de los argentinos, mas tarde aflorando solamente su torreta en la superficie. El Suboficial Artuso se encuentra sepultado en el cementerio de Grytviken Islas Georgias del Sur.

En 1971, luego de veinticinco años de servicio en la Armada Norteamericana, fue transferido a la argentina. Fue desplegado en 1978 junto a otras unidades submarinas en las preliminares del conflicto con chile, operando en el pacifico. Protagonista absoluto de la recuperacion de las Islas Malvinas desembarcando una patrulla de trece hombres de la Agrupación Buzos Tacticos en las primeras horas del 2 de abril.

El Submarino A.R.A. "SANTA FE" (S-21), fue merecedor de la condecoración "Operaciones de Combate" y otorgo a la historia de la Fuerza de Submarinos de la Armada Argentina su "Bautismo de Fuego".


Por Oscar Héctor FILIPPI -CORRESPONSAL NAVAL


25/04/10

A.R.A. – A.N.A.T.

domingo, 12 de febrero de 2023

El hundimiento del HMS Sheffield

 Eran las 08.07 hora argentina (11.07Z), cuando el avión Neptune 2P-2H matrícula 0708/2-P-112 de la 1a Escuadrilla Aeronaval de Exploración despegó de Río Grande con la misión de verificar si había ruta despejada para tres Hércules C-130 que debían volar hacia Puerto Argentino.

Los Neptune eran viejos aparatos de búsqueda antisubmarina desarrollados por la Lockheed en la década del cuarenta, cuya autonomía de vuelo era de 20 horas y su alcance de 6406 kilómetros.

Desplegados desde la Base Comandante Espora a Río Grande en el mes de abril, el TOAS disponía de dos, el matrícula SP-2H 0708/2-P-111 y el mencionado 0707/2-P-112, ambos al mando del capitán de corbeta Julio H. Pérez Roca. Dotados de radares inadecuados, estaban obligados a efectuar aproximaciones de 100 millas que hacían sumamente peligrosa su exposición al quedar al alcance de las defensas antiaéreas. Y para peor, solo uno disponía de equipo de navegación VLF-Omega.

En realidad, los Neptune eran sumamente vulnerables al ataque de los Sea Harrier y eso sumado a la enorme cantidad de horas de vuelo que tenían acumuladas y el desgaste de sus motores -en otros tiempos verdaderamente poderosos-, los hacía en extremo inseguros.

La madrugada del 4 de mayo (04.07 hora argentina), el SP-2H 0708/2-P-112 decoló de Río Grande con rumbo al este para verificar si había vía libre para los tres Hércules C-130 que debían pasar a Puerto Argentino. Debía volar al sur de las islas, virar hacia el norte regresar luego de efectuar una órbita al archipiélago, sin escoltas, por lo extenso de la misión.

A las 04.50 hs (07.50Z) el avión hizo contacto con el “Comodoro Somellera” que, a dos días del hundimiento, seguía buscando sobrevivientes del “General Belgrano” y una hora después, los Hércules comunicaron que abortaban la operación (en esos momentos la capital de Malvinas estaba siendo atacada).

Al Neptune, en tanto, se le ordenó posicionarse al sudoeste de Puerto Argentino en espera de nuevas instrucciones, novedad que su comandante se apresuró a informar a los once tripulantes que componían la dotación.

A las 06.05 hs (09.05Z) el cabo Yedra advirtió que el radarista de a bordo, suboficial Pernusi, había detectado un buque enemigo a 90 millas al este y a 85 de Puerto Argentino, información que el operador retransmitió presurosamente a la torre. Veinte minutos después, Proni Leston recibió instrucciones de mantener contacto en forma “discreta” y permanecer en el área hasta nueva orden. Amanecía en esos momentos y había un techo de nubes bajas que hacía sumamente vulnerable al avión cuando emitía con el radar.

A las 08.14 (11.14Z) el Neptune obtuvo un nuevo contacto, notificando a la base que el buque se había movido hacia el norte y que parecía sostener el rumbo en esa dirección. Media hora después, (08.45 de argentina) comunicó que el objetivo se hallaba junto a otras tres unidades de las cuales, una parecía de gran envergadura, posiblemente un portaaviones. Fue el momento de máxima aproximación al enemigo, al superar la marca de 60 millas que los Neptune habían alcanzado los días anteriores.

En ese punto, una vez cumplida su misión, Proni Leston creyó prudente regresar. Empujando suavemente sus comandos descendió hasta plancharse sobre el agua y deslizarse un tanto al sudoeste, se dirigió al sector donde se había hundido el “General Belgrano”, sobrevolándolo a las 09.15 horas.

El reloj daba las 07.30 cuando el teniente de fragata Carlos Machetanz de la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque, salió corriendo de la sala de prevuelo, en la Base Aeronaval de Río Grande, para dirigirse al casino de oficiales. Intentaba no resbalar sobre la escarcha y cubrirse lo mejor posible aquel viento helado que hacía descender la temperatura por debajo de 0.

