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jueves, 23 de julio de 2026

El Regimiento 1 de Caballeria hacia fin del Siglo XIX

Campaña al Desierto norte (Chaco) y sur (Patagonia). Guerra interna.

En el año 1875, marchó a la provincia de Buenos Aires, en el sector de frontera llamado “Costa Sud”. Después de haber tenido su guarnición en Río Cuarto, Rosario de Santa Fe y Buenos Aires, en 1876 marchó al pueblo de Carhué (provincia de Buenos Aires).

Durante ese año y el siguiente, al mando del teniente coronel Salvador Maldonado, formó parte del Ejército Nacional (División Puán). Participó en las operaciones dispuestas por el Dr Adolfo Alsina como Ministro de Guerra, para adelantar la línea general de fronteras y ganar territorio ocupándolo militarmente.

Después del fallecimiento del Dr Alsina y nombrado ministro de guerra el general Roca (1878), se realizaron las acciones preparatorias para llevar la frontera al Río Negro. (Campaña al Desierto de 1879), en las que la unidad participó activamente.


A partir de abril de 1879, en la ejecución de la Campaña al Desierto, el regimiento formó en la Ira División, partiendo de Puán (provincia de Buenos Aires) el 30 de abril en dirección al río Colorado e isla de Choele Choel, la que se alcanzó en vísperas del 25 de mayo.

El 24 de junio, integró la Ira Brigada de Caballería de la citada división, que fue reorganizada, esta brigada, a la cual perteneció también el RC 3, tuvo por comandante al entonces coronel Conrado E. Villegas.

En 1880 formó en el Ejército Nacional que sitió a la ciudad de Buenos Aires, como consecuencia de la revolución que encabezó el gobernador de la provincia Carlos Tejedor. Después de la victoria de las fuerzas nacionales, permaneció en el campamento de la Chacarita hasta agosto de 1882. Volvió luego al Sur, a la localidad de General Acha (provincia de La Pampa), donde se mantuvo hasta 1891.

A partir de 1892 permaneció en Buenos Aires (Talar de Pacheco y Santa Catalina sucesivamente). En 1893 y 1894 estuvo en Mercedes (provincia de San Luis) y en la misma ciudad de San Luis. Posteriormente sus guarniciones fueron la ciudad de La Rioja en 1895, Chilecito en 1896 y 1897 y en Mendoza (Cuadro Nacional) en 1898, hasta enero de 1899 en que marchó al Chaco.

Ya en esa provincia la jefatura del regimiento se mantuvo en Resistencia, dependiendo de la “División de Operaciones en el Chaco”, cuyo comandante fue el general Lorenzo Winter. La unidad destacó parte de sus efectivos a Napalpí y Makallé, realizó numerosas comisiones de reconocimiento del terreno y protección de bienes y ganado de la población, teniendo además frecuentes encuentros y tiroteos con los indígenas.

Entre 1902 y 1905, el regimiento volvió a la provincia de Mendoza, situándose temporalmente en Los Corralitos, Luján de Cuyo y Cuadro Nacional.

El 4 de febrero de 1905, intervino en un motín (como fue calificada por el gobierno nacional, la revolución de esa fecha), junto con otras unidades de tropa con guarnición en Campo de Mayo, Bahía Blanca, Santa Fe, Mendoza y Córdoba.

Fracasado el intento, el 8 de febrero el Presidente relevó a su Jefe y disolvió la unidad.

El 03 de octubre de 1905, reapareció el Regimiento Nro 1 de Caballería. Por un decreto de esa fecha del presidente Manuel Quintana, el Regimiento de Granaderos a Caballo de Línea, se denominó Regimiento Nro 1 de Caballería de Línea “Granaderos a Caballo”.

Como se lee en la Reseña Histórica y Orgánica del Ejército, “su historia posterior quedó unida a la del Regimiento de Granaderos a Caballo, hasta el 7 de noviembre de 1911, fecha en que se ordenó que este último (el “Regimiento Nro 1 de Caballería de Línea “Granaderos a Caballo”), volviese a la vieja denominación”, es decir sin el número que lo identificase, y se anunció que “oportunamente se reorganizará el C1”.

Fuente y agradecimiento: Comision de Caballeria (fragmento).

martes, 7 de julio de 2026

Combate de Chiquilof (1869)

 En marzo de 1869, el Coronel Martiniano Charras, que habia reemplazado el Coronel Manuel Sanabria en la Comandancia de la Frontera Norte, llevo a cabo, junto con el Comandante de la Frontera Sud de Santa Fe, Coronel Antonio Benavidez, un reconocimiento de los campos que se extendian hacia el sudoeste.

Los indios operaban intensamente. En setiembre invadieron por Morote (Junin), los establecimientos de la costa del norte del Salado, para retirarse con un arreo de 2000 cabezas de ganado.

En Chiquilof, el Sargento Mayor Manuel Lopez, le cerro el paso con 80 hombres. En un reñido combate mueren cinco indios y se rescatan tres cautivas.

El Coronel Charras, con las fuerzas que habia logrado reunir, llego al sitio del combate cuando este ya habia concluido. Se inicio la persecucion.

Los dias 18 y 19 de octubre de 1869, las fuerzas de la frontera norte, encabezadas por Charras, a quienes acompañaba Czetz y por voluntad propia, el viejo Coronel Baigorria, veterano de las guerras de fronteras, se ponen en marcha para ocupar el estrategico lugar denominado Ancalo Grande, Al oeste del partido de Lincoln.

El dia 20, a las 7.30 horas, encontrandose la columna a dos leguas de la estancia de Dowling, se oyeron tres cañonazos del fortin Chiquilof, que anunciaban la presencia de los indios en numero aproximado de 150. Se sorprendio a los indios en la Cañada de Arin. Estos abandonaron el botin, aproximadamente 1500 yeguarizos y se dieron a la fuga. Todos estos hechos se desarrollaron en el partido de Lincoln, al oeste de la provincia de Buenos Aires. 

domingo, 21 de junio de 2026

El combate de Las Toscas (1868)

 La frontera norte, se vió sacudida hasta 1868, por el embate de los malones. El 3 de marzo, 2000 ranqueles habían saqueado la ciudad de Río Cuarto.

Los Guardias Nacionales de todo el partido de Nueve de Julio, se estacionaron en la estancia de Nuñez. Emilio Conesa, General en Jefe de las fronteras, entrevistó al cacique Ignacio Coliqueo, el 29 de octubre, ordenando que mandase tropas contra los malones indios asentados en "Las Toscas". Coliqueo, de inmediato, mando a su hijo, el Sargento Mayor Justo Coliqueo con un nutrido grupo de guerreros.

Los buscaron todo un día y toda la noche, según consta en el parte del 1º de noviembre. Les dieron alcance cerca del camino que va a laguna del Monte. Allí acabaron con once indios y expulsaron a los demás. Justo Coliqueo trajo cinco prisioneros y el arreo de mas de 500 vacunos y mas de 100 yeguarizos.

La hacienda recuperada fue restituida a sus dueños o capataces encargados de las estancias de la zona.

Este combate de "Las Toscas", se desarrolló muy cerca de la laguna del mismo nombre, sobre el Río Salado, en ese entonces en tierras pertenecientes a la Familia Terrero, actualmente propiedad de la Familia Viñas, ubicadas en el Partido de Alberti.-

lunes, 8 de junio de 2026

El combate "Corral de los Huesos"

 En setiembre de 1868 aparecio un malon en la zona del oeste. En el lugar denominado "Corral de los Huesos" o "Foro Malal", en lengua indigena, en jurisdiccion de los que hoy es el partido de Lincoln; se trabo lucha entre Justo Coliqueo y los hombres del Cacique Pincen, uno de los guerreros indigenas mas indomitos.

Siendo Justo Coliqueo, capitanejo principal de la tribu, dirigio en nombre de su padre una boleada de "avestruces".