Cuando entró al recinto halló a su igual en el rango, Armando Mayora, recostado sobre un camastro. Éste, al verlo tan agitado, se incorporó y le preguntó que estaba ocurriendo. Machetanz le informó que se había detectado un blanco y por consiguiente, regresar con él a la sala, donde ya se hallaban reunidos los demás pilotos.

Mientras se colocaba el abrigo, Mayora preguntó si no sería otra falsa alarma, pero su compañero le respondió que no.

Al ingresar en el recinto vieron que entre los presentes se encontraban los capitanes de corbeta Augusto Bedacarratz -segundo comandante de la escuadrilla- y Roberto Curilovic, quienes en esos momentos exponían a sus colegas los detalles de la operación. Mayora no lo sabía aún pero junto con Bedacarratz, había sido designado para llevar a cabo un ataque contra la Royal Navy.  

La elección no podía haber sido mejor. Los pilotos habían volado juntos en más de un ejercicio de entrenamiento y se conocían lo suficiente como para evitar el uso de la radio durante largos trechos.

El personal reunido en la sala se hallaba concentrado en la planificación, calculando la trayectoria, la altura, la aproximación, el punto de lanzamiento del misil y el escape, todo en base a la información enviada por el Neptune de Proni Leston.

En realidad, la primera misión Super Étendard/Exocet había tenido lugar el mismo día que hundieron al “General Belgrano”, cuando el jefe de la escuadrilla, capitán de fragata Jorge Colombo y el teniente de fragata Carlos Machetanz decolaron de Río Grande para atacar un blanco a 80 millas al este de Puerto Argentino (la misma debió ser abortada por inconvenientes técnicos, a poco de su partida).

Regresando al 4 de mayo, cuando a eso de las 08.20 hs finalizaba la reunión, el teléfono de la sala comenzó a sonar. Al levantar el tubo, el teniente de navío Luis Collavino escuchó del otro lado al suboficial Villarroel, quien solicitaba hablar urgentemente con Bedacarratz. Cuando este atendió, le fue informado que el teniente García, jefe del Departamento de Mantenimiento de la escuadrilla, daba el visto bueno para decolar. Todo estaba listo para lanzar el ataque.

El tiempo esa mañana era malo y eso en cierto modo, beneficiaba la operación. La visibilidad era de 1000 metros, había un techo de nubes de 150, bancos de niebla y chaparrones aislados, lo que dificultaría ostensiblemente la acción de los Sea Harrier.

Un segundo llamado telefónico, atendido esta vez por Mayora, dio cuenta desde el Comando de Aviación Naval que los aviones debían partir a las 09.45, directiva transmitida inmediatamente a Bedacarratz, quien dispuso el alistamiento de las aeronaves (09.00).

Comenzaban a vivirse momentos de ansiedad, que se tornaron intensos cuando los pilotos se colocaron sus trajes antiexposición, los cascos y sus equipos de supervivencia con los cuales podrían soportar las heladas temperaturas del mar durante media hora en caso de ser derribados.

Cuando los mecánicos terminaban de efectuar los últimos controles, Bedacarratz y Mayora, ganaron el exterior y en compañía de Colombo abordaron una camioneta que los llevó hasta los hangares. Una vez en el exterior, un helicóptero Sea King pasó lentamente sobre sus cabezas y se posó suavemente pocos metros delante.

El personal de la base estaba pendiente de aquellos dos hombres y en su fuero interno especulaba sobre su suerte y los resultados de la misión.

Dentro de la camioneta, ninguno de los dos parecía nervioso pero seguramente lo estaban, como lo está todo soldado que se apresta a enfrentar el peligro. Aún así, intercambiaron varias palabras con Colombo mientras el soldado que conducía se mantenía en el más absoluto silencio, intentando no perder detalle de la conversación.

En los galpones varios hombres rodeaban a los aviones. Al llegar al lugar, pilotos y su jefe descendieron del rodado y se encaminaron hacia ellos para realizar el examen rutinario.

Cuando todo estuvo ok, subieron las escalerillas y una vez en sus cabinas, se sujetaron con las correas y cinturones, Bedacarratz en el avión matrícula 3-A-202 y Mayora en el 3-A-203.

Los aparatos fueron remolcados hasta el exterior y allí encendieron sus motores. Y con sus turbinas atronando el ambiente, los aviadores hicieron una detenida verificación de sus paneles, comprobando que todo se hallaba en orden. A las 09.30 en punto cerraron sus cabinas y lentamente echaron a andar rumbo la cabecera de la pista, seguidos a la carrera por mecánicos y asistentes, quienes lanzaban gritos y vivas a la patria. Era una manera  estentórea aunque válida de desahogar la tensión y el nerviosismo que los dominaba.

Los pilotos devolvieron el gesto alzando sus pulgares y después de recargar el combustible consumido durante la verificación y el recorrido hacia la cabecera, dieron máxima potencia y se prepararon a despegar. Bajo sus alas derechas se recortaban amenazantes las siluetas de los Exocet AM-39 que en pocas horas se transformarían en el terror de los ingleses.