Ya de regreso, llegaron a un punto que se denominaba "Corral de los Huesos" donde hicieron un alto para dar descanso a sus cabalgaduras. El 30 de setiembre, seis indios bomberos son atrapados por los hombres de Coliqueo. Luego cargaron sobre nuevos grupos de malones  a los que reconocieron como pertenecientes al Cacique Vicente Pincen. Los corrieron hasta diez leguas de distancia. Dieron muerte a 26 indios y tomaron 74 caballos.

Por recomendacion del Coronel Granada, teniendo en cuenta el buen comportamiento en la expedicion a los ranqueles y El Corral de los Huesos; el gobierno otorgo a Justo Coliqueo el titulo de Sargento Mayor, el 1° de octubre de ese año.

sábado, 2 de mayo de 2026

El combate de Vallimanca 1864

 En 1864, ante la amenaza de los malones que asolaban las poblaciones, el gobierno decidio establecer una linea de fortines. Un sector, comandado por el Coronel de Vedia, se denominaba Frontera Oeste y cubria una extension de 38 leguas en la cual se situaban varios fortines adelantados, entre los cuales se encontraba el de Vallimanca (ubicado a unos 60 km al noroeste de Tapalqué, en la provincia de Buenos Aires) , nombre de un arroyo que tambien sirve para denominar al combate reseñado en estas lineas.

De todas las acciones sucedidas en 1864, la mas sangrienta fue el ataque al fortin Vallimanca, en donde estababn destacadas tropas del Regimiento 5 de Caballeria. Su Jefe era el Capitan Eliseo Marquez teniendo como oficial al Teniente 2do Francisco Morales y contando con una guarnicion de 50 hombres.

El 28 de febrero un cabo y nueve soldados habian salido del fortin en busca de leña y cuando ese peloton estaba llegando a la orilla del arroyo Vallimanca fue atacado por los indios de Calfucura comandados por su hijo el cacique Carupan. Enterados en el fortin, su Capitan Marquez junto con el Teniente Morales y treinta y cinco soldados salieron a enfrentar a la indiada, a quienes no temieron, pese a su superioridad que era seis veces mayor. A menos de una legua de la indiada el Capitan Marquez dio una orden, escuchandose a continuacion el toque de carga, produciendose finalmente el entrevero en donde los soldados animados por sus oficiales , se batieron valerosamente. Finalmente los indios rodearon al pequeño grupo y se entablo una lucha cuerpo a cuerpo. Luego de tres horas de arduo combate donde la indiada sufrio grandes bajas, las tropas del ejercito fueron derrotadas. Quedo el recuerdo de estos valerosos hombres que pese a su inferioridad numerica supieron batirse con honor y valor.


Ubicacion aproximada del combate de Vallimanca.


jueves, 2 de abril de 2026

Combate de Primera Laguna

 El 19 de diciembre de 1871 se produce el Combate de Primera Laguna. El Capitán Remigio Suastre del Regimiento 4 de Caballería al mando de una tropa estacionada en el mencionado paraje, tuvo conocimiento de una partida de indios que se aproximaba a combatirlos. Dividió sus fuerzas en dos grupos, uno al mando del Alférez Gregorio Rodríguez y el otro a cargo del Alférez Santiago Báez. En seguida marchó al encuentro de los bárbaros, batiéndolos por completo y poniéndolos en fuga. Los persiguió por unas cinco leguas, quitándoles todo el arreo que llevaban.

jueves, 5 de marzo de 2026

Combate de la Guardia de Luján (1823)

 La Guardia de Luján, lo que es en el presente la ciudad de Mercedes, en la provincia de Buenos Aires, a comienzos del siglo XIX era una avanzada de la civilización, una cuña metida en lo que era campo y dominio casi exclusivo de la indiada indómita y cruel.

Allá por 1821, el límite más remoto de la frontera oeste de la provincia de Buenos Aires estaba constituido por la ciudad de Luján; y de ésta, la máxima avanzada era el Fortín de la Guardia de Luján. Jefe de la frontera era Manuel Ramírez; comandante del fortín, el capitán de artillería Ramón de Carvajal, el que contaba con dos piezas de a cuatro, y un puñado de húsares comandados por el capitán Federico Rauch, francés de origen, al servicio de la República.


Monumento que recuerda el combate de la Guardia de Luján.

Entre los años 1823 y 1825 la conflictividad fronteriza alcanzó un nivel sin precedentes; el estado de alarma llegó a tal punto que constantemente circulaban por la campaña rumores de invasión que con frecuencia no pasaban a acciones concretas. Las incursiones indígenas siguieron un ritmo estacional, incrementándose a partir de la primavera. Los primeros ataques indígenas que iniciaron esta etapa de conflictividad comenzaron a sentirse con fuerza en la primavera de 1823 y cubrieron un arco que se extendía desde Chascomús hasta la Guardia de Luján.

Refiere la tradición que, el 27 de octubre de 1823, unos 200 indígenas que regresaban de la zona de Salto arreando unas diez mil cabezas de ganado, atacaron, una vez más, al avanzado fortín. El combate habría tenido lugar en un paraje conocido como la “Cañada del Moyano”, correspondiente a las nacientes del arroyo El Moyano que es un afluente del río Luján sobre su margen izquierda.

Los bárbaros del desierto que contaban su triunfo seguro, dada la inferioridad numérica de los pocos soldados del capitán Carvajal, llegaron en su audacia hasta los mismos fosos del fortín; pero ese militar de la antigua escuela, que no se arredraba ante el peligro, proclama a sus artilleros y éstos rompen el fuego con sus diminutas piezas, las que contienen a los bárbaros, arrebatándoles la esperanza de un triunfo, descontado de antemano. Se veía el valiente capitán Carvajal abandonado de casi todos sus compañeros; una horda de salvajes rodeaba a su pequeño número de bravos, y la idea de su próximo e inevitable fin no lo hizo desmayar, y con el vivo y acertado fuego de sus piezas mantenido por una hora, no dejó de intimidar al enemigo, logrando salvar muchos heridos que yacían en el campo de batalla y obligando a los bárbaros a abandonar su empresa y con ella el precioso botín, cuya vista había ya empezado a halagarles.

Disponíanse a retirarse; mas el valiente capitán Rauch se presentó acompañado de unos cuarenta húsares que había podido reunir de su escuadrón, y sin perder un momento, da alcance al enemigo en momentos que el continuo cañoneo de las dos piezas del capitán Carvajal obligaba a los salvajes a abandonar un considerable número de hacienda. Fue preciso mandar hacer alto a los húsares del capitán Rauch, por el mal estado de los caballos; pero al día siguiente, rehecho el regimiento de húsares del pasado contraste, dio alcance a los indios, que habían vuelto a reunir mucho ganado, y, protegidos siempre por los certeros fuegos de las dos diminutas piezas de artillería del capital Carvajal, derrotaron completamente a los ranqueles, a quienes quitaron los cautivos y gran parte de los arreos.

ero al combate de los soldados hay que agregar el episodio que ha hecho dignas de gloriosa memoria a las mujeres de la familia Colazo. Residentes también en la Guardia, quedaron solas cuando los hombres salieron a dar batalla. Próxima la indiada, tuvieron noción cabal del terrible destino que las aguardaba si caían en sus manos. La muerte era preferible al cautiverio; pero mujeres de una pieza y de su raza, de tener que morir prefirieron caer peleando. Y aunque fuera en apariencia, ya que no les quedaba ni un chuzo como arma.
De manera que emplearon un recurso harto femenino: la astucia. Y convirtiendo un viejo mortero de quebracho para pisar maíz en inofensivo aunque amenazador cañón montado sobre las ruedas de una carretilla, lo emplazaron en una esquina del foso que les servía de baluarte. Luego, la madre y las cuatro hijas se endilgaron ropas de los hombres de la casa, transformándose, a su vez, en artilleros. Así, cada vez que la indiada se aproximaba, una de ellas enarbolaba un tizón, cual si se dispusiera a dar fuego a la mecha del cañón, y el efecto era decisivo: los indios hacían volver grupas a sus bestias en procura de un lugar seguro.
Todo esto hasta que llegó Rauch con sus hombres y puso fin a aquella acción –una de tantas- de la cual sólo se conserva un vago aunque no por eso menos digno recuerdo tradicional.
Después del combate en los flancos de la cañada de Moyano el teniente coronel Juan Antonio Saubidet contó sus muertos: un total de 52 bajas. Allí cayeron el alférez Gala, los capitanes Navarro y Castañer, un sargento, dos cabos y varios soldados.