Parado junto a los cazas, el teniente Machetanz les hizo señas indicándole que la recarga se había completado y acto seguido, se retiró al costado de la pista mientras el jefe de la formación (cuyo indicativo era “Boina”), pedía autorización para decolar.

Los Super Étendard comenzaron a carretear, el de Bedacarratz primero y el de Mayora después, remontando vuelo con una diferencia de 10 segundos entre uno y otro.

Las aeronaves ascendieron a 15.000 pies (4500 metros de altura), donde los vientos alcanzaban 300/12 nudos y enfilaron directamente hacia el punto de reunión, en busca del Hércules KC-130 del vicecomodoro Enrique J. Pessana, que los esperaba para  efectuar el reabastecimiento.

El cisterna volaba bajo el indicativo “Rata” y además de su comandante, estaba tripulado por su copiloto, el mayor Eduardo R. Gómez, el primer teniente Gerardo R. J. Vaccaro, los cabos principales Mario Cemino y F. Luis Martínez y los suboficiales auxiliares Oscar Ardizzone, Mario Amengual y Manuel O. Lombino.

A las 09.40 despegó de la misma base el Learjet LR-35 del primer teniente Eduardo E. Bianco (indicativo “Dardo”) llevando como copiloto al teniente Luis A. Herrera y al cabo principal Dardo Rocha en calidad de navegante. Debía concretar un vuelo de diversión atrayendo sobre sí cualquier ataque de los Sea Harrier y despejar el camino a los Super Étendard 

Dos escuadrillas de Mirage V-Dagger, decolaron inmediatamente después (10.20 hs), la “Pollo”, integrada por los capitanes Amilcar Cimatti en el avión matrícula C-447 e Higinio Robles en el C-414 y los “Talo” con el capitán Carlos Moreno en el matrícula C-431 y el teniente Ricardo Volponi en el C-429. Los primeros debían cubrir al Hércules y los Super Étendard en tanto los segundos harían lo propio con el Neptune de reconocimiento. Llevaban el mismo tipo de armamento: dos cañones de 30 mm y dos misiles Shafrir, el mismo con el que espantaron a los cazas enemigos en los primeros enfrentamientos.

El KC-130 se hallaba a 150 millas de Río Grande cuando los Étendards lo detectaron. Al momento de ser divisado, volaba con sus mangueras extendidas, maniobra que se había practicado infinidad de veces por los experimentados aviadores navales antes del conflicto.

Bedacarratz y Mayora se aproximaron lentamente, oprimieron los botones de salida de la lanza y apuntaron a la canasta de ambas mangueras, ejecutando un encastre perfecto. Los tanques se llenaron sin problemas y a las 10.04 hs (13.04Z), cuando se desplazaban a 250 millas del objetivo, se desengancharon.

Finalizada la operación, el Hércules se alejó y los cazas iniciaron su recorrido a 800 km/h en dirección al este. A todo esto, a las 10.50 el Neptune 2P-HP de Proni Leston ya había confirmado la detección del blanco, permaneciendo en el área durante tres horas para mantener la posición bajo control. En ese lapso fueron ubicados un total de cuatro buques británicos navegando a 85 millas al sur de Puerto Argentino y 90 de donde se encontraba el Neptune.

Temiendo que el enemigo los detectase, Proni Leston comenzó a volar en zigzag simulando estar buscando sobrevivientes del “Belgrano” y así fue como a las 10.35 (13.35Z) ascendió hasta los 3500 pies para transmitir las posiciones a los Super Etnedard que venían en camino. Cumplida la tarea, se pegó al mar y se alejó a toda prisa, aterrizando en Río Grande dos horas y media después, cuando los relojes daban las 12.04 (15.04Z).

Bedacarratz y Mayora continuaban volando al ras del agua, pasando al sur de la isla Beauchene, un promontorio envuelto en brumas, que emergía siniestro de las heladas aguas del mar, a 47 kilómetros de las costas septentrionales de la Isla Soledad.

Dejando atrás el peñasco, los pilotos procedieron a alimentar sus sistemas de ataque UAT, introduciendo en ellos la información recibida. Casi al mismo tiempo ascendieron hasta los 500 pies tratando de localizar los blancos y al no detectar nada volvieron a descender para seguir en las mismas condiciones durante las siguientes 25 millas.

A las 10.50 (13.50Z), repitieron la maniobra, trepando nuevamente hasta los 500 pies de altura y fue entonces que los ecos de cuatro unidades de superficie aparecieron en sus pantallas, una grande, dos medianas y una más pequeña a la izquierda.

En sus tableros se encendieron las luces de alerta advirtiendo que las contramedidas electrónicas de los radares británicos los estaban rastreando; una vez más, volvieron a descender y pegados al agua, continuaron otras 25 millas para comprobar, después de un tercer ascenso, que los barcos se habían desplazado un tanto de sus posiciones.

En vista de ello, los pilotos programaron el instrumental de a bordo, orientaron la memoria de las computadoras hacia las de sus misiles -debían guiarlos los últimos 10 kilómetros del recorrido- y a las 11.04 (14.04Z), a 30 millas del blanco, Bedacarratz disparó.

El proyectil se desprendió del soporte, cayó unos metros en picada y casi enseguida encendió su motor, partiendo rasante sobre el agua, trazando un surco con su estela. Por un momento su numeral pensó que el misil se estrellaría en el mar pero al ver que su propulsor se había encendido, se tranquilizó.

Dos segundos después hizo lo propio Mayora, comprobando que todo había salido a la perfección. Era la primera vez que se disparaba un AM-39 desde un avión y por esa razón, la incertidumbre era alta.

Mientras los Exocet iniciaban su trayectoria, los pilotos efectuaron un amplio viraje hacia la derecha y se retiraron con rumbo sur, iniciando el escape a 1000 km/h “peinando las olas”, como suele decirse en la jerga aeronaval cuando se vuela a pocos metros del agua. Había poca visibilidad y el océano se hallaba encrespado, por lo que Bedacarratz advirtió a su compañero sobre el peligro que aquello representaba.

En un momento dado, el jefe de la escuadrilla creyó que una PAC de Sea Harrier los estaba siguiendo pero Mayora lo tranquilizó al informarle que era él quien volaba detrás, pegado a su cola.

Ese día, el destructor tipo 42 HMS “Coventry” pidió su relevo después de una agotadora jornada de escolta y protección a los portaaviones. Su radar 965 estaba fallando y necesitaba ser reparado, por lo que el permiso le fue concedido. Sin saberlo, acababa de condenar a muerte a su gemelo, el HMS “Sheffield”, que lo reemplazó.

Como se recordará, el “Sheffield” fue una de las primeras embarcaciones en arribar a la zona de operaciones. Lo hizo desde la base naval de Gibraltar, de donde había partido el 5 de abril después de varios meses de maniobras en el Mediterráneo.

Construido en los talleres de Portsmouth, fue botado el 10 de junio de 1971 y asignado el 16 de febrero de 1975. Como todos los destructores de su tipo, tenía 125,60 metros de eslora, 119,50 en la línea de flotación, 14,3 de manga y 5,8 de calado, el cual llegaba a 6,70 metros a carga completa. Equipado con dos árboles portahélices COCOG, dos turbinas Rolls Royce Olympus TM3B y otras dos Tyne (todas a gas), desplazaba 3750 toneladas (4100 a plena carga) y alcanzaba los 18 nudos a velocidad de crucero, los cuales ascendían a 29 a máxima velocidad. 

Sus turbinas llegaban a los 56.000 CV a plena máquina, a los 8500 a potencia de crucero y su autonomía era de 7400 kilómetros a 18 nudos.

Se hallaba provisto de una doble rampa de lanzamiento de misiles Sea Dart GWS30 con 22 artefactos, un cañón MK-8 de 115 mm y dos Oerlikon MK-7 de 20 mm., completando ese armamento con helicóptero Westland Lynx HAS.1 dotado de torpedos MK-46 y misiles Sea Skua.

Aquel 4 de mayo, día frío, con mar calmo y cielo despejado, el “Sheffield” se encontraba a unos 35 kilómetros delante del grupo de portaaviones, haciendo de escolta y brindando protección.

En esos momentos, las unidades de la flota británica se hallaban en “alerta 2 de vigilancia”, con sus tripulaciones ubicadas en sus puestos, turnándose cada seis horas.

El capitán James “Sam” Salt estaba en el puente de mando cuando desde la sala de operaciones se emitía un mensaje al “Hermes” para ser reenviado al Estado Mayor de la Flota en Northwood. Mientras eso ocurría, la dotación de 289 hombres al mando de 26 oficiales, se concentraba en sus tareas, atenta a las indicaciones.

Por temor a ser detectados, el radar principal de a bordo, un 966 mejorado a partir de un 965, había sido apagado para evitar interferencias en las transmisiones vía satélite. En su reemplazo, la pantalla del buque insignia (el “Hermes”) se comunicaba con la suya por medio de un sistema de transmisión de datos que, a decir verdad, y como se podrá apreciar, no sirvió de mucho.

Un grave error de los británicos fue dotar a sus embarcaciones de equipos de detección electrónica sin haberlos alimentado con las características de los Exocet, lo que tendría consecuencias fatales para el “Sheffield” y otros componentes de la Fuerza de Tareas. Además, a diferencia de los Sea Wolf, los Sea Dart de a bordo dependían del radar para ubicar el blanco y de quienes los operaban para decidir si era amigo o enemigo. Y eso era en extremo contraproducente porque los obligaba a apuntar a un solo objetivo por vez, brindando al atacante un tiempo precioso. Otro problema era su incapacidad de dispararle a algo que volase a menos de 2000 pies debido a que los sistemas de a bordo no captaban nada por debajo de esa altura. Aún así, los británicos lanzaron sus unidades adelante, subestimando la capacidad de los aviadores argentinos.