En conmemoración de las vidas perdidas se erigió en el mismo sitio en que fueron enterradas, un monumento con una cruz de madera, ubicado en la curva que realiza la calle 26 al doblar en dirección al río Luján, unos 100 metros antes del puente (34°38’48.71? S 59°27’25.82? W). Es uno de los monumentos históricos de la ciudad de Mercedes, que pasó a ser conocido como “Cruz de Palo”.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Estanislao Heredia, combate Lagunas de Langueyú

 Es bueno levantar del olvido de cuando en cuando como ejemplo de abnegación y patriotismo, la figura luminosa de aquellos que cayeron como buenos en cumplimiento de un deber y para quienes la patria no ha guardado el menor recuerdo. Son figuras que se pierden detrás del sepulcro y nosotros cumplimos el grato deber de ir levantándolas una a una, para mostrarlas con todo el brillo, con todo el fulgor de que estuvieron rodeadas en su vida gloriosa. Toca ahora su turno al comandante Heredia, jefe del 5 de Caballería, cuya muerte trágica y desconocida nos conmueve todavía.


Estanislao Heredia nació en Catamarca en 1834 (1). El 1º de mayo de 1857 fue incorporado como alférez 2º agregado a la 1ª compañía del 2º escuadrón del Regimiento Nº 5 “Granaderos a Caballo”, en el Campo de Marte (Azul). El 24 de julio de 1858 fue ascendido a teniente graduado de su compañía (“en cumplimiento del Superior Decreto de 21 de mayo de 1858”); estando su cuerpo destacado en aquella fecha en Sauce Grande. El 1º de febrero de 1859 se hallaba acantonado en el Arroyo de la Ventana, y en Sauce Chico el 1º de marzo; pasando a Napostá Grande el 1º de mayo, y a Bahía Blanca el 1º de junio de 1859. Con motivo de la campaña que se abrió contra la Confederación, su cuerpo marchó hacia Buenos Aires, pero Heredia, que había recibido la efectividad de teniente 2º de su compañía el 7 de julio de 1859, obtuvo su baja del servicio.


Reincorporado al Ejército. 

El 1º de diciembre de 1859 se le encuentra como teniente 2º agregado a la 1ª compañía del 2º escuadrón del Regimiento 3º de Caballería en el Campo de Marte (Fuerte Azul); y el 1º de febrero de 1860 revista a cargo de la mencionada compañía; pasando el 1º del mes siguiente, a la 2ª compañía del 1er escuadrón de su cuerpo, de guarnición en el punto mencionado.

El 10 de julio de 1860 ascendió a teniente 1º de la lª compañía del 2º escuadrón de su regimiento, a cargo de la misma desde el 1º de setiembre de igual año. Tomó parte en la campaña de Pavón, asistiendo a la acción de ese nombre, y posteriormente se le halla acampado con su cuerpo el 1º de enero de 1862 en la costa del Paraná, llegando en el curso del mismo mes al Rosario. Terminada la campaña, en febrero de aquel año marchó con su regimiento de guarnición a Rojas, siendo promovido a ayudante mayor el 26 de noviembre de 1862.

El 1º de abril de 1863 se hallaba destacado en el “Fortín Bellanca”, pasando nuevamente a Rojas en el mes de octubre. El 31 de diciembre de 1863 fue ascendido a capitán de la 1ª compañía del 1º escuadrón del Regimiento 3º de Caballería. Desde mayo de 1864 a abril de 1865 permaneció en dicho cuerpo, de guarnición en Junín. Marchó en la expedición contra los indios Ranqueles mandada por el coronel Julio de Vedia, asistiendo al combate de la “Guardia de la Esquina”, en la Frontera Sud de Santa Fe, el 3 de julio de 1863.

Al estallar la guerra del Paraguay marchó desde aquel punto a Rosario, donde se embarcó para incorporarse al ejercito de operaciones, pasando a formar parte del 2º Cuerpo del Ejército que mandaba el general Emilio Mitre.

Se halló acampado con el Ejército Aliado en las Ensenaditas desde enero a abril de 1866, participando en el curso de este último mes en las operaciones de pasaje del río Paraná y en la toma de la batería de Itapirú, el 16 y 17 del mismo. Participó en la acción del Estero Bellaco del Sud, el 2 de mayo de 1866, y en los combates que se libraron para el cruce del mencionado Estero el 20 de este último mes.

En la gran batalla de Tuyutí, el 24 del mismo mes y año, cupo al 3º de Caballería, del que formaba parte el capitán Heredia, una actuación sobresaliente; junto con el 1º de la misma arma, mandado por el coronel Ignacio Miguel Segovia, salvaron del desastre a que expusieron a todo el Ejército Aliado las fuerzas de Guardias Nacionales correntina mandadas por los generales Manuel Hornos y Nicanor Cáceres, que cubrían el flanco derecho. Estas tropas de G. N. fueron batidas y arrolladas por la caballería paraguaya del general Resquín, y su desbande era inminente, sino hubiera sido por la pronta intervención de los regimientos mencionados, produciéndose un terrible choque al arma blanca, en el cual, jefes, oficiales y soldados se destacaron por su intrepidez y bravura; consiguiendo quebrantar el empuje de los más audaces, que momentos antes habían sableado a la caballería correntina y que pretendían flanquear al Ejército Aliado, para efectuar una reunión con el cuerpo mandado por el general paraguayo Barrios, a espaldas del enemigo. Finalmente, los laureles de la victoria coronaron los estandartes de los valientes regimientos 1º y 3º de Caballería, premiando el esfuerzo gigantesco de aquellos heroicos hombres.

Con su regimiento, Heredia formó parte de las fuerzas de caballería a las órdenes del general Venancio Flores, que amagaron por el punto llamado “San Solano” a las posiciones fortificadas de Curupaytí, en el violento asalto ordenado por Mitre en la luctuosa jornada del 22 de setiembre de 1866.

Permaneció acampado en Itapirú el resto de aquel año y el primer semestre del siguiente, siendo promovido a sargento mayor graduado el 27 de julio de 1867, pero quedando siempre a cargo de la 1ª compañía del 1º escuadrón de su regimiento. En aquel mismo año el Ejército Aliado marchó para ejecutar el movimiento envolvente sobre Tuyú-Cué, participando Heredia en algunas expediciones sobre los paraguayos. El 3 de noviembre de 1867, 8.000 paraguayos a las órdenes del general Barrios, sorprendieron y atacaron a los aliados en su campamento de Tuyutí, consiguiendo un triunfo momentáneo; pero después de tomar algunos cañones, se entregaron al saqueo de las ambulancias, siendo derrotados y casi exterminados por la caballería argentina al mando del general Hornos, entre la cual se encontraba el 3º de aquella arma y el Regimiento “General San Martín”, que con tanto valor se condujeron en aquella gloriosa jornada. Heredia, que había disfrutado poco antes de una breve licencia que se le concedió el 4 de enero de aquel año para bajar a Buenos Aires, se halló en aquel tremendo combate.

Al año siguiente pasó a Corrientes con su cuerpo, incorporado a la división del general Emilio Mitre, que fue encargada de dominar la rebelión encabezada por el general Nicanor Cáceres, que se había alzado en armas en el mes de mayo. Sofocada aquélla, regresó a Paraguay; pero antes de atravesar el Paraná, desde Goya el 16 de diciembre de 1868, el jefe del 3º de Caballería, coronel Emilio Vidal, propuso a la Superioridad, al ya sargento mayor graduado, Estanislao Heredia, para la efectividad del empleo y la comandancia del 1º escuadrón del cuerpo; agregando el coronel Vidal, que el propuesto había acreditado sus buenas calidades en la campaña del Paraguay, “en cuyos combates se hizo siempre acreedor a las recompensas de la Superioridad”. El 13 de febrero de 1869 se le otorgó la efectividad solicitada. El mes anterior, el 3º de Caballería bajó a la Frontera Norte de la provincia de Buenos Aires, acampando en Cabeza de la Vaca el 1º de abril de 1869, después de hacerlo en Junín desde el principio del año de referencia.

Posteriormente, Heredia solicitó ser separado del 3º de Caballería, por que regenteaba la Mayoría del mismo, el sargento mayor Lorenzo Vintter, de menor antigüedad que aquél, causa ésta que le hacía imposible continuar en aquel cuerpo. Esta solicitud presentada en junio de 1869, fue resuelta el 16 de setiembre del mismo año, fecha en la cual, el coronel Rufino Victorica, comunicaba al comandante Charras, jefe de la Frontera Oeste, con asiento en Junín, de que con fecha 4 del mismo mes, el Gobierno había dispuesto que el sargento mayor Heredia, del 3º de Caballería, pasase a órdenes del de la provincia de Buenos Aires. Por esta causa, el 27 de octubre del mismo año pasó a revistar en la P. M. A.


El 7 de marzo de 1870, el coronel Antonio Benavides, desde Fuerte “Coronel Gainza”, Frontera Sud de Santa Fe y Córdoba, solicitó que los sargentos mayores Estanislao Heredia y Máximo Bedoya pasaran a sus órdenes en aquella frontera. Accediendo a lo solicitado, el día 17 del mismo mes, Heredia pasó a órdenes del coronel Benavídez.

El 20 de agosto de 1870 fue destinado a la P. M. A., y el 26 de mayo de 1871 fue nombrado jefe del Regimiento 5º de Caballería, otorgándosele despachos de teniente coronel graduado el día 29 del mismo mes. Dicho cuerpo, que pertenecía a la guarnición del Fuerte General Paz, junto con el Regimiento “Coronda” de G. N. formó una brigada a las órdenes de Heredia en la primera campaña contra López Jordán, en el año 1870, asistiendo a varios hechos de armas. En mayo de 1871 se hizo cargo del cuerpo en la fecha precitada, acampando en una isla frente a Gualeguaychú; de donde lo condujo al Fuerte General Paz.

En julio de 1871 marchó con su regimiento a sofocar la sublevación de la indiada del cacique Manuel Grande, lo que verificó. En junio de 1872 supo que una invasión de indios había pasado por la izquierda de aquel Fuerte; el valiente comandante Heredia se puso en marcha con su regimiento, pero después de andar más de dos leguas, no encontraron rastros de los salvajes, y con el fin de no fatigar a toda su tropa, y en la creencia de que fuera un a invasión poco numerosa, ordenó a su 2º que hiciera alto, o marchase más despacio, mientras él se adelantaba con 50 hombres, con sus correspondientes oficiales y el baqueano Peralta. Apenas se había adelantado una legua, cuando Heredia alcanzó a ver una punta como de 20 o 30 indios, que al verlos, huyeron rápidamente.

Heredia sin vacilación se puso en su seguimiento a gran galope, suponiendo que era la gran invasión que le había sido anunciada; a poca distancia salieron de detrás de un médano otra cantidad de salvajes. Lo que decidió al bravo comandante a apurar la marcha, trepando rápidamente aquel obstáculo, detrás el cual apareció una columna de 300 a 400 salvajes, hábilmente emboscados para atacar a la pequeña fuerza que se aproximaba. Aquellos indios estaban mandados por el célebre cacique Pincén.

Sin vacilar un momento, Heredia hizo desmontar su tropa y formar cuadro, movimiento que fue ejecutado con toda rapidez, y mientras se disponía a repeler el inminente ataque, desprendió a su ayudante, para que ordenara a su segundo que a marchas forzadas se dirigiese al punto donde iban a combatir. El ayudante cumplió la orden, que mal trasmitida o mal interpretada, no fue inmediatamente ejecutada, regresando al lado de Heredia cuando ya se había iniciado la lucha.

Esta tomaba contornos trágicos, pues las carabinas de fulminante erraban fuego con suma repetición, que fue lo que sucedió entonces, siendo en este caso muy grande el número de las que fallaron y muy pocos los tiros que salieron, circunstancia que envalentonó a los salvajes; fue necesario recurrir al arma blanca para defender sus vidas en un terrible cuerpo a cuerpo. Los indios blandiendo enormes lanzas abrían profundos claros en aquel pequeño cuadro. Heredia, magníficamente bravo, exhortaba a sus soldados a mantenerse firmes mientras llegaba el resto del Regimiento. Ya se habían producido como 20 bajas.

Viendo que no aparecía el resto de su cuerpo destacó nuevamente al ayudante con la orden de hacer acelerar la marcha al mayor encargado; regresando aquél una vez cumplida la misión encomendada. Sin embargo, continuaban raleando las magras filas del comandante Heredia y el tan esperado socorro no llegaba nunca. Por tercera vez partió el veloz ayudante, pero esta vez no encontró al resto del regimiento y el digno oficial, único que sobrevivía aún, volvió al lado de su Jefe, pero éste ya no se hallaba a caballo: ¡era demasiado tarde! El ayudante se volvió loco.

Cuando sólo quedaban 8 o 10 hombres de pie, el baqueano Peralta se acercó a Heredia a invitarle a montar en su caballo parejero, para huir ambos; pero aquel valiente soldado se negó terminantemente, expresando que no podía abandonar a aquel puñado de bravos que había obedecido su voz de mando hasta el último momento. Antes que pudiera insistir el baqueano, una nueva arremetida de los salvajes sólo dejó tres soldados en pie. Heredia castigó su caballo, y haciendo fuego con su revólver se puso al lado de aquellos tres leones. Dos minutos después todo había concluido; el valiente comandante había recibido el postrer lanzazo, rodando sonriente y valeroso entre aquellos 80 cadáveres, pues los salvajes tenían 30 muertos.

Peralta, aprovechando la confusión producida entre los salvajes por la muerte del heroico comandante Heredia, y la precipitación con que se lanzaron para desnudarlo, fugó dirigiéndose al Fuerte General Paz, donde se hallaba el resto del regimiento, afirmando el mayor que la orden que había recibido era la de retirarse.

Cuando al día siguiente llegaron al lugar de la terrible tragedia, que había tenido lugar el 27 de junio de 1872, encontraron a Heredia y sus 50 valientes, desnudos y horriblemente mutilados, rodeados de trozos de sables y carabinas.


El 17 de julio de aquel año, recibían piadosa sepultura en esta Capital, aquellos despojos gloriosos. Su viuda, Mercedes Cari de Heredia, recibió el 30 de junio de 1873 la pensión del medio sueldo asignado a su valiente esposo.


Las listas de revista del mes de julio de 1872 señalan a la posteridad el nombre de los que murieron gloriosamente en la triste jornada del 27 de junio de aquel año. Ellos fueron:


1ª compañía del 1º escuadrón: sargentos Juan S. Herrera y José Molina; cabo Hermógenes Bustamante; y soldados Rufino Maldonado, Ramón Gómez y Narciso Rearte.


2ª compañía del 1º escuadrón: sargento 2º Nicasio Rodríguez; soldados Silvestre Maciel, Tomás Ibáñez, Néstor Rosales, Dalmacio Ramos, Ramón Rodríguez, Juan Castro y Gregorio Borsala.


1ª compañía del 2º escuadrón: cabo 2º Domingo Contreras; soldados Juan Martínez, Ezequiel Caldez e Hilario Lasarte.


2ª compañía del 2º escuadrón: aspirantes Juan Barquita y soldado Crescencio Ortega.

En la nota de baja del teniente coronel Heredia se lee textualmente en las listas mencionadas: “El teniente coronel graduado sargento mayor D. Estanislao Heredia, con fecha 27 de ppdo. por haber muerto en la pelea con los indios”.

Era segundo jefe del Regimiento 5º de Caballería el sargento mayor graduado José Díez. Muerto Heredia, tomó el mando del cuerpo el teniente coronel Hilario Lagos, quien ya figura en tal carácter en las listas del 1º de julio de 1872.