La tripulación del “Sheffield” al igual que la del resto de la flota, le temía más a los submarinos que a un ataque aéreo, lo que sería una constante a lo largo de la campaña.

El radarista Nick Batho, oficial de operaciones del destructor, se encontraba en su puesto cuando detectó señales que indicaban la proximidad de un avión, novedad que se apresuró a comunicar al lugarteniente Meter Walpole, oficial de guardia.

Walpole se dirigió a cubierta para informar el hecho al teniente Brian Layshow, piloto del helicóptero Lynx y entre ambos se pusieron a vigilar el horizonte. Minutos después, creyeron distinguir algo a la distancia, una especie de nube un tanto difusa, que se recortaba en la lejanía. Al principio dudaron ya que nunca habían visto un misil de frente, es decir, avanzando directamente hacia ellos, pero a los dos segundos sus dudas se disiparon.


-¡¡Por Dios– gritaron al mismo tiempo- es un misil!!


Algo similar ocurrió con Steve Iacovou, subteniente de la Armada Real, que en esos momentos desempeñaba funciones en el puente de mando junto al timonel, un ayudante, algunos oficiales y varios marineros. En un primer momento creyeron que se trataba de un torpedo avanzando hacia ellos pero cuando el oficial maquinista apuntó con sus binoculares, las dudas se disiparon.


-¡¡Es un Exocet!!


Se quedaron todos inmóviles, presas del pánico, hasta que alguien ordenó a los gritos ponerse a cubierto. Instantáneamente se arrojaron al piso, buscando protección como mejor podían, y ahí estaban cuando el misil perforó el casco y estalló. Iacovou se abrazó al segundo oficial de guardia y cerrando con fuerza los ojos se cubrió instintivamente la cabeza.

Como han dicho muchos de los tripulantes después de la guerra, fueron segundos de tremenda angustia, que parecieron una eternidad.

Una gigantesca explosión estremeció al buque, clara señal de que el “Sheffield” había sido alcanzado.

El misil dio por la banda de estribor, cuatro segundos después de ser detectado. Pegó en la mitad del buque, a centímetros de la línea de flotación, detonando en su interior con inusitada violencia. Penetró en línea oblicua ascendente, arrasando el centro de máquinas, la sala de operaciones, el cuartel general de control de daños, camarotes y otras secciones.

El capitán de corbeta Patrick Kettle, oficial ingeniero de a bordo, se encontraba leyendo un libro en la sala de control cuando el estallido lo hizo estremecer. El buque se quedó sin energía y una corriente de aire caliente atravesó el espacio para esparcirse por los pasillos de babor.

Cuando el misil explotó, Kettle vio a personas y objetos volar delante suyo en tanto salía despedido de su sillón y daba contra una mampara. Había gente que corría en todas direcciones mientras los gritos de dolor y desesperación tapaban a los oficiales que intentaban hacerse oír. Todo era caos y confusión.

Kettle se incorporó y notó aliviado que estaba ileso. Su primer impulso fue correr en busca de un salvavidas y eso hizo. Al dar con uno, se lo colocó presurosamente y acto seguido intentó hacer sonar la alarma radial que, por supuesto, no funcionaba. De todas formas, se trataba de una simple formalidad porque la dotación entera sabía lo que estaba ocurriendo. Cuando se comunicó con el sector de proa, le informaron que la sala de operaciones había sido arrasada y el humo comenzaba a invadir el interior del navío, propalando un olor insoportable.

La humareda se hizo tan densa, que le resultaba imposible respirar y hasta verse las manos cuando se las ponía frente a la cara. Kettle procedió a abandonar el lugar porque no había más nada que hacer allí.

El personal se arrastraba e incluso gateaba por pasillos repletos de humo, colocando sus narices lo más cerca posible del suelo donde el aire era más respirable, tal como se hacía en los entrenamientos (el calor siempre tiende a subir). Cuando Kettle ganó el exterior, absorbió una profunda bocanada y eso le provocó gran alivio aunque se sobresaltó al ver que estaba negro de pies a cabeza, como la mayor parte de quienes emergían del buque.

Una vez en cubierta, se dirigió al sector de popa para comprobar si el barco se estaba hundiendo y desde allí notó el gran agujero abierto por el misil.

De momento la nave flotaba, cosa que tranquilizó al oficial porque eso les daría algo de tiempo para el rescate de sobrevivientes.

A esa altura, la tripulación combatía denodadamente el fuego y como nada funcionaba, debió recurrir al método de bajar los baldes con una soga, cargarlos con agua del mar y pasarlos de mano en mano, un trabajo inútil que demandaría más de cinco horas.

Sin dudarlo Kettle se sumó a la tarea y eso le sirvió para olvidar momentáneamente el miedo. Mientras tanto, los incendios se propagaban a gran velocidad, alimentados por el material altamente combustible que cubría las cuatro millas de cables eléctricos.