El 27 de diciembre de 1963, el Concejo Deliberante de Nueve de Julio sancionó una ordenanza designado “con el nombre de Teniente Coronel Estanislao Heredia, la calle de la ciudad de Nueve de Julio, que corre paralela a la Ricardo Gutiérrez hacia el lado oeste”. El proyecto había sido presentado por el bloque de ediles de la Unión Conservadora, a fines de octubre del mismo año; habiendo recibido el pedido de aprobación, por parte de las comisiones de Vialidad y Obras Públicas y de Presupuesto y Hacienda, el 10 de diciembre.

El 13 de julio de 1982 es declarado Monumento Histórico Nacional el monolito que guarda los restos del comandante Estanislao Heredia y sus 20 soldados, muertos en junio de 1872.


Fuente

Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

Gutiérrez, Eduardo – Croquis y siluetas militares – Edivérn – Buenos Aires (2005)

Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).

Agradecimiento: Revisionistas.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Fuerte de San Serapio Martir del Arroyo Azul

Habiendo sido distribuidas en suertes de estancias las tierras situadas en las margenes del arroyo Azul, a partir del año 1829 durante el gobierno de Juan Jose Viamonte, era necesario fortificar este paraje continuamente asediado por los indios.


El 6 de diciembre de 1832, por disposicion de Rosas, el coronel Pedro Burgos, Jefe del 5° Escuadron de Caballeria, partio de su estancia, "El Milagro" (actual partido de Pila), llegando al paraje indicado el dia 15 del mismo mes, al dia siguiente comenzo la construccion del fuerte, ayudado por el hacendado Blas Mancebo.

El dia anterior a la partida del Coronel Burgos hacia Azul, habian salido hacia el mismo destino las tropas con 32 carretas, 2 galeras, un carreton con las primeras familias, el cura, el medico y las maderas y herramientas para la construccion del fuerte y posterior trazado del pueblo.

El agrimensor Francisco Mesura, fue el encargado de trazar el pueblo de Azul, junto a la fortaleza, dando comienzo a los trabajos el 6 de diciembre de 1832.

No ha podido constatarse hasta la fecha el origen del nombre de este fuerte, el cual se atribuye al primer cura del fuerte y pueblo, Padre Pedro Conget, de la Orden de los Mercedarios, quien puso bajo la proteccion de San Serapio Martir a los primeros pobladores del arroyo Azul.

Este fuerte estuvo ubicado en la margen derecha del arroyo Azul, actualmente corresponde al Cuartel 1°, manzana 171, Seccion C, frente a la plaza principal de Azul.


Cañon en el Parque Municipal de Azul

Respecto del cañon, no se tiene certeza del año, de su origen (el bajo relieve de una flor de Lis podria servir como punta para la investigacion de su origen frances) y del porque "su presencia" en la zona. Adjudicada su pertenencia a la fundacion de la ciudad Azul, en el fuerte de San Serapio Martir del Arroyo Azul, lo cierto es que ni las ruedas son originales de dicha pieza de artilleria.


Flor de Lis (detelle).


lunes, 12 de enero de 2026

Batalla "del Pigue" monolito

Monolito que recuerda la batalla "del Pigue", acadecida el 15 y 16 de Febrero de 1858. Esta ubicado al norte de dicha ciudad, en un camino vecinal.
Fotografias 10Ene26.


 

martes, 23 de diciembre de 2025

Batalla de "Las Horquetas del Sauce" 1876

 Uno de sus desempeños más destacados estuvo en la denominada “Batalla de las Horquetas del Sauce”, en lo que sería posteriormente la estación ferroviaria Piñeyro, partido de Coronel Suárez.

Fue una de las cinco batallas más importantes de la "invasión grande" como la calificaron los indigenas.

Tuvo lugar el 10 de marzo de 1876 y fue evocado en una interesante nota por Luis M. Zavalia, propietario del establecimiento de Piñeyro en cuyas tierras tuvo lugar el enfrentamiento entre 550 soldados y 2.500 indígenas.

La División Costa Sud que defendía la frontera en la zona que incluía en el año 1876, lo que en el futuro sería el distrito de Coronel Suárez, cuando del campo de don Jorge Keín, en el sur de Bahía Blanca, le llegó el aviso de que una invasión de importancia entraba por el arroyo Las Mostazas, mientras que conjuntamente otra importante como numerosa indiada acampaba en "Las Horquetas" del arroyo Sauce Corto, donde estratégicamente buscaba apoyar el desplazamiento del futuro combate.

Al momento el jefe de la fuerza mandó tocar generala, poniéndose en marcha en dirección al paraje indicado con los regimientos 1 y 2 de Caballería y con dos piecitas de artilleria de campaña al mando del teniente Estanislao Maldones; en total 550 hombres, más 59 lanceros indígenas amigos, que comandaba el bravo cacique Pichi Huinca.

Es digno de mención el señor Enrique Blanch, inglés de nacimiento, que en un estupendo caballo trajo el aviso de una distancia de 20 leguas, actitud que sería agradecida por la guarnición, rechazando la escolta que se le ofrecía para su regreso y solicitando, en cambio, el permiso para combatir al lado de un jefe reputado como la primer lanza argentina: el coronel Salvador Maldonado.

El día estaba sereno y apacible y los soldados marchaban con decisión, descubriendo a poco al invasor que, a su vez, seguía el movimiento de la columna militar, organizándose en grupos y en orden abierto.

Tan luego, a medida que se acercaban a "Las Horquetas del Sauce", en lo que hoy es Piñeyro, se puso en movimiento el enemigo, coronando todas las alturas en un radio de veinte cuadras de distancia. La manera de combatir de los indígenas, era similar a la de los árabes, de acuerdo al informe militar, extendiéndose en orden abierto, formando grandes guerrillas separadas, en compactos grupos comandados por caciques subalternos, logrando de ese modo rodear las fuerzas de los regimientos.

De cuando en cuando, con actitud provocadora, los guerrilleros pampeanos, ricamente ataviados, blandiendo sus lanzas con hábiles molinetes, montados en briosos caballos, en su propia lengua gritaban a la tropa "que ni uno solo volvería al fuerte". El número de los invasores se calculaba en alrededor de 2.500 capitaneados por los caciques Namuncurá, Marcelino y Juan José Catriel, además de los sublevados hermanos Cándido y Ramón Leal, provenientes de Azul.

Maldonado, sin temor, con la serenidad que cientos de encuentros le daban, ordenó a sus fuerzas desplegarse en batalla, para tocar luego "a degüello", ordenando a las fuerzas cargar escalonadamente por escuadrones. La respuesta de la indiada fue ejecutar con astucia el mismo desplazamiento.

El combate se hizo general, cargando en sucesivas tandas el bravío salvaje chocó contra las tropas del Ejército y en el infernal griterío sobresalía el estrépito de las armas y el relinchar de los caballos.

Las dos piecitas de artilleria de campaña, manejada con oportunidad, infligían temor y daño en las fuerzas indígenas, que tras tres o cuatro cargas, dejaron en el campo de batalla, 53 indios muertos y numerosos heridos, para luego, vencidos, huir el resto en completa derrota hacia sus tolderías, con la esperanza de rehacerse y volver más tarde a disputar a las tropas "sus campos", como altivamente los denominaban.

En este duro, violento y desgraciadamente olvidado combate, por su bizarro comportamiento, el jefe de escolta del coronel Maldonado fue condecorado al ser gravemente herido en el brazo derecho. Su nombre y grado fueron: Manuel de Álvarez, con jerarquía de teniente y que llegaría luego a general e igualmente recomendados por su brillante acción, el Tte. Estanislao Maldones y el capitán Victoriano Rodríguez.

Y como comenzó también terminó la batalla el Sr. Enrique Blanch, que con grave riesgo pudo alertar a tiempo a la tropa, después de la cual al tranco, lentamente, regresó a su establecimiento, acompañado por los elogios del famoso coronel Maldonado.

En ese momento don Enrique Blanch, dueño de la estancia Las Horquetas, invitó a las fuerzas nacionales a tomar un refrigerio y les dio descanso en su establecimiento, elogiando al coronel Maldonado y sus fuerzas por la valentía y heroicidad demostrada en la batalla.

Esta sucinta reseña solo intenta reflejar los hechos registrados en una época muy diferente a la actual y a la que hoy solo nos llegan vestigios.

Durante algún tiempo las tribus de los caciques Tripailao, Manuel Grande y Pichihuinca se instalaron en las serranías de Puán, donde inclusive se ha bautizado al lugar como “la senda del Pichihuinca”.

Puan nace como Comandancia de Frontera el 5 de junio de 1876 cuando arriba la División Costa Sur a cargo del Coronel Salvador Maldonado.

La fuerza estaba compuesta por 800 hombres integrantes del Regimiento 1 de Caballería, Batallón 8 de Infantería y Regimiento 11 de Caballería. El Capitán Manuel Pichihuinca estaba a cargo de 50 lanceros al servicio de la Guardia Nacional, cuyas tolderías estaban ubicadas camino al cerro, sobre una margen del arroyo Pichincay.


 Nota del propietario de las tierras: Sr. Luis M. Zavalia (fragmento).

domingo, 14 de diciembre de 2025

Combate de Sol de Mayo (1857)

 En 1857, la intensidad de las invasiones y malones por parte de las fuerzas indias aumento y en el mes de octubre, el Coronel Wenceslao Paunero tomo conocimiento que una fuerte invasion de 1500 lanzas mandadas por el cacique Namuncura se extendia por la zona de Loberia.

Con el objeto de enfrentar a la indiada se unio a las tropas del Coronel Granada, Jefe de la expedicion contra Calfucura, el Coronel Paunero que comandaba la Division Bahia Blanca. Finalmente tuvo Lugar el 31 de octubre un encuentro en los campos de "Sol de Mayo" logrando las tropas oficiales dispersar a la indiada.

Como consecuencia de esta accion, el 16 de noviembre de 1857, el Presidente del Senado en ejercicio del gobierno provincial, Felipe Lavallol, y el Ministro de Guerra y Marina Jose Matias Zapiola, acordaron en merito a la actuacion que le cupo al Regimiento 17 en este combate, denominarlo "Sol de Mayo". (en el actual partido de San cayetano).


Combate de Cristiano Muerto 

1ro de noviembre de 1857.

Como consecuencia del decidido ataque de las tropas oficiales a la indiada en "Sol de Mayo", se produjo un nuevo enfrentamiento al dia siguiente de este combate.

Dispersadas las tropas indias, el 1ro de noviembre el Ejercito comenzo su persecucion alcanzando al grueso del malon en los origenes del arroyo "Cristiano Muerto", al norte de la sierra de ese nombre. En ese enfrentamiento, las tropas de Cañumil tuvieron 80 bajas, debiendo fugar hacia Pigue.

A esta accion se la denomino "Combate de Cristiano Muerto", en el hoy partido de Adolfo Gonzales Chaves.

lunes, 1 de diciembre de 2025

Coronel Hilario Lagos (h)

 Nacio en Pergamino en noviembre de 1840. Estudió en el Colegio Republicano de Buenos Aires, y posteriormente en el de Concepción del Uruguay, en la escuela de oficiales de artillería del mismo.

Ingresó al Ejército de la Confederación Argentina en 1856, en la guarnición de Concepción del Uruguay. Peleó como capitán en la batalla de Cepeda y participó en la campaña de apoyo a la intervención federal ordenada por el presidente Santiago Derqui a la provincia de Córdoba. Participó en la batalla de Pavón.


Disuelto el ejército federal, se unió al ejército nacional, organizado sobre la base del ejército del Estado de Buenos Aires. En 1862 era ayudante del general Wenceslao Paunero, durante la campaña contra los federales del interior. Tras una breve campaña a la región chaqueña, en 1863 enfrentó a las montoneras del Chacho Peñaloza en La Rioja, Córdoba y San Luis.

En 1866 marchó a la guerra del Paraguay como ayudante del presidente Bartolomé Mitre, y combatió en algunos encuentros menores.

Dos años más tarde, regresó con el presidente a Buenos Aires. Fue enviado a la frontera con los indios, como jefe del regimiento de caballería n.º 2, con guarnición en el sur de Córdoba, en el fuerte de La Carlota. Allí fue el primer jefe militar que obtuvo una victoria aplastante sobre los ranqueles, dirigidos por Mariano Rosas.

En 1872 fue destinado al norte de la provincia de Buenos Aires, y enseguida logró una gran victoria sobre el cacique Pincén, en sus propios toldos. Al año siguiente fue nombrado jefe de la frontera norte y centro de la provincia, y venció también a los indios de Ignacio Coliqueo, que hacían correrías menores en territorio de blancos.

Participó en la campaña contra la revolución de 1874, combatiendo contra los indios aliados de Mitre en Las Flores, Paso del Gualicho, Cacharí, Olavarría y Blanca Grande; en este último combate hizo prisionero al cacique Cipriano Catriel. Después se unió a José Inocencio Arias en la persecución de Mitre, hasta alcanzar a sus fuerzas y participar en la rendición del ejército rebelde, después de la decisiva victoria de La Verde.


Campaña al Desierto y revolución de 1880

Pasó los siguientes años como comandante de fronteras de la provincia. Era querido y respetado por sus oficiales y soldados, más que por sus superiores, por su disciplina estricta para con todos, incluido él mismo; también por su valentía, que no confundía con inconsciencia.

En 1878 fue el jefe de las fuerzas nacionales en la intervención federal a la provincia de Corrientes. Al año siguiente participó en la Conquista del Desierto organizada por el ministro de guerra, general Julio Argentino Roca. Fue uno de los jefes más destacados en esa campaña, y obtuvo un enorme triunfo al capturar unos 500 prisioneros, sobre todo mujeres y niños.

En 1880 fue elegido diputado nacional, por lo que pidió la baja del ejército. Se unió a la revolución del gobernador Carlos Tejedor contra el presidente Nicolás Avellaneda, y dirigió las fuerzas porteñas en la batalla de los Corrales Viejos. Fue dado definitivamente de baja del ejército y expulsado de la Cámara de Diputados.

Con acuerdo del Senado de la Nación, fue reincorporado al Ejército en 1883. Durante un tiempo fue inspector de fronteras de Salta y provincia de Jujuy. Participó en algunas campañas menores al Chaco. Fue diputado nacional en 1890, y fue docente en el Colegio Militar de la Nación.

Falleció en noviembre de 1895 en Buenos Aires.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Regimiento 2 de Caballeria

 Breves detalles del desplazamiento de dicho Regimiento durante la Campaña del Desierto (final).

En enero de 1875 el regimiento fue trasladado al fuerte General Paz y a principios de 1876 a la División Guaminí, a las órdenes del teniente coronel Marcelino Freire para el avance general de fronteras, ordenado por el ministro de guerra Dr Adolfo Alsina. Participó en combates contra los indios de Namuncurá, Antemil y Pincén, destacándose en Horqueta del Sauce (10 marzo), Paraguil (15 marzo), Guaminí (29 marzo) y Masallé (16 octubre).

En 1878, en operaciones previas a la Campaña al Desierto del general J. A. Roca, combatió en Frumancal (2 octubre) y en Lihuél Calel (7 diciembre) (Pcia. de La Pampa).


Campaña de Roca de 1879

Para la campaña del general Roca, revistó con 290 hombres, al mando del teniente coronel Clodomiro Villar, en la 2da División del coronel Nicolás Levalle. Partió desde Carhué, en mayo de 1879, recorrió el territorio de La Pampa, las Salinas Grandes, Traru Lauquén, Sierras de Lihuél Calel, Río Colorado y tomó contacto con la 5ta División.

El 25 de mayo, el comandante de la división notificó al Ministro de Guerra el estado del cumplimiento de su misión. Respecto al C2 escribió que: “estaba en comunicación desde el 15 con el comandante Godoy (jefe del regimiento) que se encontraba en Ñaincó”. Levalle dio por terminada las operaciones el 15 de agosto, elevando un informe y los partes de cada una de las columnas principales destacadas para batir la zona encomendada.