Cuando Iacovou se incorporó vio a varios hombres corriendo en todas direcciones al tiempo que el oficial de guardia intentaba inútilmente hacerse cargo de la situación. Algo más allá, su segundo trataba de utilizar el intercomunicador pero el mismo no respondía. Como el contramaestre había abandonado el lugar, probó usar los controles para ver si quedaba alguna posibilidad de dirigir la nave hacia otra ubicación pero todo fue en vano. El humo entorpecía la visibilidad y dificultaba enormemente la respiración, por lo que pidió instrucciones al oficial de guardia sin que nadie le respondiese. 

Entre los heridos más graves había un hombre que se quemó íntegro cuando atravesaba un pasillo, no por las llamas sino por el calor; hubo otros que en la desesperación se arrojaron al agua mientras un grupo de marineros en un bote de goma, intentaba apagar el fuego que emergía por el orificio que había abierto el misil.

Por entonces, la furia del incendio parecía incontrolable; la cubierta superior comenzaba a calentarse y la tripulación a sufrir quemaduras en las plantas de los pies.

Provisto de una máscara de oxígeno, el capitán Salt trató de bajar a las cubiertas inferiores para supervisar los daños pero no pudo ir muy lejos porque las escalerillas se habían caído. Aún así, lo poco que vio lo dejó estupefacto. Las enormes puertas se habían deformado y en algunos sectores el metal estaba al rojo vivo.

Fue en ese momento que el teniente Layshow despegó al comando del helicóptero y partió hacia el “Hermes” en busca de ayuda.

Desde los portaaviones se despacharon varios Sea King llevando médicos y asistentes, los primeros para colaborar en las tareas de rescate y atención de heridos y los segundos para intentar controlar los incendios.

En tanto eso ocurría, las tripulaciones de las diferentes unidades de la Task Force observaban con angustia la densa columna de humo en la lejanía, señalando el lugar del desastre y a las fragatas “Arrow” y “Yarmouth” aproximándose a prestar ayuda.

La primera intentó, sin éxito, combatir las llamas arrojando gruesos chorros de agua a través de sus mangueras justo cuando un importante número de sobrevivientes pasaba a ella a través de las redes extendidas ex profeso. Había otros náufragos que flotaban en las aguas heladas e intentaban ser recogidos con la ayuda de sogas.

Con la pintura de la parte posterior del buque derritiéndose, algunos valientes se colocaron las máscaras de oxígeno y bajaron a combatir el fuego a los niveles inferiores; uno de ellos no volvería a salir. De esa manera, se repetían escenas similares a las del hundimiento del “General Belgrano”, con verdaderos actos de entrega que solo en situaciones límites como un conflicto armado se pueden apreciar.

En el resto de la flota persistía el temor de un ataque submarino. Tal era la obsesión, que desde el HMS “Glasgow”, se arrojaron cargas de profundidad porque alguien creyó distinguir un periscopio.

El capitán Salt hablaba a través del walkie-talkie con su par del “Arrow” (capitán Paul Bootherstone), cuando el “Yarmouth” disparó repentinamente sus misiles antisubmarinos respondiendo al aviso de su radarista, seguro de haber detectado ecos sospechosos en su pantalla. El hecho ocurrió tan cerca del lugar de la tragedia que comandante del "Sheffield" experimentó un gran sobresalto.

Los que también estaban nerviosos eran los artilleros, quienes por poco no derriban un avión propio al abrir fuego con sus cañones Oerlikon de 35 mm.

Para entonces, habían partido de los portaaviones varios Sea Harrier con órdenes de interceptar posibles aeronaves enemigas y las dotaciones de helicópteros se mantenían en posición ante cualquier eventualidad.

Un nuevo temor comenzó a preocupar al capitán Salt y a los comandantes de la flota, cuando el fuego alcanzó los depósitos de municiones. Y no estaban errados ya que parte de la misma explotó, provocando nuevos heridos y daños de consideración.

Veinte hombres murieron a bordo como consecuencia del ataque y otros 63 resultaron heridos (uno de ellos fallecería días después), la mayoría en la sala de computación, debajo del centro de operaciones y en la cocina, donde en esos momentos se preparaba el almuerzo.

Dada la situación, no hubo más remedio que abandonar el barco aun cuando varios oficiales y marineros se afanaban por apagar los incendios. Al escuchar la directiva, los hombres dejaron las tareas y subieron a la cubierta superior mientras afuera comenzaba a caer el sol y el frío se tornaba intenso. A medida que iban saliendo, se les proveía de mantas y ropas secas porque la mayoría se había mojado adrede para combatir el calor. En esas condiciones, el clima helado del océano, con sus vientos y baja temperatura, podía resultarles fatal.

Mientras los Sea King evacuaban a los heridos, la tripulación empezó a cantar Always Look on the Bright Side of Life, tema principal de la película La vida de Brian.