En la Campaña a los Andes (1882 y 1883)

Participó de la campaña a los Andes del general Conrado Villegas en la II Brigada del coronel Enrique Godoy. Partió el 19 de noviembre de 1882 desde el fuerte General Roca, en dirección a la confluencia de los ríos Colllón Curá y Quequemtreu. Al mando del mayor Roque Peiteado, marchó al interior de la provincia de Neuquén para batir la tribu del cacique Ñancucheo, lo que logró parcialmente en Chimehuin y, junto con tropas del Batallón 2 de Infantería de Línea, en el paraje de Huinchu-Lauquen (combate de La Trinchera), el 06 y 11 de diciembre de 1882, respectivamente. Terminada la campaña, se mantuvo en numerosas localidades y guarniciones en misiones de protección de fronteras. En regiones patagónicas del río Negro, Neuquén, y finalmente en la provincia de Buenos Aires.


Fuente y agradecimiento: COMISCAB.

jueves, 30 de octubre de 2025

Combate de San Jacinto

 El general Hornos fue designado entonces para hacer el escarmiento no realizado por Mitre, con ese objeto salió desde el Azul al frente del Ejército de Operaciones del Sur, que constaba de 3.000 hombres y 12 cañones. Los indios fueron avistados en las sierras de Tapalqué pero Calfucurá logró atraer al ejército porteño hacia una llanura que resultó ser un tembladeral, en el que inmovilizó por completo a la caballería. Así se inició el combate de San Jacinto, el 29 de octubre de 1855. Los salvajes bien familiarizados con esa clase de suelo pronto dieron cuenta del enemigo que sufrió una penosa derrota. Hornos tuvo que abandonar la lucha dejando 18 jefes y oficiales y 250 hombres de tropa muertos y 280 heridos. Numerosos caballos, armas, municiones y otros pertrechos quedaron en poder de Calfucurá.


La derrota del general Hornos conmovió profundamente a la opinión pública y hubieron interpelaciones en la Legislatura, por lo que el ministro de la guerra, el coronel Mitre, ofreció su renuncia al cargo.

Con sus triunfos sobre Mitre y Hornos, Calfucurá confirmó su prestigio ante la indiada, para la que resultó un conductor invencible y reconocido como la suprema autoridad de las pampas.

El gobernador hacía cargos al ministro de la guerra diciéndole: “… a costa de trabajo y gastos se logra al fin reunir en tres meses, mil caballos en el sur para el ejército que tanto los necesita y salimos con que en su marcha a Bahía Blanca se perdieron como 600….”.

El gobernador Pastor Obligado resolvió hacer las paces con Catriel y Cachul firmando un convenio por el que se obligaba a pasarles grandes cantidades de yerba, azúcar, tabaco, harina, aguardiente, vino de Burdeos, ginebra y 200 yeguas trimestralmente. Y como si ello no fuera bastante se le concedió a Catriel el grado de general y cacique superior de las tribus del sur y con el derecho a usar el uniforme militar de su jerarquía.

Esta debilidad del gobierno al pactar en forma humillante mediante tratados de paz que eran una vergüenza nacional, al otorgar grados militares y honores a los más sanguinarios caciques, se atribuyó a la crítica situación política por que atravesaba el Estado de Buenos Aires frente a la Confederación, aunque ello no puede ser justificado en forma alguna.

Como Calfucurá no quiso entrar en tratos y siguió en actitud hostil desde sus aduares en las Salinas Grandes, se procedió a organizar un nuevo ejército, que al mando del coronel Nicolás Granada, operaría sobre dichas tolderías. Iniciadas las operaciones se produjeron algunos choques indecisos en Sol de Mayo, en Cristiano Muerto y en la zona del arroyo Pigüé. La vanguardia llegó a las Salinas Grandes para encontrar tan sólo los rastros de la indiada que se retiraba al centro de la pampa.

De regreso a sus guarniciones las tropas fueron hostilizadas en toda forma por el enemigo, que llegó hasta incendiar los campos inmediatos a las columnas en marcha.

martes, 14 de octubre de 2025

Combate "Del Pigue"

 Es necesario señalar como antecedentes de la batalla de Pigue al combate de Cristiano Muerto, sucedido a fines de 1857. Como consecuencia del decidido ataque del General Conesa, la indiada se disperso y debio replegarse hacia sus tolderias en Pigue.

En el posterior avance del Ejercito del Sud hacia las Salinas Grandes el 10 de febrero de 1858, se incorporo en la Sierra de la Ventana la Division de Bahia Blanca mandada por el Coronel Wenceslao Paunero.

El Coronel Granada, jefe de la expedicion, se interno con su ejercito por las estribaciones al N.O. de la sierra de Curamalal, entre los arroyos Pigue y Curamalal Chico y el 15 de febrero fue atacado por 700 lanceros mandados por Calfucura y Cañumil. Al dia siguiente el ejercito prosiguio su marcha dividido en tres columnas y fue nuevamente atacado por la indiada desde varias direcciones, habiendo estos incendiado previamente los campos. Como epilogo de los sangrientos entreveros, se registro una fuga de los indios ante la decidida carga del ejercito.

El dia 17 por la mañana se prosiguio hacia el norte con la constante amenaza de la indiada a la retaguardia de las tropas oficiales, aunque una vez mas fueron rechazadas sus embestidas como consecuencia de la cual Calfucura y sus caciques decidieron retirarse ante la imposibilidad de lograr un ataque exitoso.

Al conjunto de estas acciones se las denomino Combate de Pigue. Se desarrollaron en el actual partido de Saavedra.

viernes, 3 de octubre de 2025

Combate de San Antonio de Iraola

 El 8 de septiembre de 1855, Yanquetruz y sus hombres invadieron campos y poblados en la zona donde hoy se ubican, entre otras, las ciudades de Juárez, Chillar y Tandil; ante tal situación, el general Hornos, acantonado en Azul, ordenó al teniente coronel Nicanor Otamendi que, con 124 soldados, marchara en auxilio de las poblaciones en peligro.  El 12 de septiembre, el escuadrón llegó a la estancia San Antonio de Iraola (actual Partido de Benito Juárez)

Al parecer, tanto Yanquetruz mismo como la indiada en general tenían mucho respeto por el teniente coronel Otamendi y, como se dirigían en esa dirección, le mandó a su lenguaraz (traductor), a los efectos de convencerlo de que lo dejara pasar sin entrar en combate, ya que arreaba, como producto de sus correrías, 20.000 animales robados, amén de algunas cautivas, con el propósito de venderlos en Chile.  Otamendi aprisionó al lenguaraz, ante lo cual la indiada, enardecida, se lanzó contra sus tropas.

Al amanecer del 13 de septiembre, y después de algunas escaramuzas, advirtiendo que no sería posible enfrentar a 2.500 indios de lanza en campo abierto, el teniente coronel y sus hombres se abroquelaron en un corral de palo a pique de la estancia mencionada, comenzando un combate desesperado.  Otamendi resolvió atacar, abriendo el fuego con un pequeño cañón y disparos de carabinas; a la ca­beza de sus soldados fue el primero en cargar contra el enemigo cayendo muerto en la puerta del corral.  Los indios echaron pie a tierra y llevaron un ataque formidable con sus lanzas y boleadoras en medio de una gritería infernal, que hizo espantar a la caballada encerrada, lo que motivó que los animales pisotearan a los defensores.

Los soldados, entorpecidos por su propia caballada, resistían el ataque de oleadas de indios, los cuales desmontaban y echaban por delante sus caballerías, para protegerse de las balas de los defensores.  Tras más de dos horas de lucha, los pocos soldados de Otamendi que aún se encontraban vivos, incluyendo los heridos, se reunieron en círculo alrededor de su jefe y del glorioso estandarte celeste y blanco, peleando cuerpo a cuerpo y cayendo uno a uno, sin dar ni pedir piedad.  Cuando el humo de la pólvora y el polvo de la caballada se disipó, sólo se sintió el grito victorioso de la indiada degollando a los enemigos heridos.