Imperaba la tristeza y hasta se podían ver lágrimas en los ojos de los marineros cuando la dotación comenzó a pasar al “Arrow”. Casi todos los hombres habían perdido a un amigo o tenían a otros en muy grave estado; hacía tiempo que navegaban juntos y por esa razón, los lazos de camaradería eran profundos. De todas maneras, se sentían aliviados de abandonar el naufragio y deseaban hacerlo cuanto antes.

Para Iacovou la experiencia fue algo pavoroso y quedaría grabada en su mente durante el resto de su vida.

En cuanto al segundo Exocet, el del teniente Mayora, el mismo pasó muy cerca del “Yarmouth”, posiblemente desviado por el chaff, una nube de pequeños filamentos de metal de aluminio tendiente a confundir al sistema computarizado de los misiles. Siguió de largo hasta estrellarse en el mar, después de agotar el combustible.

Fue una jornada de extrema tensión para la Fuerza de Tareas británica y una sorpresa para muchos. John Witerow, del “The Times” de Londres, que viajaba a bordo del “Invencible”, apuntaría en su libro La Guerra de Invierno, que al producirse el ataque, una voz por los altavoces informó con tono excitado que un misil había impactado al destructor: “El ‘Sheffield’ ha sido alcanzado por un Exocet disparado desde un avión. Están combatiendo el fuego a bordo. Se encuentra a unas 15 o 20 millas y estamos enviando equipos contra incendios”.

En ese preciso instante comenzaron a sonar las alarmas y la misma voz puso en alerta a la tripulación: “¡¡Estamos bajo ataque, repito, estamos bajo ataque!!”.

Todo el mundo se arrojó a cubierta mientras sonaban los silbatos y se escuchaba con claridad el rugido de un cohete pasándoles cerca. Era el Exocet de Mayora, volando entre el portaaviones y la “Yarmouth”, luego de ser desviado por el chaff de esta última.

A bordo todos oraban en silencio y muchos marineros temblaban. Un periodista escribió en su cuaderno de notas que se vivieron momentos de horror cuando la gigantesca embarcación inició maniobras de evasión.

Casi enseguida, se escuchó por los altavoces una nueva voz indicando que el peligro había pasado. La enorme tensión comenzó a ceder.

Superado el trance, el personal de a bordo se puso de pie y se apresuró a ocupar sus puestos. Quienes lo hicieron en el puente vieron con verdadero espanto como la flota navegaba en zigzag, intentando evitar supuestos torpedos y la columna de humo elevándose desde el destructor a lo lejos.

El del “Sheffield” fue el primer revés de envergadura sufrido por los británicos en la guerra. Los éxitos iniciales habían potenciado la creencia de que la campaña solo iba a ser un paseo con alguna que otra incidencia pero la misma se disipó tras el impacto. Lo ocurrido sirvió para demostrar que la contienda había alcanzado su clímax y que los argentinos eran capaces de llevar a cabo acciones de envergadura.



Los helicópteros comenzaron a arribar a la cubierta del “Hermes” llevando a bordo a los primeros heridos. Periodistas y camarógrafos estratégicamente ubicados pudieron registrar las conmovedoras escenas que estremecerían al mundo, en especial al Reino Unido.

Hombres con terribles quemaduras y graves heridas eran desembarcados por tripulantes y enfermeros mientras equipos de voluntarios transportaban camillas con otros sobrevivientes, algunos mutilados, otros moribundos. También se pudo ver a los médicos dando respiración boca a boca y a gente llevando a marinos y oficiales con trozos de plástico pegados en sus rostros o partes de sus cuerpos humeando, todas ellas escenas escalofriantes.

A todo esto, los Super Étendard atacantes volaban hacia el continente, después de simular una retirada en dirección a la Antártida a efectos de desorientar a posibles perseguidores. A esa altura, habiendo comprobado que ninguna PAC enemiga los seguía, ascendieron a gran altitud con el objeto de ahorrar combustible y poco después establecieron contacto con el KC-130 del vicecomodoro Eduardo J. Pessana que los esperaba en el punto de reaprovisionamiento acordado durante la planificación del vuelo.

Lejos de lo que Pessana esperaba, los pilotos le manifestaron que tenían suficiente combustible para llegar a la base y por consiguiente, no necesitaban hacer el reaprovisionamiento.

El comandante el Hércules les pidió los resultados de la misión y una vez recibidos los pasó al continente, donde se los esperaba con mucha ansiedad. Las aeronaves se encontraban a unas 150 millas de Río Grande y hacia allí volaban sin ningún inconveniente.

Tras recepcionar el mensaje, el oficial encargado de la torre de control se comunicó con la sala de pilotos para retransmitirlo. Lo atendió el teniente Julio Héctor Barraza quien, al dar a conocer la novedad, generó la consabida algarabía del personal. El griterío llamó la atención de los mecánicos y asistentes en los hangares quienes salieron como catapultados y una vez ante sus superiores se les informó sobre el éxito de la misión y la llegada en perfecto estado de los dos Super Étendard, lo mismo los cuatro Dagger que les dieron cobertura.