En el lugar, yacían los cuerpos de 124 soldados, así como los de más de 300 indios, amontonados en inmediaciones del corral.  Sólo quedaron vivos un corneta de alrededor de 15 años, herido levemente, a quien Yanquetruz llevó a Chile con él, pues le gustaba oír tocar ese instrumento, así como un soldado de apellido Roldán (gravemente herido, con 7 lanzazos en el cuerpo), quien fue encontrado por una patrulla de la división Azul y llevado a esa localidad, donde médicos militares le salvaron la vida.

Aún calientes los cuerpos del teniente coronel Otamendi y sus 124 soldados muertos en combate, el capitanejo Yanquetruz, ebrio de poder y ginebra, se pavoneaba de la victoria en las tolderías del cacique Calfucurá, arengando a la indiada manifestándole que las cautivas cristianas iban a ser entregadas a ese jefe indio, previo sometimiento de las mismas, y que él se iría a Valdivia por el Camino de los Chilenos, a fin de negociar la hacienda robada con comerciantes de ese país, que eran sus únicos amigos.


Fuente y agradecimiento:  fuente: www.revisionistas.com.ar

domingo, 28 de septiembre de 2025

Combate Laguna "La Perfidia" (1823)

 En expedicion resuelta contra los indios, el General Rodriguez establecio su puesto de Comandancia en la zona de Monte, donde se reunirian los integrantes de la columna, que se incorporarian a su campaña.

Fue secundado por su Ministro de Guerra, General Francisco Fernandez de la Cruz y el Inspector General del Ejercito General Jose Rondeau. Se reunieron 2537 hombres. Ademas contaron con la alianza de 800 indios que se desempeñarian como combatientes auxiliares contra los ranqueles. El dia 6 de marzo de 1823 se inicio el avance desde Monte. El 26 de marzo llegaron al arroyo Tandil, donde permanecieron cerca de un mes. Se delineo el Fuerte Independencia, hoy ciudad de Tandil.

El 26 de abril continuaron con la marcha con rumbo S.O. hacia donde incorporaron a los indios aucas. En el avance posterior tuvo lugar la traicion de estos indios. Cuando la columna alcanzo una laguna (denominada mas tarde por Rodriguez "La Perfidia), los aucas la atacaron el 8 de mayo, causando algunas bajas.


Muere el Sargento Juan Bulewski, el Capitan Juan Booth, el Capitan Ferrer, el Teniente Coronel Miller, Teniente Montes, dos cornetas, un lenguaraz y el porta estandarte Alvendin.

El General Rodriguez logro rechazar el ataque, pero ante la posibilidad de encontrar serias dificultades decidio suspender el avance y regreso a Monte, donde arribo el 5 de agosto.

La Laguna "La Perfidia" se encuentra en el norte del partido de Juarez, cerca del limite con Azul.


Fuente y agradecimiento: Direccion de Geodesia, Pcia. de Bs. As.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

Campaña de Rosas (expedicion naval)

 Mientras las columnas del ejercito de Rosas avanzaban por tierra, los abastecimientos fueron llevados a Bahia Blanca y Carmen de Patagones por via maritima, garantizando un rapido y seguro aprovisionamiento.

Llegada la expedicion al Rio Colorado, los marinos al mando del Sargento Mayor Guillermo Bathurst, ingles que habia actuado bajo las ordenes del Almirante Guillermo Brown en las acciones de la Guerra con el Brasil, comenzaron la exploracion del mismo.

La finalidad de esta expedicion era determinar las condiciones que ofrecia el Rio Colorado para su utilizacion como via navegable.

Bathurst remonto el rio con dos pequeñas embarcaciones y debido a la escasa profundidad del mismo, y a lo variable de su caudal, determino que solo una corta extension de su cauce inferior, resultaba apto para la navegacion.


La exploracion del Rio Negro, destinada a apoyar a la columna del General Angel Pacheco, estuvo a cargo del piloto italiano Nicolas Descalzi, con la goleta Encarnacion y la ballenera Manuelita. Zarparon de Carmen de Patagones el 10 de agosto de 1833, navegaron rio arriba hasta alcanzar la isla de Choele-Choel el 22 de octubre y el 27 del mismo mes se detuvieron frente al campamento del ejercito establecido en dicha isla. Coincidia su llegada con el arribo del General Pacheco, que volvia de su exitosa campaña al Pais de las Manzanas. El 30 de octubre Descalzi continuo la exploracion del Rio Negro, rio arriba con la ballenera Manuelita y una canoa, debiendo en cumplimiento de las ordenes de Rosas culminar la travesia el 2 de noviembre emprendiendo la navegacion rio abajo hacia Carmen de Patagones. El piloto italiano Nicolas Descalzi, llevo a cabo las observaciones astronomicas y meteorologicas planificadas en Buenos Aires y fundamentalmente para explorar el Rio Negro, realizo mil quinientas anotaciones de temperatura, estudio la direccion de los vientos y el estado de la atmosfera. Hizo determinaciones de latitud y longitud. Realizo un detenido estudio del rio mediante el relevamiento de sus costas, la descripcion de sus campos y colinas circundantes, las posibilidades de su navegacion, la marcacion de futuros desembarcaderos. Efectuo no menos de ochocientas mediciones de profundidad y trecientas setenta de velocidad de corriente fluvial. Levanto el plano del Rio Negro y de la isla de Choele-Choel.

domingo, 29 de junio de 2025

La batalla de Curamalal Chico (1877)

 Hacia el oeste del área de Ventania, entre 1876 y 1877 se construyó un sistema defensivo de fosas y terraplenes, la Zanja de Alsina, con el objetivo de evitar los malones y entorpecer el paso del ganado trasladado por los indígenas en su retorno de los mismos. En marzo de 1876, el coronel Maldonado atacó y venció en la horqueta del Sauce a 2000 indios, posteriormente se produjo otro enfrentamiento en el Paso de los Chilenos. En 1877, se desarrolló el combate de Curamalal Chico, en cuyas pendientes los indios de Namuncurá y Catriel esperaron el ataque del ejército asentado en el Fuerte y Comandancia de Puan, el saldo de esta batalla fue la derrota y huída de los indígenas según las fuentes oficiales. Monferrán Monferrán propone que en vez de denominarse la Batalla de Curamalal Chico, debería llamarse la Batalla de las Sierras de Pigüé. 

Este autor ofrece un compendio de lo que sucedió el 20 de abril de 1877. Los grupos indígenas capitaneados por Juan José Catriel estaban acampados en las sierras de Pigüé, preparando un ataque a los fortines de la Comandancia de Puan. Desde esta comandancia observan varios grupos de indígenas movilizándose y se organizan esperando un ataque. Cuando éste se produce, los soldados enfrentan y dispersan a los indígenas. Luego salen en persecución de la indiada hacia la sierra de Curumalal Chico. Al llegar allí, ambas tropas toman posición y se disponen para luchar. La pelea es encarnizada pero al final, pese a su superioridad numérica, los indígenas se retiran. El coronel Salvador Maldonado informa los resultados de la refriega: 45 muertos (del lado oficial hubo 4 muertos), más de 100 heridos, 100 caballos, 600 de arreo, 50 lanzas y algunos Remingtons, además del estandarte que pertenecía a Catriel.

Posteriormente se desarrolló la llamada “campaña al desierto” dirigida por el general J. A. Roca, que tuvo como consecuencia inmediata la ocupación sistemática y efectiva del territorio, con la fundación de los primeros poblados, acompañada de la llegada de inmigrantes europeos y la instalación del ferrocarril.


Monferrán Monferrán ubica el lugar de la batalla en la sierra de Curumalal Chico o Pigüé, a 19 km de la Comandancia de Puan, en un terreno limitado por las propiedades al norte de E. Garat, al sudoeste de M. Borel y al noreste de Justo Garat. El episodio subsiste en la memoria de los pobladores, en las fuentes oficiales de la época y en la bibliografía, pero ningún monumento se levantó en el lugar de los hechos. 


Fuente y agradecimiento: MARÍA C. PANIZZAI Y CAMILA OLIVA - MEMORIA, IDENTIDAD Y CONFLICTO: UN ANÁLISIS...(fragmento).