Después de hablar con el Hércules, Bedacarratz se comunicó con Mayora para decirle que, a partir de ese momento pasaban a frecuencia de torre y que establecerían enlace con ella cuando se encontrasen a 10 millas de distancia.

De ese modo, después de indicar que se incorporaban a circuito de aterrizaje, se los fue guiando hasta que tocaron pista. Eran las 12.04 hora argentina y desde el sudeste soplaban vientos de 030/20 nudos.

El recibimiento de los pilotos fue apoteósico. Integrantes de las escuadrillas aeronavales y de la Fuerza Aérea, así como también, personal civil y militar de la base, ganaron el exterior para saludarlos. Algunos corrían detrás de los aviones, gritando y agitando banderas mientras los demás aguardaban en la plataforma, cerca de los hangares.

Los aviadores descendieron de sus máquinas y se abrazaron a sus colegas al tiempo que decenas de manos intentaban palmearlos, ya en la espalda, ya en la cabeza y los hombros. En medio de la emoción, alguien tomó fotografías con su cámara intentando registrar el momento, todo entre vivas, risas y brazos en alto.

Pese a que aún no había sido confirmada por el enemigo (que lo haría unas horas después al admitir bajas en el destructor), se tenía la certeza de que al menos uno de los misiles había dado en el blanco.

La Aviación Naval Argentina había llevado a cabo un vuelo impecable, altamente profesional. Bedacarratz y Mayora dispararon sus proyectiles cuando sus sistemas de detección indicaban su ingreso en la zona de alcance de las antiaéreas, a unos 35 kilómetros de los objetivos.

Hicieron un vuelo silencioso, sin producir emisiones, guiados por la posición inicial del blanco a través de los sistemas inerciales de sus aviones y tal como estaba previsto, a 10 kilómetros de distancia pusieron a funcionar sus radares de autodirección y oprimieron sus botones de lanzamiento.

Estabilizada su altura con los radioaltímetros de a bordo, los Exocet se desprendieron de las alas y encendieron sus motores siguiendo el rumbo introducido en sus memorias. 

La destrucción del “Sheffield” motivó la detención momentánea de la Task Force cuyos jefes, impresionados, decidieron un cambio de táctica. Como se ha dicho, nadie imaginaba que la Argentina fuera capaz de llevar a cabo un ataque semejante y hundir un destructor de última generación.

Al término del conflicto se dijo tanto en Gran Bretaña como en los Estados Unidos que la cabeza del misil no había explotado porque su orificio de entrada era un tanto pequeño, versión recogida por varios autores, quienes se basaban en fotografías y estudios efectuados después del 4 de mayo, antes de que el “Sheffield” desapareciese bajo las aguas.

Para aquellos analistas, el daño fue causado por la combinación de la energía cinética y el combustible propulsante durante el desplazamiento del misil por el interior del buque. Sin embargo, serían el capitán Salt y sus oficiales quienes saldrían a desmentir esas afirmaciones. “Yo estuve allí –le dijo el comandante del buque a Eddy, Linklater y Gillman- y sin ninguna duda les confirmo que el misil explotó”.

El HMS “Sheffield” continuó flotando durante seis días. Los incendios se apagaron entre el 7 y el 8 de mayo y el 9, al ver que se mantenía a flote, los británicos decidieron conservarlo para analizar los efectos del impacto y retirar el poco material utilizable que aún le quedaba.

La fragata “Yarmouth” lo sujetó con un grueso cable metálico y comenzó a remolcarlo hacia las islas Georgias pero a las pocas horas al comprobar que el destructor comenzaba a escorarse, decidieron cortar las amarras y dejarlo a la deriva. 

Desapareció bajo las olas el 10 de mayo por la mañana, en un punto situado a los 53º 04’S y 56º 56’O. Para los británicos se trató de un final mucho más digno que el desguace al que iba a ser sometido. Era el primer navío del Reino Unido hundido en combate desde la Segunda Guerra Mundial.

Historial

Astillero Vickers Shipbuilding and Engineering (Barrow-in-Furness, Inglaterra, Reino Unido)

Clase Tipo 42

Tipo Destructor

Iniciado 15 de enero de 1970

Botado 10 de junio de 1971

Asignado 16 de febrero de 1975

Destino • averiado por ataque de misil Exocet AM 39 el 4 de mayo de 1982

• hundido mientras era remolcado el 10 de mayo de 1982

Características generales

Desplazamiento 4820 t

Eslora 125 m

Manga 14,3 m

Calado 5,8 m

Armamento • 1 Lanzadera doble misiles Sea Dart

• 1 cañón 114 mm Mk 8

Propulsión COGOG

• 2 turbinas Rolls-Royce Olympus TM3B

• 2 turbinas Rolls-Royce Tyne

• 2 hélices

Potencia • Olympus: 36 MW

• Tyne: 6 MW

Velocidad 30 nudos (56 km/h)

Autonomía 4500 nmi a 18 Nudos

Tripulación 287

Aeronaves 1 Westland Lynx HAS1